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10 Personajes de la historia que se volvieron “locos” de poder

Imagina ser tan poderoso que nadie se atreva a negarte nada, además de tener un montón de sirvientes a tu disposición para cumplir hasta tus más absurdas órdenes. En esas circunstancias, es lógico que el poder se te suba a la cabeza. Y eso fue justamente lo que les sucedió a algunos personajes de la realeza antigua. Para ellos, sentarse en el trono fue el principio del fin de su cordura. En ese tiempo, era cuestión de suerte permanecer vivo después de conocerlos y atreverse a cuestionarlos.

Dicen que el poder puede volverte loco, y Genial.guru quiere hablarte de 10 personajes históricos que demuestran lo acertada que es esa afirmación.

1. Nerón

Los historiadores no están de acuerdo en llamarlo loco, pero sí excéntrico y cruel. Ascendió al trono después de que Claudio muriera. Para conservar su posición, asesinó a su hermanastro, y luego se encargó de eliminar a dos de sus esposas. También ideó la forma de asesinar a su madre, y llevó a cabo el sangriento plan sin culpa.

A diferencia de sus predecesores, quienes se ganaron la simpatía del pueblo por sus hazañas militares, a Nerón le gustaba el arte. Obligaba a sus senadores a sentarse durante horas solo para escucharlo recitar poemas. De hecho, estableció unos esplendidos juegos de recitación y teatro, solo para sentir la satisfacción de ganarlos.

Dicen que, mientras Roma se incendiaba, Nerón se puso a cantar y a tocar la lira. Aunque esto no parece ser del todo cierto, sí construyó una casa dorada sobre las ruinas de la ciudad, lo que generó una pésima prensa entre sus súbditos.

2. Rey Carlos VI de Francia

Heredó el trono cuando era muy joven, durante el largo conflicto que Francia mantuvo con Inglaterra en la llamada “Guerra de los Cien años”. Carlos ascendió al poder a los 20 años, y parecía ser un chico tranquilo.

Pero, en 1392, durante una campaña en el bosque, algo afectó su mente. Volvió al palacio con varios sirvientes menos, quienes él mismo asesinó salvajemente. Después de eso, su comportamiento fue de mal en peor. Corría locamente por el palacio sin reconocer su nombre, ni su posición, aullando como un lobo.

A veces decía que era San Jorge, y en otras ocasiones afirmaba que estaba hecho de vidrio, por lo que tenía pánico de romperse. El pueblo sintió un gran alivio cuando finalmente murió en 1422, pues, debido a su locura, Francia estaba perdiendo la guerra contra Inglaterra.

3. El sultán Mustafá I

Las presiones a las que se veían sometidos los príncipes dentro del palacio eran tan pesadas que era de esperar que el poder afectara sus mentes. Al menos, eso es lo que le sucedió a Mustafá I, quien no quería hacerse cargo del Imperio otomano allá por el siglo XVII.

A pesar de ello, tuvo que asumir el trono dos veces. En su primer breve reinado, se burlaba de los visires tironeando barbas y haciendo volar sus turbantes. Después de años de fracasados intentos por gobernar, su primo, Osmán II, lo derrocó.

Pero el nuevo sultán fue asesinado, y Mustafá volvió al trono. El pobre creía que su primo aún estaba con vida y lo buscó durante horas por todos los rincones del palacio. Su incapacidad para hacerse cargo del imperio era tan obvia, que su madre pidió que lo removieran del puesto.

4. Pedro el Grande

Alcanzó el poder después de escapar de la corte de los Románov, donde planeaban matarlo. Saber que su vida pendía de un hilo fue el detonante de una gran crueldad y escasa consideración hacia cualquiera que no fuera él mismo. Cuando comenzó a gobernar, se le ocurrió hacer una peligrosa gira por Inglaterra.

Allí se hospedó en casa de un amigo, pero eso no le importó en absoluto. Junto con sus compañeros de juerga destrozó el lugar, llenando los pisos de vómito, orina y disparándoles a las fotografías. A Pedro no se lo podía contradecir, aun cuando sus órdenes rayaban en lo absurdo. Él mismo hizo poner en fila a sus cortesanos para cortarles la barba al estilo occidental. Si alguno se negaba, tenía que pagar un impuesto.

Aunque envió a construir la hermosa San Petersburgo, le preocupó muy poco que en el proceso murieran miles de trabajadores debido al pantano insalubre en el que quiso emplazar la ciudad. Si alguien se oponía, lo ejecutaba con sus propias manos. Pedro quizás no estaba “loco”, pero su impredecible y peligrosa manera de ser pasó a la historia.

5. Rey Jorge IV

Fue el hijo rebelde de la monarquía. Desperdició su juventud en excesos de alcohol, relaciones sexuales y juegos de azar. Para mostrar su oposición a la rígida moral de la corte durante el reinado de su padre, se casó clandestinamente con una viuda católica.

Luego, fue obligado a contraer matrimonio con la princesa alemana Carolina de Brunswick. Fue odio a primera vista. Para consolarse, Jorge se ahogó en aguardiente. La larga espera por ascender al trono lo desquició. Sentía tanta admiración por las hazañas de Napoleón, que se sabía de memoria cada detalle de las batallas a tal punto que estaba convencido de que había participado en ellas.

Los excesos con el alcohol lo llevaron a una triste muerte, obeso, enfermo y casi ciego.

6. Luis II de Baviera

Luis le importaba un pepino la política y el trono. Lo que él realmente amaba era el arte y la música. Fanático de Richard Wagner, lo mandó llamar ni bien ocupó el trono. Hizo de Baviera un santuario para las óperas del afamado músico. Después de conocer Francia, quedó admirado por el afán restaurador de los franceses.

Decidió que su país merecía una renovación y envió a construir palacios de ensueño por todos lados. El castillo de la “Bella durmiente” de Disney es una réplica de uno que se encuentra en Baviera. Gastó toda su fortuna en eso, y se llenó de deudas.

Este comportamiento comenzó a preocupar a sus ministros, quienes llamaron a varios médicos para que lo declararan loco sin siquiera haberlo revisado. Así lo sacaron del poder. Luis fue encerrado en una casona cercana al palacio, pero tiempo después lo encontraron muerto en circunstancias que hasta ahora no son del todo claras.

7. Calígula

Excéntrico, sádico y mucho más loco que su sobrino, Nerón, Calígula tenía proyectos extremos que hizo realidad a costa de muchas vidas.

Como el puente flotante que envió a construir solo para poder galopar con su caballo de un extremo al otro. En otra ocasión, envió a sus tropas a “saquear” el océano, juntando caracolas para llenar sus barcos.

Tenía un caballo al que amaba, por eso hizo que le construyeran una lujosa mansión. Incluso intentó nombrarlo cónsul, pero afortunadamente para la corte, murió asesinado antes de firmar la promoción.

8. El emperador Zhengde

Sobresalió como emperador de la dinastía Ming no por inteligente, sino por necio y cruel. Tenía la costumbre de ordenar caprichosas campañas militares que lideraba él mismo. En esas expediciones le gustaba enviar órdenes a un doble imaginario, a quien Zhengde llamaba Zhu Shou.

Tuvo la pésima idea de nombrar a un eunuco como representante. Cuando las cosas salieron mal, lo mandó a ejecutar con una muerte lenta que debía durar tres jornadas. El pobre eunuco murió a los dos días.

En las novelas de la dinastía Ming, Zhengde aparece como un emperador tonto y crédulo. En un capítulo se cuenta cómo le hicieron creer que el plato que estaba saboreando era de perlas cosidas, cuando, en realidad, se trataba de simple arroz.

9. Rodolfo II

Excéntrico hasta la médula, Rodolfo amaba el arte, las ciencias y pseudociencias. Se lo recuerda como el gobernante que lo creía todo, porque apoyaba económicamente a alquimistas, científicos, astrólogos y místicos de todas las tendencias.

En su palacio en Praga tenía una amplia colección de animales exóticos, como tigres, orangutanes, leones y hasta pájaros dodo. Asimismo, era un gran coleccionista. Exhibía con orgullo una amplia variedad de curiosos objetos naturales y humanos.

Podría decirse que era un gobernante bipolar, pues alternaba temporadas de euforia con melancolía, momentos en los cuales apenas se le escuchaba la voz. Otras veces desaparecía del palacio por varios días sin que nadie supiera por qué.

10. La reina María Leonor

El objetivo de la reina María Leonor era el mismo que el de todas las mujeres de su época: darle a su marido un heredero varón. En 1626 dio a luz una niña, y ese hecho la volvió loca. De inmediato rechazó a su hija, llamándola monstruo. Varias veces intentó matarla, dejándola caer o empujándola por las escaleras, pero nunca lo logró.

Cuando su esposo falleció, la locura de María subió al nivel más alto. Se negó a enterrar el cuerpo durante todo un año y durmió debajo de una caja que contenía el corazón del rey. El cofre de oro fue colgado del techo, sobre la cama de la reina. Pero no dormía sola, pues obligó a su hija, Cristina, a acompañarla mientras guardaban un riguroso y asfixiante luto.

¿Crees que el exceso de poder contribuye a que las personas se vuelvan locas? ¿Cuál de estas 10 historias te impresionó más? ¡Comparte tus pensamientos con la comunidad en los comentarios!

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