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9 Historias que demuestran que hacer el bien es bastante fácil

En Genial.guru creemos que las buenas acciones no requieren de un gran esfuerzo y coste. Hacer el bien es mucho más fácil de lo que parece. Estas 11 historias "escuchadas a hurtadillas" son la mejor prueba de ello. ¡Precaución! Después de leer esto puede despertarse en ti un abrumador deseo de hacer algo bueno.

  • Mi amiga fue con su hijo a ver una película. De camino, el pequeño tomó todos los panfletos de publicidad que repartían unas chicas en la zona. Él fue solo a ellas como si fuera de vital importancia. Mi amiga le preguntó: "Hijo, ¿para qué necesitas esas hojas? ¿Qué vas a hacer con ellas luego?". A lo que el niño respondió: "No voy a hacer nada, mamá. Es que estas chicas siempre tienen la cara tan triste... nadie les acepta estas hojas. Así, las hago UN POCO MÁS FELICES".
  • Tenía 18 años de edad. Era invierno. De noche. La calle estaba oscura. Tenía prisa para volver a casa, así que me acerqué a un taxi estacionado. Cuando subí al asiento delantero, detrás también entraron otros dos chicos jóvenes. Me preguntaron a dónde iba, les contesté y ellos dijeron que era el mismo destino. Tenía poco dinero y me alegré de la suerte de compartir el coste del viaje. Cuando llegamos, quería bajar, los chicos también. De repente, el conductor del taxi me agarró de la mano. Los chicos bajaron y el auto salió corriendo. Me asusté. Pero dimos un rodeo y volvimos. Los chicos ya no estaban, al conductor no le habían gustado sus caras.
  • Cada día por la mañana voy al trabajo y siempre compró un café para llevar en una cafetería cercana. Recientemente, elegí una ruta nueva y empecé a encontrarme con un anciano con medallas y condecoraciones de guerra tocando el acordeón y cantando canciones de batallas. Ahora ya no bebo café por las mañanas. En vez de eso, le doy el dinero a él, y él, a cambio, siempre me da una golosina que guarda en su bolsa de caramelos. Hace poco, cuando me acerqué, él dejó de tocar, puso un bombón en mi mano y me dijo: "Este bombón es mágico. Piensa bien en el deseo que vas a pedir".
    Pedí mi deseo. Ahora estoy esperando. Sé que va a cumplirse.

  • Iba en un taxi a altas horas de la noche. De repente, en plena carretera, el conductor se detuvo y se bajó del auto. Me asusté un poco, cuando de repente vi dos erizos delante del coche. ¡El taxista se bajó para llevarlos fuera de la carretera! Se me derritió el corazón.

  • Me encanta cuando la gente hace su trabajo con placer, no importa cuál sea. A veces, cuando hace frío y resulta desagradable estar en el exterior, te acercas a un quiosco donde vendan café. La trabajadora, allí, te sonríe sinceramente, espolvorea tu café con un montón de chocolate rallado, y te dice: "Ten cuidado, está caliente! ¡Ten un buen día!". O cuando compras agua en una gasolinera y el cajero le grita al operador: "¡Ven aquí! Ayuda a esta chica a llevar estas pesadas botellas para el auto", Y este último sonríe mientras te ayuda y te desea llegar bien a tu destino. Son cosas que te cautivan el corazón.

  • Entré en una tienda para comprar un poco de pan. Mientras estaba en la fila, entró un joven con la nariz rota y sangrando, pidiendo ayuda. Resulta que varias personas lo habían atacado, se llevaron su teléfono celular y comenzaron a golpearlo. Así que se escondió en la tienda.
    Me sorprendió gratamente la reacción de los trabajadores: todos los hombres dejaron de inmediato la zona del almacén y su trabajo en la tienda, se reunieron a la entrada, y los agentes de seguridad se pusieron en la puerta. Las mujeres llamaron a la policía y ayudaron al joven a lavarse la cara. Le dieron agua y un teléfono celular para llamar a sus padres. Varios clientes se ofrecieron como testigos.
  • Hace unos días iba en un autobús. Entró un joven de unos 20-25 años. Se sentó y comenzó a desenredar sus auriculares con el brazo enyesado. Intentó hacerlo de una parada a otra sin conseguirlo. Cuando quedaban 2 minutos para llegar a mi destino, el autobús se detuvo en un semáforo en rojo, me acerqué a él y los desenredé. Mientras estaba desenredándolos, el joven me sonreía. Cuando bajé del autobús, mis rodillas temblaban. Fue la primera vez que me atreví a ayudar a alguien.

  • Un día iba en un autobús y vi a una anciana que no se encontraba bien, casi deslizándose y a punto de caer por el asiento. Los pasajeros le empezaron a preguntar qué pasaba, pero ni siquiera podía mediar palabra. Así que todas las personas se bajaron del autobús, y el conductor y yo, inmediatamente, decidimos llevar a la anciana al hospital. Empecé a tratar de averiguar los números de teléfono de sus familiares, y ella dijo que sólo tenía a su marido en casa, que recientemente había tenido un accidente cerebrovascular. Mientras íbamos, la sostenía para que no se cayera y la pobre se agarraba a la bolsa con todas sus fuerzas. Cuando llegamos al hospital, los médicos nos dijeron que era un accidente cerebrovascular. Por lo que el conductor y yo le habíamos salvado la vida.

  • Un día salvé dos vidas. Iba a estudiar, mirando a través de la ventana del autobús. En la calle hacía un grado sobre cero y de noche nueve bajo cero. En medio de un lago congelado, se preparaban para pescar dos hombres. Yo, conociendo el cambio de temperatura, me imaginé cómo podría derretirse todo. Llamé a un amigo que trabajaba en un servicio de rescate y le pedí enviar una unidad a la ubicación indicada. A la mañana siguiente, vi a una niña de 14 años de edad y su madre en mi puerta, me agradecían por haber salvado las vidas de su hermano y su padre. Resultó que el equipo de rescate llegó justo cuando los pescadores comenzaban a caerse bajo el hielo.

Basado en material de Overhead