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13 Pruebas de que el trabajo jamás es aburrido

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A veces en el trabajo suceden cosas tan divertidas que se convierten en anécdotas que nunca se olvidan.

En Genial.guru encontramos algunas historias que demuestran: ¡no importa dónde trabajes, el trabajo jamás es aburrido!

  • Trabajaba como mesero en un restaurante. Un día no había ni un cliente hasta las 8 de la noche. Me quedé dormido en una mesa de tanto aburrimiento. ¡Me desperté al sentir que alguien me estaba acariciando la mejilla! Abrí los ojos y vi a una chica hermosa enfrente, diciéndome: "¡Despierta, bella durmiente! ¡Que tengo hambre!"
  • Hace algunos años empecé a trabajar como operadora de taxi, y al principio me confundía mucho. Soñaba con procesar las llamadas telefónicas, en vez de "aló" podía decir el saludo del servicio de taxi, etc. Pero el colmo fue cuando en un autobús, en vez de pedirle al chofer la parada, grité: "Eco-Taxi, ¡buenos días!".
  • ¡Adoro la hora pico en el metro! Me encanta cuando todo el mundo se empuja y discute, y yo estoy cómodo y contento. Porque trabajo como conductor de trenes.
  • Tengo 30 años, estoy casada y tengo dos trabajos. Adoro a los pingüinos de Madagascar. Mucho. Todo el mundo lo sabe y se burla de mí pero en buen plan. Cada fiesta me regalan una taza con pingüinos, una camiseta, un juguete de felpa o algo por el estilo. Estaba muy feliz porque todo el mundo respetara mi afición, pero la felicidad absoluta me llegó cuando lo descubrió mi jefe. Ahora cuando me da tareas laborales, siempre me dice: "Necesito esto y esto. Kowalski, ¡opciones!". Jamás me he sentido tan contenta en el trabajo como ahora.
  • Trabajo como maestra en un kínder. Hace poco vino un papá. No conocía el salón, ni a la maestra de su hija. Pero pudo decir su estatura, especificó que era niña y dio su nombre. ¡Nada más que no teníamos niñas con ese nombre! Después de muchas preguntas resultó que necesitaba recoger a su hija de la escuela que estaba enfrente.
  • Trabajo como maestra de inglés en un centro de idiomas. Me divierte mucho ver a los hombres adultos en trajes caros que responden tímidamente: "No hice la tarea" y bajan la mirada.
  • Trabajo en la farmacia en un hospital. Una vez vino un tipo muy grande y fuerte y me pidió una curita para pegarla en el área de donde le sacaron sangre. Le dije: "Solo nos quedan curitas de niños, con dibujos. ¿Cuál quiere?". Se puso a pensar unos segundos y luego con una vocecita infantil dice: "Quiero una con erizo, por favor".
  • Me dieron vacaciones en mi trabajo después de que ayer fui a la junta a las 9 de la mañana en panfuflas y con una chaqueta puesta sobre la pijama.
  • Soy dueña de una empresa. Un día aconteció algo curioso: se me acercó la secretaria y me pidió que le permitiera ir a casa. Cuando le pregunté por qué, me contestó que no comía después de las 6 y que su hija le había preparado un pastel. La dejé ir.
  • Me di cuenta de que necesitaba tomar unos días de descanso cuando pasé 10 minutos intentando abrir la puerta de mi casa con la tarjeta de acceso del trabajo.
  • Siempre soñé ser como Hermione Granger y esperaba secretamente una carta de Hogwarts. Pasaron 10 años y ahora varias veces al día escucho la frase: "¡Gracias, eres una hechicera!". Trabajo en soporte técnico.
  • Estaba en el trabajo. De pronto entra un hombre a la oficina y pregunta: "¿Santiago? ¿Santiago Ortiz?". Lo miro y le pregunto: "¿Quiere que le hable a alguien?". Y él me responde: "¿Tú eres Santiago Ortiz?". (Tania, 21 años)

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