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La reacción infantil de los adultos con los niños

La reacción infantil de los adultos con los niños

Los niños, a menudo, ofenden a sus padres: o se niegan a comer alimentos sanos y nutritivos, o pronuncian palabras malsonantes y ofensivas, o no hacen lo que se les pide. En estos momentos, te serán de ayuda palabras de consuelo y después un sabio consejo. Nosotros, en Genial.guru, te mostramos cómo no ofenderte con tus hijos.

Aunque consigas no gritar a tu hijo, y contener tu ira y frustración, a veces no puedes evitar situaciones en las que pierdes el control. Todo está de cabeza en diez minutos en una habitación en la que, poco antes, tardaste una hora y media en recoger, después de trabajar, cuando no te sentías nada bien. Ante la petición de jugar en silencio unos minutos porque estabas muy cansado y necesitabas dormir un poco, recibiste como respuesta un ruidoso juego con gritos y saltos.

Y lo más importante son las frases y palabras que no sabes dónde las aprendió tu querido y amado pequeñito.

- Come tú mismo tu sopa... Me aburre siempre comer lo mismo, sopa y sopa. ¡Está asquerosa!

Y tú duraste 40 minutos buscando la receta y una hora más que invertiste cocinando.

- Otra vez me recoges tú de la guardería. No quiero ir contigo. ¡Quiero que venga la abuela!

Y no sabes qué hacer: tu hijo no quiere ir contigo. ¿Acaso está harto de ti?

- ¡Tú nunca, nunca, juegas conmigo!

Y por tu memoria pasan todos los juegos que inventaste para tu hijo, todas las actividades preparadas con detalle, todos los libros leídos, y todo eso a costa de tu propio descanso.

En estos momentos, simplemente te sientes ofendido por tu propio hijo. Tú ya no piensas en las causas de este comportamiento y de sus palabras crueles. En tu cabeza sólo hay sitio para un pensamiento: "¡Eso no es justo... Si me esfuerzo tanto!". Estás a punto de llorar (a veces, lloras), y dentro tienes ira, dolor y reproches.

Sientes que tu hijo te ha ofendido de verdad.

¡Stop, detente un momento!

¿Era ofensiva la situación?

- Pues... sí.

¿Vale la pena sentirte ofendido por el niño?

- Pues... ¿acaso no puedo sentirme ofendido?

Puedes. ¿Y vale la pena?

- Pues... a lo mejor no...

¡No! Seguramente no. No vale la pena que te ofendas por un niño, incluso, no debes sentirte ofendido por el niño. Y aquí van las razones:

  • Cuando te sientes ofendido, te concentras en ti mismo, en tus emociones, les permites devorarte. Abandonas al niño, abandonas aquella información que te transmite, la cual está en cada palabra ofensiva, en cada mirada negativa.
  • El sentimiento de ofensa te encerrará en una burbuja, en un caparazón con tus propias emociones y/o sufrimientos. No te permitirá entender qué sucedió en realidad: ¿El niño está cansado? ¿Necesita más tu atención? ¿A lo mejor lo has ofendido y ni siquiera te has dado cuenta?
  • Además, cediendo ante ese sentimiento de ofensa, tú dejas de ser una persona adulta, fuerte, que es capaz de controlar cualquier situación, hacerse con ella y manejarla. En vez de esto, te conviertes en un niño pequeño que se pelea con sus iguales. Y tu hijo -aunque de forma inconsciente y por poco tiempo- pierde aquella base y protección que ve en los padres. Pierde la estabilidad y la seguridad en el mundo porque todo eso sólo puede dárselo una persona adulta.

Para el niño también es muy útil que sepa que sus palabras y actos pueden ofender a los otros. Pero demostrar al niño que estás ofendido y realmente ceder ante el sentimiento de ofensa no son lo mismo. Lo primero puede tener un sentido educativo, pero para que surta efecto no debes perder el control sobre ti mismo ni sobre la situación.

Ayudarás al niño a entender correctamente lo que ha pasado y sacar conclusiones para el futuro si empiezas por nombrar tus sentimientos:

  • "Tú me ofendiste mucho cuando me dijiste que la sopa estaba asquerosa".
  • "Me entristece que no hayas cumplido con lo que te dije antes y no recogieras tus juguetes".

Toma nota, no solamente pones un nombre claro a lo que sientes, sino también defines el acto concreto / palabras concretas del niño. Es muy importante porque los niños no siempre entienden dónde exactamente se han equivocado o fallado.

Y luego hay que dejarlos sentir las consecuencias.

  • "Después de tus palabras ya no estoy de humor y no me apetece leerte un libro".
  • Puedes quedarte a solas y contestar las preguntas del niño de esta manera: "Ahora me siento triste, por eso quiero estar solo. Por eso no, ahora ya no vamos a jugar".

De esta manera puedes transmitir al niño, tanto tus pensamientos como aquello en lo que actuó mal, y también que, al ofender a alguien, perderá la predisposición de esta persona por un tiempo. Es una experiencia útil, ¿verdad? Mucho más útil que emociones de ira y sin control con las cuales, a menudo, el niño sólo entiende que estás fuera de tus cabales.

Por eso, no te ofendas en serio por un acto o una palabra de tus hijos. Procura convertir una situación de ofensa, por muy raro que suene, en una lección útil e importante, tanto para ti como para el niño.

Fuente Vera Korejova
Traducción y adaptación Genial.guru