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12 historias llenas de nostalgia por la infancia

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En la infancia el pasto era más verde, el cielo más claro y el helado más delicioso. ¡Ojalá pudiéramos volver allí al menos por un día!

Genial.guru juntó historias que como una máquina del tiempo nos mandarán directamente a esa maravillosa etapa de nuestras vidas.

  • De chico tuve un sueño. Quise lanzar un globo de helio al cielo para que llegara a diferentes países. Y que las personas escribieran en él sus nombres y el de sus países, para que luego lo lanzaran de nuevo. De este modo el globo tenía que sobrevolar todo el mundo. Cuando cumplí 7 años mis padres y yo lanzamos un globo al cielo. ¡Después de un año mis padres me trajeron de vuelta “ese” globo! Había escrito de todo en el: “Bob de América”, “Louis de París”, “Chani de Japón”... ¡Mis padres lo hicieron, incluso usando varias escrituras! Es el recuerdo más dulce de mi infancia.
  • Un día, cuando mi hermana y yo éramos pequeños (5 y 6 años), mis padres nos dejaron solos en casa. No se nos ocurrió nada mejor que jugar a ser peluqueros. En esta época estaba de moda el corte de tazón. Bueno, nos pusimos el uno al otro el tazón y nos cortamos el pelo. Nuestros padres estaban furiosos.
  • Cuando con mi hermano cuando teníamos 6 años, decidimos ir muy lejos de casa. Empezamos a alejarnos cada vez más y entonces empezamos a tener mucha sed. Cuando mi hermano encontró un charco: dijo que si uno escupe y la saliva no se derrama, se puede tomar de ahí. Escupió y tomamos. Más tarde se lo conté a mis padres. Mi padre todavía nos dice “burritos”.
  • Ahora soy vegetariana, pero durante mi infancia pasó esto. El verano siempre lo pasaba con mi abuela en el campo, donde habían cabras, pollos y gallos. Siempre tuve miedo a los últimos porque había uno que era violento. Recuerdo que siempre me acosaba en el patio, picoteaba mi cabeza. Una vez me hirió los hombros, por el miedo entre al galpón y me quedé ahí hasta la noche. Al día siguiente, cuando estabamos almorzando mi papá me dijo, tranquilizándome, que mi caldo era del mismo gallo. Nunca comí la carne con tanto placer como aquel dia.
  • Cuando era chica había una publicidad de tiras de cera en la televisión. Una chica se la quitababa y comenzaba a pasar un pañuelo de seda que se deslizaba bellamente sobre su pierna. Después de ver tantas veces esta publicidad, yo usaba una cinta adhesiva y pasaba por mi pierna un chal de plumón de mi abuela.
  • Recuerdo que cuando era chico mi padre llegaba cansado del trabajo y jugaba conmigo y con mi hermana al "caballo muerto". Era un tipo de dos metros y se caía sobre nosotros acostados en la cama. Durante una media hora tratabamos de reptar de abajo de él se mientras dormía.
  • Encontré mi diario de cuando era chica. A los 10 años me ofendí mucho con mi madre. No hablé con ella durante todo el día. 3 páginas del diario estaban dedicadas a mi dolor y mi incomprensión de por qué mi mamá no me quería. Y todo era porque le ofreció a mi hermano un pescado para almuerzar y a mí no. P.D.: Nunca comía pescado.
  • En el jardín de infantes me enamoré de un chico. Caminábamos de la mano, me regalaba chocolates... Una dulzura. Una vez decidí ponerme mi vestido más lindo para él. Mi madre me hizo rizos. Y esperando con ilusión su admiración, con orgullo fui al jardín (por supuesto con mi madre). Y ese chico se había enfermado y no vino. A la semana siguiente ya no lo amaba más.
  • Era una chica gordita. Mi panza sobresalía por las empanaditas de mi abuela. Alguna vez escuché que para eliminar la barriga había que hacer un esfuerzo. Durante casi un mes dormí de espaldas con una enciclopedia pesada sobre mi panza.
  • Los recuerdos más cálidos de la infancia están asociados con los preparativos para ir al jardín o más bien con el cacao que mi madre preparaba por las mañanas. Una lata de "Nesquik" se vaciaba muy rápido porque lo comía seco también. Ahora ya tengo dos hijos que por la mañana también me piden cacao. El tarro se vacía igual de rápido pero los niños no tienen nada que ver con eso. Soy yo quien lo come...
  • Yo era chica. Era el cumpleaños de mi padre y yo no sabía firmar tarjetas. Le pedí a él que me ayudara. Nos sentamos en la cocina y me dictó las palabras. Al terminar le regalé la tarjeta. Mi papá se hizo el sorprendido y dijo que no lo esperaba.
  • Cuando era chica, era muy cercana a mi papá. Y todas las tardes al llegar del trabajo me contaba cuentos de hadas. Por lo general eran unos cuentos largos a los que ideó una secuela todos los días. Duraban semanas. Me desesperaba para que llegara la noche y la continuación de la historia. Una vez mi padre se fue por negocios durante una semana y yo quedé muy triste. Pero esa noche encontré en mi escritorio varios cassettes numerados. ¡Papá grabó para mí la continuación del cuento de hadas para cada día de su viaje!
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