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10 Historias sobre los matrimonios donde el sentido del humor hizo la vida más divertida

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Las relaciones entre esposos no son sencillas, requieren mucho esfuerzo diario y entendimiento. Para poder superar las pequeñas discusiones y problemas más fácilmente, algunas personas usan su arma secreta: un sentido del humor inusual.

Genial.guru juntó 10 historias que muestran que la habilidad de saber reírse juntos es una garantía de una relación familiar duradera y estable.

  • Estaba usando mi computadora. De pronto escuché unos sonidos raros en la cama. Volteé y vi esto: mi mujer cantando "Soy un rollito de carne" (una canción que se acababa de inventar), se enrolló en una frazada, formando una especie de gusano. Luego se me acercó arrastrándose y me mordió el talón.
  • Mi abuela le dio una tarea al abuelo: deshacerse de las moscas, que comprara cinta adhesiva o algún quimico. Mi abuelo le dijo que lo iba a solucionar. Por la noche vi en el alfeizar de la ventana 20 pilas de 5 moscas cada una, fijadas con mi laca para el cabello. Mi abuelo dijo que había atrapado la mitad de las moscas en la calle para impresionar a mi abuela y que estar jubilado no significaba estar chismorreando en un banco del parque con otros ancianos.
  • Compramos unas perchas para la ropa. Yo me compré blancas, y mi marido, normales, de madera. Seis perchas para cada quien. Estábamos colgando la ropa y me di cuenta de que me hacían falta más, empecé a quejarme de eso. Mi marido me dio una suya y se fue a la cocina. Al regresar, me encontró llorando con la percha de madera en las manos: "¡Eres tan bueno! No te dolió darme la tuya, y yo no te habría dado una mía si te hubiesen hecho falta más". Él se echó a reír, me besó en la frente y me dijo: "¡Lo bueno es que te molestas por algo que no sucedió contigo misma, no conmigo!".
  • Mi abuela me contó que nació en una familia grande de 10 hijos. Su padre se encargaba de registrarlas en el registro civil. A las tres niñas les puso: Mariajo, Majo, Marijose. Es decir, ¡las tres se llamaban María José!
  • Me resfrié. Se me fue la voz, incluso empecé a roncar. Por la noche me desperté porque mi marido decidió acostar mi cabeza sobre su hombro diciéndome: "Mi pequeña Darth Vader, acuéstate. ¡Así te sentirás más cómoda!".
  • Cuando era pequeña, muchas veces dormía con los ojos abiertos. Según mi mamá, era algo tenebroso. Ahora mi hijo en ocasiones se queda dormido con los ojos abiertos. ¡De verdad da miedo! Su pupila se va hacia arriba y parece que sus ojos son de color blanco. Mi marido ya se acostumbró pero a veces me pregunta si de casualidad entre mis antepasados no había zombies y qué tan fuerte es mi alergia a la plata.
  • Entré en labor de parto. Mi marido estaba en el hospital conmigo. Para masajearme la espalda mientras lloraba de dolor, traerme agua... Luego sentí que mi hijo ya iba a salir. Empecé a llamar a gritos al médico. Llegó la doctora, me acostó y me dijo que muy pronto iba a nacer el bebé. Mi esposo con un aspecto totalmente tranquilo agarró una silla, la puso enfrente de mí observando el proceso, de la nada sacó una bolsa de patatas fritas y empezó a comerlas. ¡Como si fuera National Geographic! Creo que si fuera posible, hubiera llevado palomitas. Lo corrieron de ahí y ¡se ofendió!
  • Mi mamá se casó a los 19 y se embarazó de inmediato. Como era muy joven, no sabía cocinar y papá siempre tenía hambre. Mamá decidió corregir la situación y compró un libro de recetas, pero en vez de cocinarlas, despertaba a papá en medio de la noche y decía: "¡Escucha lo delicioso que es!" y le leía la receta de la lasaña o algo más. Papá aguantó unos días pero luego le dijo: "¡Rayos! ¿Pero cuándo piensas cocinar algo de esto?".
  • Peleé con mi novio, iba caminando a su lado enojada y con las cejas fruncidas. Después de una larga pausa, se volteó a verme, me tomó en sus brazos y me empezó a aventar al aire para atraparme. Lo hacía con un aspecto tan concentrado que era imposible que me aguantara la risa. Cuando me puso en el suelo, no podía contener mis carcajadas. Pero él, sin decirme nada, siguió caminando en silencio. Cuando le pregunté que qué fue eso, me respondió: "Nada, solo te sacudí una sonrisa". Ahora siempre que me enojo, se me acerca para sacudirme una sonrisa.
  • Durante la primera etapa de relaciones amorosas, todos los chicos les regalan a sus novias ositos tiernos, conejitos, gatitos, etc. Y mi marido me regaló un gorila... Enorme, casi la mitad de mi tamaño, de color gris y triste. Aparte agregó: "Este gorila tierno me hizo pensar en ti en cuanto lo vi".
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