13 Historias que demuestran que la vida con un gato es siempre una auténtica fiesta... para el gato

Historias
hace 4 años

Dicen que, si un gato negro se cruza en tu camino, los problemas te esperan a la vuelta de la esquina. Uno es libre de creer o no en estas afirmaciones y señales, pero una cosa está clara: en este artículo te demostramos que la vida con estos pequeños felinos nunca será aburrida, sin ningún género de dudas.

Genial.guru ha recopilado para ti varias historias que han sido compartidas por los usuarios en las redes sociales y te propone reírte conociendo las travesuras de estas mascotas peludas.

  • Cuando mi padre dejó de fumar, comenzó a subir de peso y varias veces al día se ponía de pie sobre la báscula. En tal tarea, se divertía también pesando a nuestro gordito gatito. Ahora, si sacas la báscula, nuestro gato va, como si fuera un condenado, a comprobar su peso.
  • Tengo dos hijos y un criadero de gatos. Recientemente, una de mis amigas peludas dio a luz a siete gatitos. Y cada vez que ella quería irse a hacer sus cosas, se me acercaba y maullaba: parecía que me estaba diciendo “encárgate tú, un ratito”. Pensaba que ella iba a comer o al baño, pero pronto descubrí por casualidad que esta mamá felina, simplemente, salta a la bañera vacía y duerme por unos 10 minutos. Ahora le ordeno que descanse, la entiendo mejor que nadie. Esto sí que es solidaridad femenina.
  • Empecé a llegar tarde al trabajo por culpa de mi gato. No, no ronronea por la mañana, dulcemente rugiendo cerca de mi oreja. Este maldito mullido aprendió a apagar mi despertador. Es muy sencillo: el teléfono está sobre una mesa, al lado de mi cama, ya que allí tengo un enchufe, y a menudo lo dejo con la pantalla hacia arriba. Este esponjoso jefe siempre duerme de forma estúpida cerca de él y tan pronto como la pantalla se ilumina, la golpea rápidamente con su pata y así dormimos los dos por más tiempo. Encontré una solución. Puse el teléfono con la pantalla hacia abajo. Ahora me despierta el sonido del teléfono al caerse al suelo y veo el rostro disgustado de mi gato...
  • Estoy gravemente enferma. Mi gato no me da ni un segundo de respiro, me sigue a todos lados. Hoy tenía que hacerme un examen para el que tenía que estar en ayunas. El gato no comió tampoco. Incluso cuando mi madre le puso sus croquetas favoritas en su plato, él me miró y decidió abstenerse. Esta es una prueba de amor verdadero. He criado a un gran hombre-gato.
  • Mi esposo se llama Marat, no tenemos hijos en común. Él tuvo que hacer un largo viaje de negocios y en ese momento traje conmigo a un gato adulto a casa. El gato es muy hablador, grita sobre todo por las noches y de una manera bastante peculiar: chilla algo así “¡Mauma!” o “¡Marrra!”, se oye claramente “mamá” y “Marat”. Básicamente, traje al gato a casa pero no le conté nada a mi esposo, quería que fuese una sorpresa. Mi marido regresó de ese viaje: cena romántica, ternura, pasión, no tuve tiempo de contarle mi secreto, además el gato se escondió en un lugar que hasta yo desconocía. La noche de amor estaba llegando a su fin, ya estábamos medio dormidos y de repente, detrás de la puerta del dormitorio, se oyó lo siguiente: “¡Mam! ¡Mam! ¡Mamá¡”. Mi esposo, aterrorizado, preguntó: “¿Quién es ese?”. Le dije: “Una noche, tu amada dio a luz, o bien una hija, quién sabe si un hijo... No te preocupes, le enseñaba tu foto contándole que su padre era un héroe”. En ese justo momento, detrás de la puerta, se oyó un insistente y exigente: “¡MARRRAT! ¡MARRAT!”. Es imposible describir cómo se veían los ojos de mi esposo... No me reía así en años.
  • Hoy, mi padre tenía una entrevista por Skype, por lo que estaba sentado en el salón, luciendo muy profesional con su traje, corbata y todas sus cosas mientras hablaba con los responsables de entrevistarlo. Y, POR SUPUESTO, mi gata Victoria decidió que NECESITABA hablar en ese momento, por lo que comenzó a maullar y ronronear hacia el laptop, todo ello sin interrupciones. Los entrevistadores comenzaron a reírse, porque ella no se calmaba. Mi padre simplemente suspiró, miró a cámara y dijo: “Lo siento. Debo pedirle a mi gato que se vaya”. Después miró a Victoria y le dijo con mucha calma: “Victoria, me temo que eres demasiado ruidosa, tendré que pedirte que te vayas”. Y ella se fue. ¡Increíble! Se dio media vuelta y salió del salón.
  • Mi gata se estaba muriendo. Le dije a mi esposo: “Para que no sea tan difícil, vamos a adoptar a otro gato del refugio” y lo hicimos. Ese mismo día, la vieja gata cambió de idea y en vez de morir fue a investigar quién estaba comiendo de su plato. Fue una gran pelea. Y estas disputas de dos bellezas felinas duraron más de 7 años, hasta que la vieja gata murió a la edad de 17,5 años.
  • Soy un veterinario, trabajando en una clínica privada, principalmente en turnos de noche. Una vez, sobre las tres de la madrugada, vino una mujer joven con una caja de la que salía un estrepitoso grito. Con lágrimas en los ojos, pidió ayudar a su gato moribundo y dijo que ahora no tenía dinero, ¡pero seguramente lo pagaría más tarde! Al echar un vistazo al “mártir”, le pedí tranquilizarse y la acompañé hasta el despacho. Al pasar 20 minutos, este “gato” de raza británica estaba acompañado de dos nuevos maravillosos gatitos.
  • En mi familia tenemos la costumbre de que, cuando alguien se va a otro lugar, debe dar un beso de despedida a todos los que están en casa, aunque salgan solo por cinco minutos para ir al supermercado. Todo el mundo se ha acostumbrado tanto a esto que incluso nuestro gatito de 3 meses ha asimilado tal tradición. Él corre hacia la puerta de entrada y honestamente espera su “besito”. Si no lo haces, se queda allí hasta las últimas consecuencias y comienza a maullar.
  • Vivo con mi abuela. Tenemos una mascota que nos enamora: el gato Fila. Una vez, mi abuela compró pescado y lo puso en un plato para descongelar. El gato, por supuesto, lo “capturó”. La abuela lo siguió con un trapo. El gato saltó desde el balcón del tercer piso. Mi abuela, creyendo que había muerto, lloró: “Mi pobre Fila, te habría comprado pescado todos los días”. Fue a recoger el cadáver, pero, en su lugar, se topó con un gato vivo y sano en la entrada. Ella lo besó y compartió con él su pescado. Desde entonces, esta escoria bigotuda se roba la comida, salta, la abuela llora y lo perdona. ¡Cinco veces! ¡Y ella todavía le cree!
  • Vivo solo, pero con un gato. En los últimos 2 meses, las facturas de agua se habían disparado, aunque yo gastaba la misma cantidad. Noté que no habían subido los precios, sino que el contador marcaba mucho más si lo comparaba con los recibos ya antiguos. Llamé al fontanero y este lo confirmó: no había ningún error, realmente empezó a gastarse el triple de agua y ningún vecino se había conectado a mi red de abastecimiento. En mis intentos por desentrañar este problema, coloqué cámaras de video por la casa, dado que todos los que tenían las llaves de mi departamento, me juraron que no eran ellos... Resultó que mi esponjoso gato había aprendido a abrir (subiendo) el grifo y se quedaba meditando, viendo caer el agua corriente ¡seis horas al día! Y puesto que el grifo tiene que levantarse hasta hacer un click y si no, luego, se cierra solo, no pude pillarlo durante todo este tiempo. Así que compré una fuente decorativa para la casa y ahora se divierte “a bajo costo”.
  • Teníamos un gato. Era muy quisquilloso con la comida: era de servirle a la mesa una baguete francesa recién horneada, añadida a sardinas frescas cocidas. Al superar sus propios límites de caradura, el gato empezó a comer solo si se le daba con una cuchara. Un día, mis padres se fueron de vacaciones. Yo, como una joven completamente incapaz de cocinar, no me preocupé en absoluto por la comida. Mis padres regresaron al pasar dos semanas. Al abrir la puerta y ver a nuestro gato comer los restos de pepino desde el suelo en el pasillo, se dieron cuenta de que la era de la aristocracia había llegado a su fin.
  • Mi gata odia la palabra “hipoteca”. No sé qué pasa por su cabeza esponjosa cuando la oye, pero la gata se pone como una fiera al instante: empieza a morder, producir sonidos extraños, silba, se le pone el pelo de punta. Incluso si pronunciaste esta palabra desde la otra esquina de la habitación, y susurrando, justo cuando ella está durmiendo, la gatita comienza a rugir de forma tonta mientras sueña y muerde la almohada. Por lo visto, sospechamos que en una de sus vidas anteriores tuvo serios problemas con este asunto.

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