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17 Historias de padres que están más felices por el fin del año escolar que sus hijos

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Para muchos niños, ir a la escuela todos los días es una pesadilla. Las razones para esto son muchas: tener que madrugar, la pereza, compañeros de clase hostiles, maestros malvados. Pero si tan solo supieran cuántas crisis nerviosas tienen que soportar sus padres durante el largo tiempo del estudio de sus hijos. Tal vez sería bastante justo que, al final de cada año académico, los certificados y los diplomas no se les entregaran a los escolares, sino a sus persistentes madres y padres.

Genial.guru no pudo ignorar 18 historias de vida de personas que llevaron a sus hijos a la escuela y se olvidaron de lo que es dormir tranquilos. Y como bono adicional, preparamos un simple truco de vida para aquellos que entran en depresión con la mera mención del chat de grupo de los padres.

  • La madre de un compañero de clase de mi hijo escribió en el chat de padres de la clase: “Querida Srta. Lidia, no me organice un nuevo examen. No pude pasarlo en su momento, y ahora tampoco podré pasarlo a través de mi hijo, ya me conoce. Enséñele usted, tal vez logre hacer una buena persona de él, ya que no pudo hacerlo conmigo”. © volchek1024 / Pikabu

  • 9 p.m. Es en ese preciso momento que los niños les dicen a sus padres que mañana tenían que llevar una artesanía, un informe con fotografías en color y pasteles para el té a la escuela. © Rackham / Pikabu

  • Una tarde, estaba en casa cuando una amiga me llamó en un estado cercano a la histeria. Ven, dijo, de lo contrario no sé qué haré con ella. Estaba haciendo la tarea con su hija de primer grado. Fui y vi la siguiente escena: la niña con la cara llena de lágrimas detrás de un libro, la madre caminando por la cocina de esquina a esquina. Resultó que a los niños se les pidió en la escuela que aprendieran unos trabalenguas. Bueno, mientras aprendía sobre los tres tristes tigres y Pablito con su clavito, todo estaba bien. Pero luego hubo un problema. Leí: “Amador está adormecido, ¿quién lo desadormecerá? El desadormecedor que lo desadormezca, buen desadormecedor será”. ¡Y esto en PRIMER grado! Cuando yo estudiaba en la universidad, entre otras cosas teníamos la clase de “técnica y cultura del habla”, pero ni siquiera a nosotros nos torturaban tanto. En resumen, resulta que, además de la absoluta no pronunciabilidad del trabalenguas, su significado también era incomprensible para la niña. Se lo expliqué. Ya no estábamos tratando de recordarlo, sino, al menos, pronunciarlo. Entonces el papá llegó a casa y comenzó a indignarse porque eran casi las 23:00 y la nena no estaba durmiendo. Y con las palabras: “Bueno, ¿qué es lo que no pueden hacer?”, agarró el bendito libro de texto, comenzó enérgicamente: “Amador está adormecido...”, cerró el libro y dijo: “Hija, dile a la maestra que papá te prohibió que leyeras ESTO”. © Shpilyka09 / Pikabu

  • Mi hija de primer grado es zurda desde el nacimiento. Este año comenzó la escuela. Su clase es enorme: de 34 personas, hay 2 clases paralelas y entre 102 niños, ella es la única zurda. Los maestros no hacen diferencia y la comparan constantemente con todos: debería esto, debería aquello. Y no les importa que mi hija necesite más tiempo para leer una sílaba compleja o para comprender cómo se escribe una letra difícil. O que en los deportes tienes que lanzar la pelota con la mano derecha. La he estado recogiendo de la escuela llorando por una semana. Los maestros tienen una sola respuesta: “Tiene que ser como todos los demás”. © “Oídoporahí” / Vk

  • Ale llegó al trabajo sombría: “En la víspera de Navidad, en el chat de grupo de padres están organizando una fiesta corporativa. Segundo grado, dicen, ya son grandes. Los padres tienen que ir con los niños sin falta para conocer a todos. Para hacer esto, proponen alquilar una taberna y juntar 40 USD por persona”. Le pregunté:
    —¿Y qué escribiste? ¿Vas a ir?
    —Respondí que somos una familia de sociófobos. © MadTillDead / Pikabu

  • Mi hija tiene un coeficiente intelectual de 147, la norma en niños es de 80 a 100. No sé cómo estar en la misma onda con ella, ella ve y siente el mundo de manera diferente; en la escuela, le alcanza con una lección, recuerda todo y se saca excelentes en las pruebas, incluso si no estudió nada en casa. En lugar de cuentos de hadas, me pide que le lea sobre los virus y sobre Nicola Tesla, no puede estar en compañía de niños durante mucho tiempo, se siente mejor en compañía de adultos, la admiran. No sé cómo encontrar un acercamiento a ella, es diferente, pero increíble. Niños así son un milagro, pero es muy difícil. © “Oídoporahí” / Vk

  • Un colega comparte periódicamente sus impresiones sobre los nuevos métodos de su hijo para no ir a la escuela. Primero le dolía la cabeza, luego la pierna, luego el estómago y luego el cuarto ventrículo (¡hola, Alf!). Esta vez la excusa lo dejó sin palabras:
    —Papá, no quiero ir a la escuela.
    —¿Por qué?
    —¡Es que tengo sueño! © nik2857 / Pikabu

  • El hijo menor de una amiga (escuela primaria) les contó a sus amigos que, a menudo, a su casa iban personas que su mamá llamaba “clientes”. Se encerraba con ellos en una habitación y los “torturaba”, porque a veces se escuchaban gemidos y gritos. Poco a poco, estos rumores llegaron hasta la maestra. Mi amiga fue citada a la escuela, una mujer casada decente llevando a casa a Dios sabe quién y frente al niño. Un montón de bilis, desprecio y la promesa de enviar una queja a los servicios de seguridad social. Y mi amiga solo hace depilación en casa. © “Oídoporahí” / Vk

  • Una colega contó en el trabajo cómo su hijo regresó de la escuela y declaró que ya no iría más allí. Argumentó su deseo muy claramente: ya le enseñaron a escribir y a leer, y a usar una calculadora también. No necesita nada más, porque está decidido a convertirse en mecánico de automóviles, como su papá, y para esta profesión ya tiene suficiente conocimiento. © “Oídoporahí” / Vk

  • Transferí a mi hija niño a una nueva escuela. Acordamos con la nueva maestra una reunión. Se juntaba toda la clase, la maestra dijo: “Nos juntamos cerca de los pavos reales”. Bien, ok. Mi hija y yo íbamos en camino, hablando sobre dónde podían estar esos pavos reales de goma. Mi hija dijo: “Imagínate si son reales”. Llegamos, y había pavos reales, faisanes y gallinas de Guinea en unas celdas. ¡Pavos reales vivos! En los terrenos de la escuela. No sé qué pensar. © “Oídoporahí” / Vk

  • Se le pidió a mi hermana menor (9 años) en la escuela que tejiera algo. Nos sentamos con ella y mamá a la mesa, nos pusimos a charlar, y luego la pequeña preguntó: “¿Por qué nos enseñan a tejer y a coser en vez de decirnos cómo pagar impuestos?”. Mamá y yo quedamos completamente en shock. © v_pinskoy / Twitter

  • En el chat escolar de los padres, descubrí que 9 de cada 10 personas terminan cualquier frase con puntos suspensivos: “Agustina, hola...”, “Les están dando mucha tarea a los niños...”, “Miguel está enfermo...”. ¿Por qué hacen eso? ¿Es un leve eufemismo o un halo de misterio? No lo entiendo... © LAlahaytrololo / Pikabu

  • Mi hija fue al primer grado. Los primeros seis meses iba en la tarde, y la abuela la llevaba a la escuela. Y a partir de mitad del año, comenzó a ir en la mañana y yo comencé a llevarla a la escuela yo. Mi hija ya sabía cómo vestirse y desvestirse, pero con su abuela se acostumbró a que ella le pusiera y quitara el abrigo. Llegamos a la escuela, fuimos a la entrada, me senté en un banco. Mi hija no se quitaba el abrigo.
    —Desvístete, hija.
    —Papá, ayúdame a quitármelo.
    —Sabes cómo hacerlo. Vamos, vamos.
    Y entonces ella comenzó a llorar. Yo no me rendí, seguí insistiendo en que se desvistiera sola. Después de unos 30 segundos, comenzó a llorar a los gritos, el llanto se escuchaba en todo el vestíbulo. Nunca la había escuchado llorar tan fuerte. Había muchas personas, traté de calmarla, de persuadirla de que dejara de llorar. Cerca, estaba una inspectora juvenil de servicio, vestía su uniforme. Al ver esta situación, se acercó a nosotros. Yo estaba estupefacto por lo que estaba sucediendo. La inspectora se acercó y le preguntó a mi hija:
    —Pequeña, ¿qué pasó?
    Me quedé en silencio, preguntándome qué diría ella. Mi hija, a través de las lágrimas:
    —Papá no quiere desvestirmeeeee.
    La inspectora:
    —¡Desvístete ahora mismo y entra!
    Mi hija comenzó a quitarse el abrigo entre lágrimas y luego entró. Le di las gracias a la inspectora y salí de la escuela. En casa, hablé con mi hija y con mi familia para que no la malcriaran tanto. © Viktorrr100 / Pikabu

Bono: uno de los padres mostró cómo los adultos pueden recibir el nuevo año escolar. Lugar: el grupo de chat de los padres

¿Recuerdas tus días de escuela? ¿Los encuentras maravillosos? ¿Con qué problemas te topaste cuando enviaste a tus hijos a estudiar?

Imagen de portada «Oídoporahí» / Vk
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