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15 Historias sobre las personas que querían lo mejor, pero hicieron lo de siempre

No importa cuánto nos esforcemos por no cometer errores, las fallas y los fracasos son inevitables. Pero lo importante es no preocuparse tanto y afrontar todo con humor. O aún mejor: contarle todo a alguien y reír juntos, como se hace en los sitios "Oído por ahí" y "Habitación Nº 6".

Genial.guru ha recopilado una gran variedad de historias que demuestran que nadie es perfecto.

  • Siempre lloro cuando escucho la canción de la mamá de Dumbo. Decidí superarlo: descargué la canción y la puse en modo de repetición. Como resultado lloré durante 2 horas, hasta que me rendí. El experimento ha fallado. (Mujer, 25 años)
  • Una día me ascendieron en el trabajo. Y cuando el supervisor de mi supervisor se acercó para felicitarme, no encontré nada mejor que decir: "Gracias, ahora me esforzaré". ¡"Ahora"!, maldita sea.
  • En verano conocí a una chica que me gustaba y a quien yo también le gustaba. Mis amigos me preguntaban por qué aún no la había invitado a salir. ¡Pero no soy un tonto! ¿Salir a dónde, si en un mes es 14 de febrero, y luego viene el 8 de marzo? Cuando terminen estas fiestas diabólicas, entonces sí vamos a salir.
  • Ir de compras es una cosa terrible. Estaba en Europa cuando vi una pequeña boutique que me gustó mucho. Corrí hacia la puerta viendo en mi mente qué cosas me probaría. De pronto, sentí un golpe y me vi en el suelo. Al despertar, vi junto a mí a mi esposo, a los empleados de la boutique y a una ambulancia. Resultó que no me había dado cuenta de que el escaparate y la entrada eran de un cristal tan limpio que solo se veía la huella de mi rostro en el aire. Resultado: una fisura nasal y dos ojos violetas. Pero qué expresión la de los empleados de la boutique cuando, una hora más tarde, aparecí en el lugar. Obtuve un descuento.
  • Las chicas entenderán lo que se siente cuando se te bajan las medias. Es terriblemente incómodo, y las ganas de subirlas son irresistibles. Y bueno, eso hice, me las subí. Pero levantando la falda hasta las axilas y saltando para acelerar el proceso. Y luego me di vuelta y vi a un pasmado estudiante de sexto grado que había ingresado al aula porque yo no la había cerrado con llave para el recreo. Soy su maestra de clase, y me parece que es hora de cambiar de lugar de trabajo.
  • Estaba celebrando mi cumpleaños con unos amigos en la costanera. Al final de la celebración, ya de madrugada, vi un piano en la calle. Decidí recordar los viejos tiempos y tocar, que es algo que hago bastante bien. En resumen, pasé 10 minutos tocando y cantando, y mis amigos me filmaban con una cámara. Al día siguiente vi el video. Ahí estaba yo, frente al instrumento, golpeando teclas que no hacían ningún sonido, excepto un sordo golpeteo, y cantando un bolero a viva voz. Chicos, no beban.
  • Soy fotógrafa. Decidí hacer un proyecto de temática espacial. Empecé a buscar un traje de astronauta para la modelo, y encontré todo excepto el casco. Se me ocurrió usar en su lugar un acuario redondo. Encontré algo parecido en una tienda de productos domésticos, ya sabes, de esas que tienen pabellones gigantes. Y donde generalmente no hay manera de encontrar a un asesor, pero claro... salió de atrás de una estantería justo cuando yo me estaba probando el acuario en la cabeza. Ya no voy a esa tienda.
  • Mi madre sacó su registro de conducir en invierno, pero todavía no maneja sola. Bueno, estaba en el auto con mi papá y le pidió que la dejara conducir. Mi papá la dejó, se sentó en el asiento del acompañante y se puso a observarla de cerca. Mamá arrancó el automóvil pero éste no se movió del lugar, solo dio un sacudón. El segundo intento tampoco fue exitoso. Y entonces papá le dijo que si con el tercer intento tampoco se movían del lugar, volverían a cambiarse. El tercer intento fracasó. Se cambiaron sin mediar palabra, papá se sentó al volante, sacó el freno de mano y se fueron.
  • Trabajo como especialista de préstamos en un banco y últimamente, por alguna razón, me lloran los ojos. Al tramitar una solicitud de préstamo, hice una pregunta estándar: "¿Cuánto gasta en servicios?". El joven dijo: "Unos 10 o 12 mil". Entonces yo saqué un pañuelo de papel y me sequé las lágrimas. El joven no se inmutó y dijo: "Señorita, no se preocupe, algunos pagan mucho más que eso".
  • Vi una cucaracha en la cocina y no se me ocurrió nada mejor que quemarla con un encendedor. Bueno, resultó que la velocidad de mi mano con el fuego es un tanto menor que la velocidad de la cucaracha. Resultado: linóleo quemado, manchas negras en la alacena y un agujero en las cortinas...
  • Escucho desde la cocina a mamá: "Ahora agrega un vaso de azúcar". Papá: "¿No es demasiado?" Mamá: "No, todo está bajo control". Ruido del mezclador. De repente, papá apaga el mezclador y dice ofendido: "Me estás engañando, no estamos haciendo un pastel de pescado, ¡y yo que te creí!".
  • Estoy en la parada del autobús. Aparece una chica muy bonita. Me quedo ahí, torpe, sin animarme a hablarle. Finalmente, junto la fuerza de voluntad en un puño y camino hacia ella. La joven se da cuenta y sonríe dulcemente. A mi pregunta de si quiere beber un café, ella dice "Espera un segundo", saca de su bolsillo una moneda que en un lado tiene escrito "sí" y en el otro "no" y la lanza. Cae "no", ella me lo muestra y agrega: "Lo siento, no será hoy". En este momento llega el autobús, ella sube yo me quedo en la parada completamente pasmado. Nunca me habían rechazado de una manera tan épica.
  • Hace 15 años, con mi esposo (recién casados) fuimos por primera vez a un mercado mayorista sin nuestros padres. Estábamos nerviosos, teníamos mucho dinero encima. Era muy temprano, el mercado acababa de abrirse. Miré y vi a un hombre de aspecto dudoso con un vaso de plástico en la mano. Pensé que estaba pidiendo dinero y decidí darle un poco para tener suerte con las compras. Tenía un bolsillo lleno de monedas. Me acerqué al hombre, tiré todas las monedas en su vaso y saltaron salpicaduras por todos lados... En fin, no era un vagabundo, era un taxista que había parado a tomar un café. Y sí, el día fue todo un éxito.
  • Me puse un objetivo: despertarme sin alarma. Decidí firmemente que aprendería a hacerlo. Mañana iré a la oficina del decano con la explicación de por qué falté dos semanas al instituto. He fracasado, capitán.