18 Personas que en la oscuridad de la noche vivieron algo aterrador

Historias
hace 1 año

En lo profundo de la noche, cuando la oscuridad se convierte en protagonista, la línea que separa lo real de lo desconocido se vuelve más fina. Un sonido, una sombra, el susurro del viento, cualquier pequeño detalle puede parecer terrorífico. Hoy te traemos una recopilación de escalofriantes experiencias nocturnas, muchas con finales totalmente inesperados, otras, sin explicación hasta el día de hoy, pero todas 100 % reales.

  • Solía quedarme a dormir en la casa de una amiga. Un día, a eso de las dos de la mañana, vimos pasar por la ventana a un niño como de 4 o 5 años en bicicleta. Pusimos cajas de zapatos en la puerta, por si se quería meter. Al día siguiente, nos encontramos a un niño que nos dijo que cerráramos las cortinas porque nos veían desde afuera en pijama, que él salía a pasear a esa hora porque no había carros. © Ariday Solher Clavellina / Facebook
  • Estaba sola con mis dos hijos pequeños, que ya estaban durmiendo. Mi marido había salido y me había dicho: “Cierra, yo llevo mi llave”. No habían pasado ni diez minutos desde que había apagado la televisión para dormir, cuando escuché que se abría la puerta de mi recámara. Pensé que era mi marido que ya había vuelto, pero nunca prendió la luz, ni dijo nada. Pasaron unos minutos y sentí que se sentaba en la cama. Creía que era mi pareja, así que ni abrí los ojos, estaba cobijada hasta la nariz. Pero enseguida sentí que se movía el colchón entero. Pensé que estaba bromeando conmigo, pero de repente se movió toda la cama. Seguí sin abrir los ojos, pero ya segura de que no era mi pareja. Me quedé inmóvil y en mi mente dije: “¡Deja de molestar!”; apenas terminé la frase, sentí un remolino que salía con fuerza de mi cama. Nunca supe qué fue exactamente lo que pasó esa noche. © Erika Ruiz / Facebook
  • Viajé a ver a mi prometido, que ahora es mi esposo, y me dejó su cuarto para dormir. De madrugada, empecé a escuchar pasos en la azotea, y de repente se oyó un grito horrible por la ventana que daba justo a la cabecera de la cama. Me quedé helada del miedo. Salí corriendo de la habitación a buscar ayuda y al final, resultó ser una pareja de gatos apareándose. © Sara Lescas / Facebook
  • Una prima mía se levantó de madrugada a preparar su lonchera. Al salir del cuarto empezó a gritar histérica. Su mamá fue para ver qué le pasaba, y llorando y muerta de miedo, le dijo que había visto a una mujer greñuda frente a ella. Se le había olvidado que había un espejo en la pared del pasillo, jajaja. Esto fue real, y hasta el día de hoy, a mi prima le siguen haciendo bromas al respecto. © Victoria Garcia / Facebook
  • En una ocasión, entre la una y las dos de la mañana, empecé a escuchar el sonido del agua. En aquel tiempo, se solían dejar las llaves abiertas para que cuando llegara el agua se llenara la tina o la pileta. Le pedí a alguien que me acompañara a cerrar la llave del agua porque estaba fuera, y casi al llegar, se dejó de oír. Estábamos regresando, pasó lo mismo y fuimos dos veces más. Ya en la última, llegamos hasta la llave y al tratar de cerrarla me di cuenta de que no estaba abierta y ni siquiera había agua. Regresamos a la casa y antes de entrar nos dio tanto miedo que hasta los cabellos de la nuca se nos pararon. © Baldomero Hernández / Facebook
  • Me pasó dos veces que la televisión que estaba en la sala se prendía sola de madrugada y me despertaba. Le pregunté a mi esposo por qué podía ser eso, y me dijo que era otra persona que tenía la misma televisión con el mismo control y se cruzaban las señales. Creo que solo lo dijo para que no tuviera miedo. © Alexandra Salguero / Facebook
  • Una noche, en una reunión con mis hijos y mis nietos, estábamos jugueteando en la cama cuando pasó la figura de un niño corriendo delante de un ropero que nos hacía de pared. Mi hijo mayor hizo una broma al respecto, pensamos que era uno de mis nietos y nos quedamos todos esperando a que saliera por el otro lado. Sin embargo, nunca salió. Al levantarnos a mirar, vimos que no había nadie. © Arelis Acevedo / Facebook
  • En la casa donde vivía junto con mi hermana, mi cuñado y mi sobrinito, yo tenía un cuarto separado. Para llegar subía unas escaleras por la parte de afuera, que era un patio. Una noche yo estaba durmiendo plácidamente y de repente brinqué del susto. Era mi sobrinito, que estaba durmiendo a mi lado y me dio una patada tan fuerte que me despertó. No me subió el azúcar de milagro. © Miguel Angel Hernandez / Facebook
  • Una noche, como a las dos de la mañana, yo seguía despierta esperando que mis hijos llegaran. Entonces empecé a escuchar tacones chiquitos, como campanitas. Pensé que era mi nieta, que tiene tacones chiquitos. O quizás mi hija se había enojado con el marido y había venido. Así que me asomé y para mi sorpresa, había como siete u ocho niños jugando al fútbol en el patio de mi casa. Todos eran chiquitos, como de dos años. Me dispuse a salir a ver, y al abrir la puerta todos corrieron a meterse en los cuartos. Solo uno se quedó afuera, y justo antes de que volteara para verme, me metí de nuevo adentro. Eran niños, con cuerpo como de adultos, pero pequeños, y llevaban ropa fosforescente, verde y anaranjada. Me asusté muchísimo. © Genoveva Santiago / Facebook
  • Cuando era pequeña, fui a pasar unas vacaciones de verano a la casa de mi tía. En una ocasión, por la noche, vi a un niño parado en la puerta, era cabezón y se la pasaba sonriendo, enseñando unos colmillos y me saludaba con la mano. Resultó que era que tenía mucha fiebre y estaba alucinando y viendo a mi primo todo deforme, jajaja. © Paloma González Canchola / Facebook
  • Me levanté de madrugada porque tenía que salir muy temprano y estaba oscuro aún. Yo estaba desayunando, cuando escuché cuatro golpes en el cristal de la ventana. Subí al segundo piso gritando del susto y mi mamita me acompañó abajo a ver qué era, para demostrarme que no había nada. Pues tenía razón, había sido el gato, que estaba en la ventana, y al rascarse con su pata golpeaba el cristal. © Adriana Canales / Facebook
  • Cuando era una pequeña de 5 años, dormía con mis papás porque tenía miedo. Una noche, algo me despertó de madrugada. Miré y vi a una mujer con un vestido blanco y un velo. No podía distinguirle la cara, estaba frente a mí, como a dos o tres pasos delante de la cama. Ahora tengo 30 años y aún tengo la duda de a quién vi esa noche. © Liz Guerrero / Facebook
  • Hace muchos años, me quedé a dormir en una quinta de un tío. Estaba solo, porque mis amigos se habían ido a parrandear y yo no quise ir. Había libros y me puse a leer, hasta que de pronto se fue la luz. Estaba muy oscuro y apenas se veían las luces de las casas distantes, ya que la casa estaba a las afueras del pueblo. Decidí irme a dormir, cuando empecé a oír golpes. Pensé que mis amigos me querían espantar, así que me armé de valor y abrí las cortinas. Cuál fue mi sorpresa al ver un par de ojos grandes y brillosos y un par de cuernos enormes. Era una dichosa vaca que se había escapado del rancho de al lado. No pude dormir en toda la noche. © Limón Chávez Victor / Facebook
  • Eran las tres de la mañana y yo estaba sola y embarazada. Mi esposo era taxista y llegaba de madrugada. A veces se olvidaba la llave y me tocaba la puerta de la ventana del cuarto para que le abriera. Acababa de quedarme dormida, cuando tocaron duro la ventana y me levanté para abrir, pero recordé que ese día mi esposo sí se había llevado su llave. El corazón se me iba a salir y lo llamé. Vino a casa acompañado por la policía, revisaron todo alrededor y no encontraron nada. © Yurvis Castillo Diquez / Facebook
Imagen de portada Arelis Acevedo / Facebook

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