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Cómo fue y por qué fracasó el experimento durante el cual 8 personas vivieron 2 años en completo aislamiento

En las obras de los escritores de ciencia ficción, a menudo se puede encontrar una historia sobre un grupo de personas que viven en un espacio separado del resto del mundo produciendo con sus propias manos todo lo necesario para llevar una vida plena. Un experimento similar, cuyo propósito era comprender si las personas serían capaces de crear “biosferas” en otros planetas y vivir en ellas, se llevó a cabo en condiciones reales: en 1991, un equipo de varias personas fue alojado bajo una cúpula aislada. Sin embargo, la realidad resultó ser mucho más impredecible que la ficción.

Genial.guru se interesó en esta experiencia inusual “extraterrestre” y se enteró de lo que sucedía detrás de las puertas cerradas de la cúpula.

En 1987, fue iniciada una gran obra de construcción en medio del desierto de Sonora en el estado estadounidense de Arizona. Cuatro años después, cuando la obra se completó, en un área de más de 3 hectáreas, fueron erguidas las estructuras de vidrio y metal, similares a las que vimos en las películas sobre el futuro. Fueron diseñadas de tal manera que el aire no penetrara ni desde el interior ni desde el exterior; esto hizo posible simular con mayor precisión las condiciones extraterrestres con una atmósfera inadecuada para los humanos.

Tanto los edificios como el proyecto para el que fueron destinados se llamaron “Biosfera 2”. Se suponía que estos edificios futuristas serían el segundo sistema completamente autorregulado después de la Tierra (es decir, nuestro planeta era considerado Biosfera 1). La hermeticidad de la estructura era tan impresionante que sus costuras dejaban pasar menos aire que la Estación Espacial Internacional.

Uno de los “pulmones” de Biosfera 2.

Las redes de ingeniería y comunicaciones se encontraban bajo tierra. Se colocaron tuberías de calefacción y de agua potable, además se construyeron “pulmones” gigantes para compensar la expansión y contracción del aire que se calienta durante el día y se enfría por la noche. Asimismo, para evitar cualquier infiltración desde el exterior (a excepción de la luz solar), todos los edificios se aislaron de la superficie de la tierra con láminas de metal grueso soldadas, cuyo peso total era de aproximadamente 50 toneladas.

El bioma “océano” en actualidad.

En el interior, el edificio estaba dividido en 7 áreas que se llamaban biomas. En cada uno de ellos, se reprodujeron varias condiciones existentes en la Tierra: bosque tropical, desierto costero, manglar, océano con arrecife de coral y sabana. Había 2 biomas antropogénicos, uno de los cuales incluía locales residenciales e instalaciones de apoyo, y el segundo era tierra agrícola, donde se cultivaban alimentos.

El 26 de septiembre de 1991, detrás del grupo de 4 hombres y 4 mujeres, incluidos un agrónomo, un oceanólogo y un ecólogo, se cerraron las puertas herméticas de Biosfera 2. Junto con ellos, debajo de la cúpula había unas 3 000 especies de plantas y animales, incluidos árboles e insectos. Los biosferianos — es el nombre que obtuvieron los miembros del equipo — tuvieron que proveerse de comida, para lo cual en los “campos” de la biosfera fueron sembrados, entre otras cosas, batata, remolacha, cacahuate, trigo y papaya. No se utilizaron fertilizantes químicos para mejorar el rendimiento de los cultivos, ya que podrían afectar negativamente la salud de las personas que viven en aislamiento.

El plan nutricional, en el que la proporción de alimentos vegetales representaba hasta el 83%, se basaba en la dieta elaborada por uno de los participantes de la misión, el médico Roy Walford, y formaba parte de su investigación cuyo propósito era aumentar la esperanza de vida humana. Curiosamente, la dieta, que consistía casi exclusivamente en vegetales, en particular una gran cantidad de batata, influyó de la manera más inesperada en los participantes del experimento, por ejemplo: la piel de Jane Poynter se volvió de color naranja.

El equipo solía comer la carne de las gallinas que se criaban en el bioma “agrícola” y los peces que habitaban en el “océano”, aproximadamente una vez por semana. La misma Jane Poynter recordó que los miembros de la “tripulación” incluso lamían los platos para no perder un grano de nutrientes.

Cocina de Biosfera 2.

A pesar de que, durante el primer año de la misión, los biosferianos se quejaban de hambre y perdieron aproximadamente 1/6 de su peso corporal (uno de ellos, Taber MacCallum, perdió unos 27 kg), después del final del experimento, resultó que los signos vitales de los participantes mejoraron. Durante el segundo año de permanencia debajo de la cúpula, su peso corporal se había estabilizado, incluso a pesar de que el problema con la sensación persistente de hambre nunca fue resuelta. Además, las pruebas médicas tomadas más allá del perímetro de Biosfera 2 mostraron que todos los miembros del equipo mejoraron el metabolismo.

Curiosamente, 2 años de una dieta casi vegetariana transformó la digestión de los miembros de la misión. Debido a la cantidad insignificante de carne en la dieta, las enzimas responsables de su digestión desaparecieron.

Bioma “desierto” en la actualidad.

Sin embargo, el aislamiento afectó a los animales y las plantas. La mayoría de los vertebrados trasladados debajo de la cúpula murieron al final del primer año del experimento. Y, por el contrario, algunas especies se sintieron bastante a gusto: por ejemplo, las cucarachas, por ejemplo, se propagaron de manera bastante activa e incluso desempeñaron el papel de polinizadores de plantas (en ese momento, los insectos polinizadores llevados “a bordo” al comienzo de la misión habían fallecido), lo que no suele suceder en la naturaleza. Además, se propagaron las plagas que representaban una amenaza constante a los cultivos.

Curiosamente, el clima del bioma “desierto” en poco tiempo comenzó a parecerse al clima de la sabana, ya que la humedad evaporada se condensaba bajo el revestimiento de vidrio y regresaba al suelo en forma de lluvia.

Bioma “selva tropical” en actualidad.

Las plantas más resistentes del bioma tropical se sentían bastante bien en un espacio confinado. Pero los árboles que crecen en la “selva tropical” y en la “sabana” tuvieron muchas más dificultades. En condiciones naturales, debido a la resistencia al viento, la madera se fortalece, pero en su ausencia, se debilita y los troncos comienzan a romperse por su propio peso. Además, los árboles sufrieron la falta de luz solar, por lo que sus hojas se volvieron amarillas y se cayeron.

Vista de la cocina desde el comedor.

El mayor problema para los biosferianos (aparte de la sensación constante de hambre debido a la falta de calorías de los alimentos vegetales) era la falta de oxígeno. Durante los 16 meses transcurridos desde el inicio del experimento, el nivel de este gas necesario para las personas disminuyó del 20,9 % al 14,5 %, alcanzando la misma concentración que estando a 4 km sobre el nivel del mar. Este hecho afectó negativamente la salud de algunos miembros de la misión: aumentó la fatiga e incluso fueron registrados algunos casos de paro respiratorio en el sueño. El Dr. Walford, que tenía casi 70 años en ese momento, sufrió un deterioro en sus habilidades mentales. Por lo tanto, los gerentes de proyecto “externos” decidieron “inyectar” secretamente oxígeno en el interior de la estructura.

La razón de la disminución en la cantidad de oxígeno se encontró después de la finalización de la misión. Resultó que los culpables eran los microbios que se multiplicaban en el suelo. Convirtieron el oxígeno en dióxido de carbono, que, a su vez, también desapareció en alguna parte. El oxígeno y el dióxido de carbono reaccionaron con el concreto, formando carbonato de calcio, lo que causó la desaparición “misteriosa”.

Estructuras de hormigón en el sótano.

Los biosferianos Taber MacCallum y Jane Poynter, que eran novios antes del inicio del experimento, y se casaron unos meses después de abandonar Biosfera 2, recuerden que una vez sintieron una significativa disminución en la cantidad de oxígeno. Esto sucedió en 1992 durante un eclipse total, que duró aproximadamente media hora.

Este fenómeno natural no afectó de ninguna manera a otros terrícolas, pero los miembros de la misión sintieron sus efectos por completo: dado que la atmósfera debajo de la cúpula era 19 mil millones de veces más pequeña que la de la Tierra y las plantas en ausencia de la luz solar dejaron de sintetizar oxígeno, el nivel de dióxido de carbono en el espacio confinado aumentó bruscamente.

Local residencial en Biosfera 2.

Las relaciones dentro del equipo pequeño tampoco eran perfectas. Jane Poynter declaró que, para el final del primer año, los biosferianos se dividieron en 2 grupos: algunos creían que era necesario trasladar parte del trabajo a científicos del exterior rompiendo el aislamiento total, mientras que otros abogaron por la pureza del experimento.

Sin embargo, todos los residentes de la “cúpula” acordaron que el daño causado a Biosfera 2 podría afectar negativamente no solo a la misión en general, sino también a cada uno de ellos. Por lo tanto, a pesar de los desacuerdos y la aversión manifiesta entre ellos, intentaron trabajar de manera armoniosa y eficiente para mantener su propia salud y el mundo a su alrededor que se convirtió en su hogar por 2 años.

Los participantes del experimento abandonan Biosfera 2.

Más tarde, Roy Walford admitió que le caían mal algunos de los miembros de la “expedición”, sin embargo, tanto él como sus colegas superaron su desagrado y cumplieron exitosamente con la tarea prevista completando la misión a tiempo. Uno de los psicólogos que trabajó con los participantes en el experimento después de su finalización dijo: “Si me perdiera en la selva del Amazonas y buscara a alguien que me ayudara a sobrevivir y salir de allí, entonces ellos (los biosferianos) serían una opción ideal”.

Sin embargo, muchos años después del final del experimento, los antiguos “compañeros de cúpula” casi no se comunican y apenas se extrañan.

Taber MacCallum y Jane Poynter en 2016.

El 26 de septiembre de 1993, la puerta hermética del terrario se abrió y los biosferianos salieron del encierro voluntario. En ese momento, se había formado una opinión negativa en la sociedad sobre todo lo que estaba sucediendo debajo de la cúpula: la gente creía que este experimento no tenía nada que ver con la ciencia, y el hecho de la “inyección” de oxígeno no le agregaba puntos. La misión se consideró oficialmente fracasada debido a problemas de oxígeno, proliferación de plagas y, finalmente, la tensa situación en el equipo.

Después de completar la misión, Jane Poynter declaró: “El día que dejamos Biosfera 2, tuvimos una gran fiesta con amigos a los que no habíamos visto en 2 años. A la mañana siguiente había un montón de basura, en el interior de Biosfera 2 no la teníamos en absoluto ya que se reciclaba. Vas a la tienda, miras la variedad de productos y entiendes que damos todo esto por sentado. Y es realmente aleccionador”.

Actualmente, la estructura es propiedad de la Universidad de Arizona, aquí es donde se llevan a cabo diversos estudios relacionados con la biología y la ecología. Además, hay muchos turistas debajo de las cúpulas de cristal, y entre otras cosas se les muestra una inscripción hecha por uno de los biosferianos: “Solo aquí sentimos cuán dependientes somos de la naturaleza circundante. Si no hay árboles, no tendremos nada que respirar; si el agua está contaminada, no tendremos nada que beber”.

¿Te gustaría participar en tal experimento? Y si tuvieras la oportunidad de volar a Marte como colono sin la posibilidad de regresar a la Tierra, ¿la aprovecharías?

Imagen de portada TIM ROBERTS / gettyimages