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17 Historias traviesas que te harán querer regresar a la escuela

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La escuela es una época que todos recordamos con una sonrisa. Es imposible borrar de la memoria estos años divertidos que pasamos rodeados de compañeros de clase.

Genial.guru recopiló para ti historias de esa etapa que seguramente despertarán con precisión muchos de tus recuerdos.

  • Una historia de la escuela. El recreo. Invierno. Nieve y fuerte viento. Un joven, junto a la puerta, estaba encendiéndose un cigarrillo. Supongo que a la salida del edificio esto resultaba más fácil de hacer. Entonces, la madre de mi amigo, al verlo se le acercó y le dio una cachetada. El golpe no fue fuerte. Pero recuerdo muy bien que el cigarrillo salió volando de su boca. Este era nuestro profesor de historia. Uno nuevo. Y joven.
  • Con niños de unos 7 años, se celebró un concurso de talentos en nuestra escuela. Todos los niños salían al escenario, bailaban, cantaban, recitaban poemas, hacían demostraciones de karate y de gimnasia artística. Salí yo y metí mi puño en la boca. Eso. Citaron a mi madre para una reunión en la escuela.
  • En la primaria, yo decía que me gustaba una chica y mi madre me daba una barrita de chocolate para ella. Pero yo daba este chocolate a un mendigo y él, a cambio, me acompañaba hasta la escuela y yo presumía delante de todos que vivía con las personas sin hogar. No sé lo que estaba pensando entonces, pero todo el mundo me envidiaba.
  • Resulta que, cuanto mayor es el niño, más fácil es prepararlo para el año escolar. Mi hijo de 15 años me dijo que no necesitaba comprar nada para regresar a las clases: medio lápiz del año pasado y un par de cuadernos. El bolígrafo, dijo, lo encontraría en el suelo de alguna clase.
  • Mi hermana pequeña acaba de empezar primaria. Al segundo día de clases, se levantó de la mesa en medio de la tercera lección y comenzó a prepararse para salir. La maestra de la clase, al ver todo lo que sucedía, le preguntó:
    - Ángela, ¿a dónde quieres ir?
    - Sabe, seño, ya me aburro aquí con ustedes y creo que me voy a casa. ¡Ya me basta con el tiempo que pasé sentada!
    Sólo después, a la niña se le explicó y ella asimiló plenamente que todavía le quedan 11 años "felices" de formación.

  • Recuerdo que al terminar el primer trimestre de mi primer año en el colegio, antes de ir de vacaciones, le pregunté a mi madre:
    - Mamá, ¿cuánto tiempo me queda yendo a estudiar a la escuela?
    Y mi madre respondió sin emoción:
    - 11 años, cariño, un poco más de lo que ya has vivido.
    Me senté en el suelo y me largué a llorar: mi infancia había terminado.
  • En la escuela, a menudo, solía faltar a clases. Esto lo sabía sólo mi padre, quien me aseguraba que me guardaría el secreto. Como suele pasar, mi madre, a pesar de todos los juramentos de mi padre, pronto se enteraba de mis "delitos".

    Después de un par de estas "coincidencias", decidí probar la fidelidad de mi papá. Fui a la escuela y cuando, en el recreo, me llamó, le dije que me había quedado en casa. Por la noche, cuando toda la familia se reunió, mi madre preguntó por qué yo no fui a clase. Yo me mostré sorprendido y le enseñé las calificaciones en mi cuaderno diario. Así fue como descubrí al espía de mi madre.
    Nota: Me regañaron igual, porque engañar a los adultos no es bueno.

  • Una amiga mía dijo una vez que en su clase todos habían nacido en el año del mono (según el calendario chino) y que esto era una coincidencia increíble. No sé cómo ella consiguió terminar sus estudios.
  • Cuando tenía 17 años, en mi colegio se organizó una discoteca para los estudiantes. Allí yo solía sentarme "exitosamente" en un banco (no sabía ni sé bailar), con los que compartían mis mismas habilidades de danza. Entonces, yo tenía un compañero de clase que siempre estaba tranquilo y calmado en tales eventos. Pero una vez comenzó a bailar como si fuera la última vez, con buenos movimientos y lleno de desparpajo. Se veía muy experimentado, hasta el punto tal en que las personas comenzaron a reunirse en torno a él. Me preguntaba cómo había sucedido esa transformación y dónde lo había aprendido. Y todo resultó ser muy simple: había venido borracho a la discoteca.
  • Los padres de una amiga mía le prometieron un nuevo iPad si simplemente superaba el curso. Y los míos me prometieron las vacaciones sin salir si no sacaba todo con sobresalientes.
  • Un caso que le pasó hoy a mi amiga. Lleva un par de meses manteniendo una relación virtual con un apuesto joven. Todo iba sobre ruedas hasta que hoy le ha pedido que, a partir de este momento, ya sólo le escribiera por la tarde: hasta las 14:30, él siempre estaría "terriblemente ocupado". Mi amiga (que tiene 28 años) en broma le preguntó si estaría en el colegio durante todo ese tiempo tomando lecciones. ¡Ta-ta-chan! ¡El joven encantador va al instituto! Y mi amiga, soñando con el vestido de novia.
  • En la escuela me llamaban "Tortuga" (mi apellido es Tortu). No me gustaba en absoluto. En algún momento empecé a pelearme con los que de mí se burlaban. Después de eso, me empezaron a llamar "Tortuga Ninja".
  • "De todos los miembros de mi familia, soy la que más odia el regreso a clases. Se ha terminado el verano y la época en la que podías dormir lo que quisieras, no tener prisa, pasar el rato en la playa con los amigos, ir a la cama después de medianoche. Pero no, otra vez tienes que levantarte temprano, otra vez te arrastras hasta esa estúpida escuela y luego, encima, los deberes, las extraescolares ¿Por qué otra vez?"
    Marcela, 35 años. Madre de un niño de 8.
Imagen de portada Psycho007
Basado en material de pikabu, Подслушано
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