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El museo en donde sanan las heridas de amor

El museo en donde sanan las heridas de amor

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En Zagreb, Croacia se encuentra este raro y único museo, el de las relaciones rotas. Muchos buscan visitar grandes museos famosos donde se exhiben renombradas obras de arte de los más célebres pintores de todos los tiempos, sin embargo, para algunos curiosos este tipo de pequeños museos resultan más llamativos.

Genial.guru te invita a conocer la historia de este museo en partícular que inició casi por accidente. Olinka Vistica y Drazen Grubisic (una pareja vigente) decidió pedir a sus amigos y familiares cercanos que les donaran algún objeto significativo que representara una relación pasada, rota o fracasada. En poco tiempo tenían una verdadera colección de muestras de amores que murieron y fue entonces cuando decidieron exhibirla en su ciudad natal. La muestra de objetos creció tanto que algún tiempo después se convirtió en museo. 
 

Para Olinka y Drazen uno de los aspectos fundamentales de su museo es la posibilidad que ofrece a quienes hacen donación de elaborar el duelo de su pérdida a través de la exhibición y el proceso de desapego.

Cada objeto de este lugar tiene un relato de amor y desamor; es parte de la historia que alguien creó afectuosamente con otro. Esta hacha, por ejemplo, fue usada para destruir los muebles de un examante y enseguida donada al museo. 

Y este caballo de cristal fue el regalo que un esposo le compró a su mujer en Venecia. Ella lo donó al museo en lugar de destruirlo o tirarlo a la basura. No podía soportar verlo, porque le recordaba la calidez de un amor que ya no existía y le hacía añorar el viaje más feliz de su vida. 

Recorrer estas salas conmueve, pero también invita a reflexionar sobre el apego y el significado con el que cargamos ciertos objetos. Nos apegamos a ellos como si fuesen tesoros o les permitimos causarnos fuertes emociones como alegría, dolor y melancolía. Este vestido de novia fue donado por una mujer que lo usó en su grandiosa boda, con más de 800 invitados, y que le recordaba una promesa de amor que ya no tenía vigencia luego del divorcio. 

Cada objeto guardado es una elección de apego, una manera de definir nuestra identidad a partir del universo físico que nos rodea.

Alguien más entregó estas exóticas esposas que le recordaban su vida erótica con su expareja. 

Y este oso de peluche llegó a habitar la galería permanente del museo después de vivir durante años en una bolsa plástica sobre un armario, lugar a donde su propietaria lo confinó luego de descubrir que su novio le era infiel.

Este enano decorativo pasó de vivir en el jardín delantero de una casa de pareja a los pasillos del museo, luego de ser arrojado y destruído durante la última pelea que tuvieron los esposos que lo poseían, justo antes de su divorcio. El enano fue el único testigo del día en que todo llegó a su fin entre dos personas que alguna vez se amaron. 

Esta prenda fue donada por una mujer que estaba cansada de abrir su armario y encontrar la ropa interior que su ex novio había dejado en su casa mucho tiempo antes. Cuando decidió que estarían mejor exhibidos en el museo, los entregó con una nota irónica que decía:"simplemente demasiado pequeños". 

Esta carta de amor es uno de los objetos más curiosos del museo. Fue un tesoro de amor durante muchos años, al punto que su dueño la inmortalizó pegándola en un cristal para verla cada día. Cuando su amor lo abandonó, rompió el cristal y donó la prueba del desamor al museo. 

Este partícular álbum de fotos fue creado por el amor de la vida de una mujer poco tiempo después de que se casaran. En su interior están todos los recuerdos de la boda y su cubierta está hecha de fósforos. Cuando él la dejó por otra mujer ella sintió que su vida se derrumbaba... pero con el paso de los años lo superó, donó el álbum al museo y el día en que cumplían 25 años de divorcio, ordenó una pastel con un gran número 25 y le envió como regalo la mitad a su ex esposo. 

Este recipiente, además de ser un hermoso utensilio de cocina de antaño, es testigo del dolor del abandono. Su dueña lo donó después de que su amor la abandonara sin dar explicaciones. En él aprendió a amasar y hornear el pan que a su media naranja tanto le gustaba. 

Este teléfono celular pertenecía al ex novio de una mujer. Luego de que rompieran, ella lo llamó con insistencia durante 300 días. Él, cansado de evadir sus llamadas, un día fue a su casa y le entregó su propio teléfono para que ella no tuviera forma de volver a llamarlo. Durante mucho tiempo ella vio este objeto en su casa y recordó su dolor, hasta que cansada y decidida a pasar la página, lo donó al museo de las relaciones rotas. 

La lista es infinita... hay cosas quebradas, a medio quemar o en perfecto estado de tanto cariño que les han guardado. Si algún día pasas por Zagreb no te olvides de recorrer esta exhibición de pequeñas ruinas del amor; este cementerio de barcos hundidos en donde cada uno de estos objetos comienza una nueva vida a la vista de cientos de espectadores que escudriñan en su pasado para reconstruir una historia.

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