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8 Excusas habituales a las que recurren niños y adultos

Tanto los adultos como los niños a veces tienen ganas de verse mejor en los ojos de los demás, o bien intentan quitarse la responsabilidad y pasársela a otras personas. Con frecuencia, utilizan excusas banales y absurdas en las que apenas creen aquellos que los rodean.

Genial.guru decidió mostrarte qué excusas usamos en situaciones similares, tanto los adolescentes como personas de edad adulta.

8. Cuando no entendemos algo

Cuando no entendemos algo, una buena excusa es recurrir a la edad. Funciona durante toda la vida: cuando somos jóvenes, siempre podemos decir que todavía hemos tenido tiempo de aprenderlo. Con los años, nuestra excusa se transforma alegando que ya no tenemos edad para seguir de cerca todos los avances y entenderlos.

7. Cuando no queremos ir a un sitio

¿Cuántas veces en la adolescencia nos quejamos de que los padres no nos dejaban ir a algún lugar? Pero a veces esta historia, tan antigua como el mundo, nos hacía un gran favor, cuando se nos proponía ir a un lugar al que no queríamos ir. Con el paso de los años encontramos nuevas pero no menos banales razones: tenemos mucho trabajo o demasiados quehaceres pendientes en el hogar.

6. Cuando nos pillaron con algo "prohibido"

Una situación más clásica que la de un adolescente diciendo que los cigarrillos en su mochila son de su amigo es difícil de imaginar. Algunos hasta conseguían hacer esta historia parecer tan verosímil que los padres la creían como un dogma de fe.

Resulta curioso que, ya de adultos, nos comportamos también casi del mismo modo. Teniendo miedo a reconocer que nos habíamos comprado algo "prohibido" (un pastel durante una dieta o un vestido caro), sonreímos y aseguramos que es un regalo para otra persona o de alguien para nosotros mismos.

5. Cuando algo nos sale mal

Reconocer un fracaso personal es lo más difícil, por lo que tratamos de vernos mejor tratando de desacreditar a los demás. Recuerda que cuando nuestros padres nos regañaban por malas calificaciones, asegurábamos que los demás lo habían hecho aún peor.

Ya de adultos no tenemos calificaciones ni clases, pero hay otras maneras similares de excusarse: fácilmente podemos decir que un trabajo sin éxito era competencia de otro departamento, al objeto de eludir cualquier tipo de responsabilidad.

4. Cuando tenemos problemas en la escuela o en el trabajo

Al igual que en el párrafo anterior, siempre estamos buscando culpables entre los demás. De adolescentes, argumentábamos que no era cuestión de nosotros, sino de los maestros que tenían algo en contra de nosotros.

Al crecer, encontramos otra manera de justificarlo: es imposible trabajar con normalidad por culpa de los compañeros, aunque se haga un duro esfuerzo. Pero en ambos casos, más a menudo, el origen de la causa está en nosotros mismos.

3. Cuando nos preguntan por la edad

La edad no es solo una gran excusa, sino la razón por la que aparecen nuevas mentiras inofensivas. En la adolescencia, nos gustaría crecer más rápido porque muchas cosas solo están disponibles tras cumplir la mayoría de edad. Por lo tanto, con plena confianza, afirmamos que ya tenemos 18 y el documento de identidad lo hemos olvidado en casa.

Pero con los años, cada vez tenemos menos y menos ganas de revelar nuestra edad verdadera, por lo que coquetamente llamamos a nuestros 30 "unpoco más de 25".

2. Cuando llegamos tarde a un lugar

Al entrar a clase corriendo después de sonar la campana, siempre decíamos al maestro que no nos había sonado el despertador, no nos había despertado nuestra madre, o le contábamos otras historias entretenidas en vez de reconocer con honestidad que nos habíamos quedado dormidos.

Al llegar a adultos, a menudo, responsabilizamos de nuestro retraso al tráfico. Esto es cómodo sin importar el medio de transporte utilizado, aunque la razón más probable no esté en la carretera.

1. Cuando nos compramos dispositivos caros

Persuadiendo a los padres para que nos compren algún aparato caro, siempre hemos recurrido al argumento indispensable de que "lo necesito para estudiar", aunque nos imaginábamos cómo jugaríamos, veríamos películas o escucharíamos música.

Comprando este tipo de aparatos, ya adultos, sabiendo que no deberíamos gastar tanto dinero, nos aseguramos a nosotros mismos y a los que nos rodean que "es indispensable por el cargo que ocupo", "lo necesito para trabajar" y "me lo puedo permitir".

Ilustradora Anna Syrovatkina para Genial.guru