10 Leyendas prehispánicas argentinas que enseñan a mirar el mundo de una forma distinta

Antes de que los españoles llegaran a tierras americanas, estas fueron habitadas por nativos que supieron plasmar su manera de ver la realidad con sus creencias, lenguaje y amor por el medio ambiente en breves leyendas que han perdurado en el tiempo y que le dan una historia a cada acontecimiento, como la lluvia o el atardecer. Si nos atrevemos a darles una lectura, aprenderemos mucho de esas culturas y de todo lo que tenían para mostrarnos del mundo.

Genial.guru ha preparado para ti 10 leyendas prehispánicas de Argentina que son tan hermosas como interesantes, y que pueden enseñarnos a ver la realidad de una manera distinta.

1. La azucena del bosque

Desde los comienzos, cuando aún no existía ni siquiera la palabra “ciencia”, el hombre ya se preguntaba sobre sus orígenes, por lo que se pueden leer muchas historias fascinantes sobre la creación del mundo. Esta leyenda, que tiene por nombre a una flor, nos cuenta que Tupá, el dios bueno, usó tierra virgen que le trajo I-yará, el dios de las aguas, para armar con la misma dos muñecos de arcilla a los que luego dio vida para que fueren nativos de aquel sitio. Pero esta no es una historia como la de Adán y Eva, no fueron un hombre y una mujer, sino dos hermanos: Morotí, un hombre pálido, y Pitá, quien tenía piel rojiza. Tiempo después, Tupá les concedió una pareja para que pudieran tener familias respectivamente. La Tierra era bella y había mucho que ver: Pitá descubrió el fuego, Morotí aprendió a cazar, y los dos probaron la carne cocinada con satisfacción. Todo iba bien entre los dos... hasta que conocieron la sequía, y, al sufrir las privaciones que esta acarrea, los dos empezaron a debatirse por las provisiones a tal punto que comenzaron a utilizar para pelear las armas que usaban para cazar. La guerra entre los dos colmó la paciencia de Iyará, el dios Sol, que hizo llover por tres días en señal de protesta. Luego descendió en un rayo de calor para hablar con los dos. “¿Cómo pueden pelear así? ¡Son hermanos!”, les dijo disgustado, cuán padre enojado reprochando a sus dos hijos pequeños, y la amonestación funcionó, porque inmediatamente los dos se abrazaron arrepentidos, pidiéndose perdón por los daños que se habían ocasionado. Para sorpresa de todos, el abrazo no terminó allí, tal fue la unión entre los dos que, poco a poco, se fueron convirtiendo en una flor rojiza como Pitá, pero pálida al secarse, como Morotí. Así nació la azucena del bosque, y Tupá decidió dejarla en la Tierra para recordarles a todos los hombres que jamás deben pelear entre sí.

2. Las luciérnagas

El protagonista de esta historia es al que los argentinos comúnmente llaman bichito de luz. Un guaraní llamado Isondú era el joven más atlético y atractivo de su tribu, y pese a que esto le hacía recibir el afecto del sexo opuesto, también provocaba el sentimiento contrario en los hombres. Es decir: mientras las mujeres lo amaban, el resto lo odiaba y envidiaba. Los hombres, no logrando superarle en todas sus destrezas, decidieron tenderle una trampa y deshacerse de él. Una noche en la que él caminaba en la oscuridad de la selva misionera, lo emboscaron y atacaron con armas y golpes hasta arrebatarle la vida. Afortunadamente, los villanos no fueron los vencedores de esta historia. Ni bien Isondú exhaló su último suspiro, las gotas de sangre de sus heridas se elevaron al cielo y comenzaron a brillar, iluminando todo el bosque con sus pequeñas luces. Isondú murió, pero su belleza perduró en aquellas luciérnagas que hoy vemos como un canto de victoria ante los envidiosos que no saben alegrarse por las alegrías ajenas.

3. El sol rojo

Esta leyenda romántica también es un bello ejemplo de cómo las tribus prehispánicas veían los acontecimientos de la naturaleza como mensajes de los dioses.

El héroe de la historia se llamaba Igtá, un joven atleta que se enamoró perdidamente de Picazú, una de las mujeres más bellas de su tribu. Siendo que el afecto era correspondido, y contando con la aprobación de sus familias, quizás uno pensaría que podían unirse en matrimonio sin problemas. Pero no era así, había muchas pruebas más por superar. Primero, debieron pedirle permiso a la Luna por medio de Tuyá, el anciano sabio de la tribu. Afortunadamente, el astro con una luz brillante en el cielo nocturno dio su aprobación. Entonces, el jefe de la tribu decidió probar la capacidad Igtá, haciéndole nadar un largo rato en una laguna, y luego lo envió a cazar para la tribu. Lejos de echarse atrás, cumplió con todas las exigencias, superándolas en tiempo y cantidad. Se casaron entonces, pero, lamentablemente, este no fue un final feliz para los protagonistas, porque todavía faltaba la aprobación de Tupá, el dios bueno, que lamentablemente manifestó su desaprobación de la unión mediante una fuerte lluvia que todos supieron interpretar como su llanto. La pareja fue entonces exiliada a una isla en donde vivían todos los matrimonios no aprobados por Tupá, y mientras partían nadando, el pueblo, para aminorar el castigo del dios, los insultaba. Al poco tiempo, un integrante de la tribu les tiró una flecha, y muchos más se sumaron a la acción, peligrando entones la vida de los dos. De pronto, el sol del ocaso se pintó de un rojo intenso que tiñó del mismo color la tierra y el cielo. Esto impactó en las masas, que salieron despavoridas, lo que permitió que los enamorados pudiesen escapar con vida. Finalmente llegaron a la isla en donde pudieron vivir su amor felices por siempre (pero exiliados, claro).

4. Puente del Inca

La Luna y el Sol han sido protagonistas a menudo de multiplicidad de cuentos y mitos. Este caso no ha sido la excepción, asumiendo un papel incluso heroico en una leyenda que justifica la existencia de un monumento natural ubicado en Mendoza, el cual es muy popular en Argentina.

Cuenta la historia que el heredero del trono Inca enfermó de gravedad y su tribu, que lo estimaba mucho, decidió salir en búsqueda de un agua mágica de manantial que, según habían investigado los sabios del reino, era lo único que tenía el poder milagroso para sanarlo. Peregrinaron por meses hasta encontrar la vertiente, pero, cuando llegaron, notaron con total indignación que para alcanzar el agua milagrosa debían pasar por un río tempestuoso y sumamente peligroso. Es comprensible la indignación que habrán tenido, como quién corre una larga carrera, puede ver la meta, pero se da cuenta que no será capaz de alcanzarla. La vida del príncipe tendía ya de un hilo, no soportaría más tiempo. Después de todo el esfuerzo y lucha, ¿ese era el fin? ¡Pues no! El Sol y la Luna, que fueron testigos de todo el esmero de la tribu, se conmovieron por el afecto que les movía, por lo que decidieron ayudar. Así que el cielo se oscureció, y el suelo se movió, como en un terremoto, provocando que enormes piedras cayeran de la cima de una montaña. Cuando la turbulencia acabó, los hombres contemplaron la aparición de un puente que les permitió llegar hasta el manantial. Le llevaron el agua que juntaron al príncipe, quien, al beberla, recuperó su salud, permitiéndole tener una larga vida con su tribu.

5. El caraú

El caraú es un ave que habita principalmente en las lagunas del norte argentino. Según cuentan, Caraú era un joven muy bello que disfrutaba de las fiestas y el baile. Pese a que la descripción pueda hacernos pensar que podía ser un dolor de cabeza para su familia, era todo lo contrario: era un buen hijo, de carácter alegre, que amaba mucho a su madre, a la que le dedicaba todos sus cuidados y dedicaciones, puesto que estaba muy débil de salud. Pero una noche, la salud de su mamá empeoró, y Caraú decidió ir en búsqueda de un doctor para que la ayudara, pero nunca llegó a destino. En el camino vio que había una fiesta, y, tras echar un vistazo, una hermosa mujer le robó toda su atención. Con ella bailó hasta que un amigo llegó dándole aviso de la muerte de su madre. La culpa se apoderó de él, y no hubo consuelo que pudiese apaciguar su tristeza. Cambiando su personalidad alegre, se dedicó a llorar, hasta que sus ropas desgastadas se convirtieron en plumas, y su cuerpo se fue transformando en el ave que hoy tiene su nombre: el caraú. Esta leyenda puede enseñarnos mucho sobre el amor a nuestros progenitores, y nuestro deber de quererlos y cuidarlos.

6. Irupé

El irupé es una planta acuática muy común en Argentina, conocida por su belleza. Cuenta la leyenda que todo surgió gracias a dos enamorados, la india Morotí y Pitá. Una buena historia de amor debe tener una tragedia a la altura del afecto de los protagonistas, y este caso no es la excepción. Morotí quiso probar a su pareja arrojando al río su brazalete favorito para ver si él era capaz de lanzarse a buscarlo por ella, y así fue. Pero no salió a flote otra vez. Tras una larga espera, Morotí, en un acto de desesperación, se sumergió también para buscar el cuerpo de su amado, y, al igual que su pareja, nunca salió del agua. Tristemente, la tribu comprendió que la pareja había encontrado la muerte en el río. Pero, al amanecer, vieron flotar cerca de la orilla una flor extraña, en la cual supieron encontrar a la bella Morotí en los pétalos blancos y al audaz Pitá en los rojos. Ni la muerte pudo contra su amor.

7. Palo borracho

El palo borracho es un árbol también conocido como Chorisia. Por sus curvas pronunciadas, los aborígenes solían compararlo también con la figura de una mujer, y fue en base a esta similitud que crearon una leyenda que tenía por protagonista a una bella joven. La misma, pudiendo elegir cualquier pretendiente, decidió darle su corazón a un audaz guerrero que partió un día para defender a su tribu de una guerra y no volvió jamás. Ella juró no amar a otro hombre, y se internó en la selva para entregarse a la muerte. Un día, dos cazadores la encontraron tendida en el suelo, ya sin vida, y, al querer levantar su cuerpo, descubrieron que el mismo empezó a mutar tomando la forma de un árbol, y de sus extremidades empezaron a salir ramas y raíces. Los indios salieron despavoridos (¿quién no lo haría en esa situación?), y, tiempo después, se atrevieron a volver, pero en donde estaba el cuerpo de la joven había ahora un árbol con su misma figura y con flores blancas. Cuenta la leyenda que esas florecillas son las lágrimas que la enamorada derrama por su difunto amor.

8. El mate

No podríamos hacer un listado de leyendas argentinas sin incluir algo tan importante como el mate, que es una infusión muy popular en el país hecha con hojas molidas de yerba mate.

Yací, la luna, era muy curiosa, y le encantaba explorar el mundo humano. Pero, lamentablemente, cuando ella llegaba a la Tierra, la oscuridad ya reinaba, y no lograba ver más de lo que iluminaba con su tenue luz. Pareciéndole una injusticia saber del mundo por lo que le contaba el Sol, un día se armó de valor y, con la nube Araí, bajaron durante el día a la Tierra disfrazadas de mujeres. Recorrieron la selva con tanta emoción que no notaron que un tigre hambriento las estaba siguiendo, y habría podido saciar su hambre con ellas si no fuera porque un cazador apareció detrás de él y le disparó dos flechas. En realidad, el hombre no lo hizo como un acto heroico, ni siquiera se había percatado de las muchachas que peligraban, simplemente tenía por presa al tigre y aprovechó su distracción para dispararle. Como podemos ver, las mujeres no habían sido las únicas distraídas de la historia. Básicamente, en aquella escena, todos pasaron por alto algún factor, y aun cuando el hombre dio por finalizada su hazaña no las vio, ya que Yací y Araí huyeron despavoridas. Esa noche, el cazador tuvo un sueño en donde revivía el momento en que cazaba al tigre con mucho detalle, pero a diferencia de aquel momento, esta vez había dos misteriosas mujeres frente a él. Una de ellas se acercó y se presentó como Yací, le dio las gracias por salvarla, lo felicitó por su valentía y le regaló una planta que, según ella, se llamaba caá, y que, si se tostaba, se podía utilizar para hacer una infusión que ahuyentaba la soledad si se compartía. Al despertar pensó que había sido solo un sueño, pero, para su sorpresa, encontró con la planta que Yací le describió afuera de su casa, por lo que siguió sus instrucciones de preparación y, tras verter agua caliente en ella, probó su sabor. Fue tal el agrado que decidió compartirlo con su familia y seres queridos. Así nació el mate y el aprendizaje de que los mejores momentos se viven en compañía de otras personas.

9. Paja brava

La paja brava, también conocida como Stipa ichu, es un pasto que normalmente se usa como forraje para el ganado. Cuenta la leyenda que el líder de una tribu guaraní llamado “Acá Hâtá” era un hombre violento, injusto y cruel, al que nadie quería (con esa descripción ninguno puede culparlos). El caso es que, por ley, para nombrar a un nuevo rey, primero debía morir el que ya estaba. Hartos de sus injusticias decidieron matarlo, y lo enterraron cerca de una cabaña. Libres de maltratos nombraron al hombre más justo de la tribu como su nuevo líder, y sintieron alivio porque se habían liberado del mal trato de Acá Hâtá. Pero, como un castigo por su violento accionar, no se liberaron del todo del antiguo líder, porque en la tierra en donde lo enterraron creció un pasto grueso y duro capaz de herir a quién se animara a caminar por él. Fue así que recibió el nombre de “paja brava”.

10. El arcoíris

Para terminar este recopilatorio de relatos con un desbordamiento de colores y creatividad, queremos hablarte de una hermosa leyenda guaraní que tiene como protagonistas a siete mariposas, por supuesto, una de cada color. Las siete volaban por los cielos de Corrientes, y, por su belleza, despertaban la admiración de quienes las miraban. Era tal la intensidad de sus colores que, al volar bajo los rayos del Sol, la luz que proyectaban sus alas pintaban el suelo de los colores de las mariposas, como un efecto iridiscente. Pero un día, una de ellas se hirió con una espina, y por más pequeña que fuera el arma, en una creatura tan delicada como ella la herida terminó siendo fatal. Las demás mariposas les pidieron a los dioses por su vida, ofreciendo incluso las de ellas mismas. Una voz en el cielo les preguntó: “¿Están dispuestas a dar la vida por permanecer juntas?”. Todas asintieron al mismo tiempo sin pensar. De pronto, el cielo se puso gris, comenzó a llover estrepitosamente y un remolino se llevó a las mariposas. Cuando la lluvia cesó y el Sol salió, un extraño arco de luz decoró el cielo con sus siete colores: eran las almas de las mariposas, que permanecerían unidas por toda la eternidad. Es por eso que el arcoíris es un símbolo de amistad y unión.

Cuéntanos cuál de estas leyendas te gustó más y qué mensaje te dejó. Si conoces otros relatos de pueblos originarios del lugar en donde vives, ¡eres bienvenido a contarlos en la sección de comentarios!

Ilustradora Inna Grevtseva para Genial.guru
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