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10 Pruebas de que un aspecto físico atípico es un regalo del destino

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Muchas veces al vernos al espejo pensamos que con gusto cambiaríamos algo de nuestro aspecto físico. Pero al mismo tiempo no nos damos cuenta de que la verdadera belleza se oculta en los detalles, no en imitar las reglas de belleza que existen en la sociedad.

Genial.guru juntó las historias más sinceras de seres reales que nos recuerdan que todas las personas son bellas.

  • Siempre tuve complejos por ser la más grande de mis amigas (con mi estatura de 180 cm y peso de 76 kg). Pero un día fuimos a un tour por Europa. En 2 semanas de viaje a ellas nadie les hacía caso. Y yo literalmente me cansé de tanta atención: me pedían mi número de teléfono, me invitaban a ir otra vez e incluso me decían que me pagaban el vuelo y el alojamiento. Todos decían que era una verdadera belleza rusa (tengo un aspecto eslavo típico: rostro redondo, pechos grandes y cabello grueso de color rubio). Ahora ya no tengo ningún complejo.

  • La naturaleza me obsequió cabello pelirrojo y ojos verdes, y mis compañeros de escuela siempre se burlaban de mí. Mis padres morenos me decían que mi color de cabello era espantoso. Hoy fui al salón de belleza a hacerme una manicura y escuché cómo una señora dijo: "Quiero un cabello como el de aquella chica". La estilista no encontró el tinte de mi tono y me pidió tomarme una foto para pedir este tono. Estoy empezando a sentirme bella y única, ¡y es asombroso!

  • Mis padres estaban demasiado ocupados ganando dinero para alimentarme a mí y a mi hermana. Por eso mi abuela era la única que me hablaba de mi aspecto: ojos saltones, nariz chata, etc... Así viví hasta que hace unos días supe por boca del jefe de mi marido que mi esposito en su escritorio tiene una foto y todo el mundo lo envidia por tener una esposa tan bella.
  • Tengo un cuerpo extraño. Mis brazos son demasiado largos y mis pies son simplemente enormes para mi estatura. Siempe he tenido problemas buscándome ropa y calzado (a los 14 años ya calzaba el número 9). Es un infierno. Tengo que pedir calzado hecho a mi medida, lo cual no es muy barato, por lo tanto solo tengo unos pares para toda ocasión. Es el complejo más grande de mi vida. Me decían "Gulliver", la gente siempre me miraba perpleja, y yo temía pisarles los pies por accidente. A mi marido, el amor de toda mi vida, lo conocí a los 28 años. En el mismo taller de zapatería. Mide más de 2 metros y calza el número 13. Ahora en nuestra familia somos dos Gullivers.
  • Desde la infancia tartamudeo. Para superar mi miedo, intenté ser social con personas desconocidas. Hablaba con los vendedores, peluqueros, gente que hacía fila. Ahora soy una persona muy social y no me avergüenza para nada mi pequeño trastorno. Es mi desafío.
  • Siempre me quejaba de mi aspecto, de que nadie me quería y a nadie le importaba. Luego pasé por una muerte clínica. No te imaginas cuánto miedo sentí: no por mí, sino por mis seres queridos. Ahora mi vida cambió por completo. Estoy segura de que mis padres me quieren mucho, y eso es lo que importa. Nunca te quejes de nada, ¡valora lo que tienes! Y ama a tus padres.
  • El otoño pasado yo era una pequeña gordita con un rostro agradable, enmarcado con una papada. Iba en bicicleta de regreso de la escuela y por accidente choqué contra un chico gordito. Le pedí disculpas. Me miró atentamente pero no le presté atención. Una semana después fui a la tienda. Nuevamente lo vi. Me miró, se acercó y me preguntó: "Disculpa, ¿no quieres bajar de peso?". Me indignó su insolencia, pero luego me propuso entrenar y correr juntos. Ahora soy su novia esbelta y simpática y él tiene un cuerpo de atleta y un aro en una oreja, justo como lo había soñado.
  • Tengo cabello pelirrojo. Ahora ya es más bien de color cobre, y en la infancia era de color dorado casi naranja. ¡Cuánto envidiaba a las chicas de cabello rubio! Nadie se burlaba de mí, pero por dentro odiaba mi color. Y hubiera crecido con complejos feos por esto si no fuera por mi primera maestra. Ella me llamaba "la niña sol", "niña dorada" y me decía que mi cabello era fabuloso. Para el sexto grado, casi todas mis compañeras se empezaron a pintar el cabello de rojo.
  • Siempre me consideré imperfecta. Siempre había algo que no me gustaba de mi aspecto. Gastaba mucho dinero en belleza pero el resultado era pasajero o nulo. Un día conocí al hombre de mis sueños que me dijo: "Sabes, nadie es perfecto. ¡Pero tú eres la chica más hermosa que he conocido!", y me propuso matrimonio. ¡Fue el día más feliz de mi vida! Acepté. Gracias a él, ahora me quiero tal y como soy.
  • Secretamente admiro los rostros con algunos "defectos", si puedo llamarlos así. Especialmente me encantan las orejas muy separadas, las narices largas, los dientes separados y las pecas abundantes. No te imaginas cómo me molesta cuando las personas quieren deshacerse de todo esto para tener una cara "estándar". Todas estas pequeñas imperfecciones son su tarjeta de visita, ¡su individualidad! Estoy convencida de que la belleza está en los defectos.
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