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5 Secretos de crianza que hacen que los niños japoneses sean el sueño de cualquier padre

Los niños japoneses provocan admiración: por lo general, son muy bien educados, amables, amistosos y pocas veces pierden el control sobre sus sentimientos. Es muy poco probable que veas en Japón a un niño que haga rabietas en una tienda por un juguete (aunque claro que hay excepciones).

En Genial.guru creemos que podemos aprender algo de los japoneses y juntamos para ti los principios básicos de su crianza.

1. La madre y el hijo son muy cercanos

En Japón la madre y el hijo son muy cercanos. Esto se refleja también en la vida cotidiana: la madre y el hijo duermen juntos, ella lo carga mucho: en la antigüedad usaban una especie de cangurera (onbuhimo), y hoy usan sus análogos modernos. Las menciones sobre estos detalles se encuentran mucho en la literatura japonesa.

La conexión "madre - hijo" se expresa también en el nivel emocional: la mamá acepta todo lo que él hace con amor, paciencia y cariño. Para ella, el niño es perfecto.

Un especialista en el oriente G. Vodostokov escribió al principio del siglo pasado: "Nada de regaños, nada de rigurosidad; la presión sobre los niños se ejerce de forma tan suave que parece que se crían por su cuenta y que Japón es un paraíso infantil, donde ni siquiera existen frutos prohibidos".

El principio "ikuji" (cuando el niño es "primero dios y luego criado") dice que a un niño menor de 5 años se le permite todo. No es para malcriarlos, sino para crear en el niño la noción de "Soy bueno y soy querido".

Grabados de artistas japoneses de finales de los siglos XVII - XIX. Derecha: Madre e hijo, atado a su espalda, admirando los peces dorados.

Esta actitud ayuda a formar "amae". No existen análogos de esta palabra en otros idiomas, se puede traducir como "dependencia del amor de tus seres queridos" o, en otras palabras, apego. "Amae" es la base de la relación entre los niños y los padres. Esto significa que los niños pueden contar plenamente con sus padres y su amor, y los ancianos, recibir lo mismo de sus hijos adultos. Las madres, rodeando a los niños con amor y aceptando sus errores con una condescendencia gentil, forman ese "amae", una conexión de corazón a corazón.

Una investigación seria de científicos japoneses y estadounidenses comprueba que existe una conexión directa entre este estilo de crianza y la conducta de los niños. Los investigadores dicen que la actitud positiva de los padres no solo reduce la cantidad de pataletas y peleas, sino también la frecuencia del trastorno por déficit de atención y la gravedad de los trastornos autistas. Mientras un estilo de crianza estricto y duro, al contrario, aumenta el riesgo de problemas.

2. El sistema “ikuji”: dios, criado e igual

En Japón existe un sistema de crianza llamado "ikuji", según el cual un niño hasta los 5 años es dios, de 5 a 15 es un criado, y a partir de los 15 es un igual. Pero muchas personas lo entienden de manera literal: al parecer, antes de cumplir 5 se les permite todo, y luego se les prohíbe todo.

En realidad, el objetivo de la filosofía de "ikuji" es criar a un miembro de la sociedad colectiva, donde los intereses personales pasan al segundo plano. Es una especie de estrés, y los padres japoneses buscan criar en esas condiciones a una persona armoniosa que pueda encontrar su lugar en el sistema sin subestimar su valor propio.

En la primera etapa ("dios") rodean al niño con un amor y apoyo incondicionales. En la segunda etapa ("criado") este amor no se va a ningún lado, pero el niño empieza a aprender activamente a vivir según las reglas de la sociedad y busca su lugar en ella. al mismo tiempo, el gran apego a su mamá, formado en los primeros años de su vida, influye mucho en el niño: intentará comportarse correctamente para no entristecerla.

Curiosamente en las escuelas japonesas no solo a la educación se le da un papel importante sino también a la crianza. Ahí no existe la competencia, nadie es mejor ni peor que los demás.

Todos son iguales. La princesa japonesa Aiko (segunda de la derecha) participando junto con sus amigas de escuela en un festival de atletismo en Tokio.

"En Japón intentan no comparar a los niños el uno con el otro. El maestro nunca elogiará a los mejores ni regañará a los peores, no se queja con los padres del niño de que él dibuja mal o corre más lentamente que los demás. En Japón no se acostumbra destacar a alguien del grupo. La competencia no existe ni siquiera en los eventos deportivos. Ahí o "gana la amistad" o uno de los equipos", dice el libro "Crianza al estilo japonés" (sus autores son especialistas en cultura e historia de Japón que vivieron y trabajaron en este país).

En la tercera etapa ("igual") el niño se considera un miembro de la sociedad bien formado. Es tarde criarlo ahora, y a los padres solo les queda cosechar los frutos de sus esfuerzos.

3. Gran valor de familia

Por lo general, la madre es la que se ocupa de la crianza. Ella pasa mucho tiempo con los niños, los japoneses creen que no está bien inscribir a un niño menor de 3 años en el kínder. Y tampoco se acostumbra dejar a los pequeños con sus abuelas o contratar niñeras.

Al mismo tiempo, a la familia "extendida" se le da una gran importancia: los niños siempre están en contacto con sus abuelos y otros familiares. La relación entre las generaciones está llena de atención y cariño, y se acostumbra tomar en cuenta la opinión de los ancianos. La familia es el círculo cercano donde reina "amae" y donde siempre te apoyarán y te cuidarán.

Niñas en kimonos tradicionales en la fiesta de los niños Shichi-go-san.

4. Ejemplo personal

Osamu Ikeno, autor del libro "Mente japonesa: Cómo entender la cultura japonesa moderna", cuenta sobre un experimento interesante. A las madres japonesas y europeas les pidieron juntar con sus hijos una pirámide. Las mamás japonesas primero juntaban la pirámide y luego les pedían a sus hijos repetirlo. Si no les salía bien, ellas empezaban desde el principio.

Las mamás europeas, por lo general, elegían otra táctica: les explicaban detalladamente a los niños cómo hay que juntar los bloques. Y luego les pedían que lo repitieran. Resulta que las madres de Japón invitaban a los niños a actuar como ellas, y las occidentales los obligaban a hacerlo todo por su cuenta, dándoles la teoría pero no el ejemplo personal.

Por eso a la manera de aprendizaje y crianza japonesa se le dice "sugestiva". Las madres pocas veces exigen algo de los niños directamente, insistiendo que lo hagan de inmediato. Actúan de forma más sutil, dándoles un ejemplo e insinuándoles a los niños qué es lo que deben hacer.

5. Apelación a los sentimientos

Para enseñarle a un niño a vivir en una sociedad colectiva, hay que enseñarles qué significa ver y respetar los sentimientos y los intereses ajenos.

Por eso las japonesas respetan mucho la sensibilidad de sus hijos. No los presionan, no los avergüenzan, sino más bien apelan a las emociones de los pequeños o incluso de los objetos no animados. Por ejemplo, si un niño rompe un cochecito, una mamá japonesa le diría: "Al carrito le duele tanto que quiere llorar". Una mamá europea probablemente diría: "¡Deja de hacerlo! Eso no está bien". Y agregaría un sermón de cuánto tuvo que trabajar para comprarle aquel juguete.

Los japoneses no afirman que solo sus métodos de crianza son correctos. Y los valores occidentales últimamente tienen una gran influencia en sus tradiciones. Pero el enfoque japonés se basa en la tranquilidad, paciencia y una actitud amorosa hacia los hijos. Y eso sí que vale la pena aprenderlo.