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La historia del veterinario que salvó al tigre lisiado a pesar de que su especialización eran las mascotas

Karen Dallakyan es un veterinario que vive y trabaja en Rusia, pero su nombre se conoce en otras partes del mundo. Ha sido invitado a trabajar en Grecia y EE.UU. Además de saber encontrar el lenguaje común con cada uno de sus pacientes de cuatro patas, Karen también se encarga de los casos más difíciles y atiende a los animales más exóticos y peligrosos

El veterinario compartió su historia y su actitud hacia el trabajo con Genial.guru.

Karen comenzó como un veterinario común y corriente. Nació en Armenia, pero fue a Rusia a estudiar en la universidad, y se quedó a vivir en este país. Posteriormente, por no poder aceptar el hecho de que el tratamiento de animales en las clínicas privadas era sobre todo un negocio sin alma, abrió su propia clínica. Y la sigue desarrollando más de 3 décadas después.

El primer paciente inusual fue un cachorro de leopardo, nacido en un zoológico. Lo trajeron con parálisis que sufrió debido a un exceso de proteínas, provocado por la nutrición inadecuada. Todo el mundo pensaba que moriría, pero Karen lo curó. En el tratamiento le ayudaron los gatos. Las mascotas masajearon con sus patas al pequeño depredador y lo mordisqueaban, estimulando de esta manera su cuerpo.

En la práctica del veterinario había animales que no solo expresaban gratitud al doctor por haberlos salvado, sino que literalmente se enamoraban de él. Por ejemplo, la mona Marusya fue salvada de la hipotermia. Así como el animal era muy exótico, Karen comenzó a buscar información sobre su tratamiento e incluso consultó con un pediatra. Como resultado, decidió administrar a la mona un poco de vino caliente y alimentarla con hematógeno. Cuando la paciente mejoró, comenzó a hablar con el veterinario en su propio idioma y le acarició las manos, pero mostró agresividad hacia el personal femenino de la clínica: la mona estaba celosa de las asistentes de su salvador.

En general, Karen tiene muchas historias similares sobre él y animales curados, desde un erizo y un cisne hasta un lobo y un león.

Pero una historia cambió por completo la vida del veterinario. Una noche, un colega lo llamó confundido y nervioso, y le contó que le habían traído un tigre con una fiebre de 42 °C, pero no sabía ayudar al pobre animal.

Esa misma noche, el gran depredador fue llevado a la clínica de Karen. Tenía una herida enorme en el hocico que olía a descomposición. El proceso patológico ya se había desplazado al tejido óseo. Según las personas que lo trajeron, al cachorro de tigre (tenía 5 meses de edad) se le había dado un pollo crudo, y se perforó el hocico con un hueso. Un veterinario local le sacó un diente, lo que empeoró la situación.

Karen hizo todo lo posible para salvar al animal. El tigre estuvo entre la vida y la muerte durante casi medio año. Cuando el depredador recuperaba la conciencia, se ponía a destrozar la habitación, rompiendo todo a su alrededor, además se quitaba las vendas, sin embargo, iba mejorando. Una vez, después de otra operación, comenzó a ronronear. Desde entonces, Karen no se separó del tigre, incluso desayunaban y paseaban juntos.

Cuando el cachorro finalmente se recuperó, el veterinario llamó a los dueños del zoológico y les dijo que podrían llevarse el animal. Pero cuando llegaron y se dieron cuenta de que le faltaba una parte del hocico, prometieron llevárselo en medio año para sacrificarlo. Karen no pudo soportarlo y comenzó a recolectar dinero para comprar a su paciente. Incluso solicitó ayuda a la gente de su ciudad.

Como resultado, además de lograr salvar al felino, también pudo enviarlo al centro de rehabilitación de animales salvajes ubicado en la taiga. Así que, gracias a los esfuerzos de Karen, el tigre sobrevivió y cambió la jaula del zoológico por su hábitat natural. La historia recibió una amplia respuesta pública.

En general, la información sobre el tratamiento de animales exóticos es difícil de encontrar en algún lugar. Fue especialmente difícil en los años 90, cuando era imposible usar la búsqueda de Google o hacer una llamada a colegas extranjeros. En aquel entonces, Karen se basaba en su propia experiencia laboral, asistía a varias conferencias y seminarios, leía literatura especial (a veces extranjera, usando el diccionario).

Una de las lecciones más importantes que aprendió de sus pacientes de cuatro patas es que hay que confiar en su voz interior. “El corazón no miente. Nunca me enseñaría el camino equivocado”, dice Karen, prácticamente repitiendo las palabras del Zorro de El Principito.

Probablemente, este enfoque le permitió ayudar no solo a los gatos y perros, sino también a los tigres, osos, serpientes y otros animales peligrosos. Y a la vez permanecer sano y salvo. La esposa de Karen, Alvina, está segura de que los animales nunca le harían daño a su esposo, porque sienten que él les está ayudando.

Por cierto, el apoyo familiar es muy importante para el veterinario. Paciencia, amor, comprensión y cuidado de su esposa, sus hijos y su padre: esto es lo que le ayuda y fortalece al famoso médico de animales. “Mis dos hijos son mis principales ayudantes”, asegura Karen. Cuando todavía no había refugio especial, su departamento a menudo se convertía en el alojamiento para varios animales y aves, los cuales tenían que cuidar y limpiar. Y solían hacerlo juntos.

Con el tiempo, Karen creó la fundación de protección animal “Sálvame” (después del incidente con el tigre) y montó un refugio para los animales que han sufrido maltrato. Es cierto que, a pesar del apoyo de muchas personas, el propio médico a menudo tiene que dormir en el lugar de trabajo y atender a sus pacientes peludos durante las 24 horas.

El veterinario también dedica su tiempo a programas educativos junto con sus compañeros. Realizan conferencias, seminarios y talleres, exposiciones y reuniones en bibliotecas. Según Karen, la gente no sabe tratar a los animales y carece de los conocimientos necesarios, por lo que sufren tanto los animales como las personas.

La fundación colabora con un centro de rehabilitación para niños, ya que las mascotas tienen un efecto muy positivo en la psique humana.

“Quiero vivir para ver el día en que la gente deje te traerme animales que han sido víctimas de maltrato”, declara Karen. Y a la pregunta de si cree que es posible, responde sabia y tranquilamente que cree en lo mejor. Porque sin fe, nada es posible.

¿Has tenido la suerte de conocer a las personas tan dedicadas a su trabajo? Cuéntanos sobre ellas en la sección de comentarios.

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