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14 Historias que demuestran que el amor es el sentimiento más puro de nuestra vida

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Cada uno de nosotros tiene una historia de amor. Puede ser triste o feliz, pero todas tienen algo en común: es uno de los acontecimientos más inolvidables e importantes de nuestra vida.

Genial.guru te trae 14 historias diferentes sobre el poder del amor. ¡Disfruta leyéndolas!

  • Nadie me cree, pero mi marido fue enviado para mí a través de las estrellas. No soy hermosa, tengo sobrepeso y los chicos nunca se fijaban en mí, pero necesitaba amor y una relación. Yo tenía 19 años, estaba tumbada en la playa por la noche, contemplando el firmamento muy triste. Cuando cayó la primera estrella yo bromeé por si acaso y pedí que me llegase el amor. Luego cayó la segunda, con la que pedí encontrarlo aquella misma noche y decidí que si la tercera aparecía, entonces, seguramente, todo se haría realidad. Y sí, cayó, literalmente, de inmediato. Esa noche me llegó por error un mensaje en una red social de mi futuro marido.

  • A los 17 años de edad viví mi primer amor, pero mis padres no lo aprobaban. Era verano. Las noches, cálidas. Él se acercó a mi ventana (planta baja) sobre las cuatro de la madrugada... ¡para invitarme a ver el amanecer! Y me escapé por la ventana, aunque siempre fui una chica obediente. Caminábamos, nos besábamos, conversábamos de todo y de nada a la vez, ¡éramos libres como el viento y muy felices! Me llevó a casa a las 7 de la mañana, cuando mis padres se levantaban para ir a trabajar. Nadie notó mi ausencia y este fue el acto más aventurero y romántico de mi vida.

  • Paseaba a mi perro cerca de un complejo de edificios altos con muchos apartamentos y vi a un hombre mayor preguntando a todo el mundo por una mujer. Él conocía su apellido, su lugar de trabajo y su perro. Nadie le hacía caso ni quería recordar a ninguna mujer, pero él iba y preguntaba y preguntaba sin parar. Resultó que ella era su primer amor, regresó a su ciudad natal después de muchos años y lo primero que hizo fue averiguar si ella seguía viviendo en la casa donde él la había visto por primera vez y se enamoró. Al final, un par de chicos de 14 años llamaron a esta mujer. ¡Deberías haber visto sus ojos cuando se reencontraron! ¡El amor no desaparece sin más!

  • Mi primer amor fue una locura. Nos amábamos apasionadamente. El 22 de agosto nos "casamos", intercambiando anillos de plata en el tejado de un edificio en construcción abandonado. Llevamos ya mucho sin estar juntos, pero todos los años, el 22 de agosto, sin ponernos de acuerdo, acudimos a este sitio en construcción y conversamos. Aquella época fue la mejor de mi vida.

  • Perdí mi anillo de boda hace un año y me puse muy triste. Mi marido y yo no podíamos permitirnos comprar otro. Ayer volví a casa después del trabajo. Sobre la mesa había una pequeña cajita y dentro había un nuevo anillo con una nota: "Te mereces lo mejor". Resultó que mi marido había vendido el reloj de su abuelo para comprarme este anillo. Y yo hoy vendí los pendientes de mi abuela y le compré un reloj nuevo.

  • Mi primer amor y yo llevábamos juntos desde que nos pusieron pañales. Y teníamos un código donde cada letra se reemplazada con su número cardinal en el alfabeto. Por ejemplo, "Te amo" sería: 23. 6. 1. 15. 18. Pero resultó que, ya en la edad adulta la vida nos llevó por caminos diferentes y casi hemos dejado de comunicarnos. Recientemente, ella se trasladó a mi ciudad para trabajar y decidimos vernos. Paseamos durante varias horas y luego nos fuimos cada uno a su casa. Y ya casi entrando la noche, recibí un mensaje, era ella: "Vamos a intentarlo de nuevo". Y al final, aquellos mismos números.

  • Hace una semana fue el aniversario de nuestra relación, pero vivimos en diferentes ciudades. Decidí sorprenderlo y llegar aquel día para pasarlo juntos. Compré un billete, fui a la estación, llegando tarde. Corro muy rápido hacia mi vagón, sin mirar... Menos mal, llegué a tiempo. El tren empieza a moverse, me siento, miro por la ventana y ¿a quién veo? Sí, claro, a mi chico, con un ramo de flores. Resultó que quiso darme la misma sorpresa.

  • Empecé con mi chico gracias a que teníamos un sentido del humor, cuanto menos, raro. Un día, cuando él todavía era sólo mi vecino, le pedí que revisara un enchufe que no funcionaba. Este bromista, al tocar la toma de corriente, empezó a simular un choque eléctrico, se contraía y gritaba. Cuando yo ya estaba a punto de empujarlo lejos del enchufe con un zócalo recién arrancado de la pared, con un aspecto sin vida, se deslizó al suelo y, de repente, saltó gritando: "Ajá". Y yo... ¿Y yo qué? Agarré mi corazón y, muy naturalmente, interpreté que me daba un infarto. Como resultado, pasamos toda la tarde riéndonos, bebiendo para tranquilizarnos y, desde entonces, ya no nos separamos más.

  • Mis padres se divorciaron hace un año y medio. Mi padre se fue de casa y me quedé a vivir con mi madre. Después de la separación, ella no salió con nadie y pasaba mucho tiempo en el trabajo para olvidarse de él. Entonces, hace aproximadamente 3 meses, comencé a notar que mi madre podría estar con alguien: se volvió más alegre, empezó a vestirse mejor, a tardar en volver, regresaba con flores... Me invadieron dos tipos de sentimientos contradictorios, pero un día, regreso a casa de la universidad más temprano de lo habitual y veo a mi padre paseando en ropa interior por la casa, llevando café a mi madre a la cama. ¡Están juntos de nuevo!

  • Cuando tenía 16 años conocí a un chico. Fue el primer amor verdadero para los dos. Eran los sentimientos más puros y sinceros. Yo tenía una gran relación con su familia, pero a mi mamá él no le cayó bien. En absoluto. Entonces ella empezó la guerra: me encerraba en la habitación, me quitaba el teléfono, me recogía de la escuela. Esto duró unos 3 meses. Después, mi chico y yo nos dimos por vencidos y cada uno siguió su propio camino.

    Tres años más tarde, me enfadé con mi madre y me fui de casa. Feliz porque ella ya no podía decidir todo por mí, fui a verlo para contárselo. Pero me recibió con elevada frialdad y me fui, ahogándome en mi mar de lágrimas. Pasaron muchos años. Me casé y di a luz a un bebé. Un amigo de aquel chico, excompañero de mi universidad, fue el padrino de mi hija. Un día, su esposa me contó la historia de amor de su amigo, la historia de nuestro amor, si tan siquiera saber que yo era aquella chica.

    Él tampoco llevó una buena vida, estuvo casado varias veces, pero sin alcanzar la felicidad. Sólo me amaba a mí. Y aquel día, cuando yo fui a verlo a su casa, estaba simplemente confundido, desconcertado, no supo qué decir. Hace poco, encontré su página en las redes sociales, pero él llevaba muchos años sin actualizarla. A los 16 años, mi hija conoció a un chico y ya lleva saliendo con él un año y medio. Pero no cometeré el error de mi madre, aunque él no me cae bien. En absoluto...

  • Hace 3 años, mi riñón dejó de funcionar correctamente. No tenía familia. Con pena, me emborraché en un bar cercano y rompí a llorar, no tenía ya nada que perder. Un hombre de 27 años se sentó a mi lado y me preguntó qué me había sucedido. Palabra por palabra, le conté mis penas. Nos conocimos, intercambiamos nuestros números de teléfono... pero nunca lo llamé. Ingresé en el hospital para someterme a la intervención. ¿Y quién era mi cirujano? Exactamente, aquel hombre. Me ayudaba a recuperarme de la operación y ahora estamos planeando nuestra boda.

  • Soy perfeccionista. Hace poco, en la cola del correo había un chico delante de mí. La cremallera de su mochila no estaba completamente cerrada. Intenté contenerme como pude, pero acabé dando un paso al frente y la abroché hasta el final. El chico se volvió y me miró indignado. Por cierto, esto lo recordamos él y yo juntos, celebrando ya los 4 años de nuestra relación. Haz lo que quieras hacer, tal vez sea el destino...

  • Trabajo en una florería. Hoy vino un cliente y compró 101 rosas para su esposa. Cuando las envolvía, él dijo: "Mi chica estará contenta". Este hombre tiene 76 años de edad, conoció a su mujer a los 14 y llevan 55 casados. Después de casos así, ciertamente, empiezo a creer en el amor.

  • Trabajo de mesera. Un día vino mi ex, con quien conservo una buena relación y me pidió reservar una mesa para la noche: quería proponerle matrimonio a la chica de sus sueños. Muy bien, todo hecho. Llega la noche, se sienta en la mesa, pide vino, dos copas. Se lo serví todo y ya quería irme, pero me pidió que me sentara un par de minutos para hablar. Me senté, se puso de rodillas, sacó un anillo y ¡me lo propuso! ¡A MÍ! ¿Entiendes? ¡A MÍ! Envuelta en lágrimas, con el shock proyectado en mi cara, me acerqué a él, lo besé y le dije que sí. Y me contó que siempre me había amado y no deberíamos habernos separado. Este paso va a cementar nuestra relación para siempre. ¡Dios mío, qué feliz soy!

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