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22 Descabelladas historias reales que parecen sacadas de una película de Hollywood

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En la vida real hay lugar tanto para la comedia como para la tragedia y tambiénpara un policial con suspenso. Está lleno de situaciones de película.

Genial.guru ha seleccionado historias que se parecen más a un guión que a la vida real. Pero todas han sucedido de verdad.

  • Cuando renuncié a mi trabajo quise irme de manera hermosa e inolvidable. Escribí la renuncia con anticipación y me puse de acuerdo con mi jefe (que resultó tener buen sentido del humor). Ese día fui a trabajar como de costumbre, hasta terminé algún que otro informe para que todo pareciera natural. Inesperadamente para todos, en la oficina irrumpieron seis de mis amigos con uniformes de fuerzas especiales (con armas, en pasamontañas, como en las películas). Corrieron hacia mí, me doblaron los brazos detrás de la espalda y con las palabras "por fin te hemos encontrado" me llevaron a la salida. Ninguno de mis ex colegas volvió a verme nunca más.
  • En un pasaje siempre pide monedas una abuela que está sentada junto a un perro. La anciana se ve muy triste. Un día la vi en un parque. Se sacó la falda y el chal, encendió un cigarrillo y con voz de hombre dijo: "Hemos hecho un buen trabajo, Toby, vamos a casa". La abuelita resultó ser un hombre de 50 años. ¡Hollywood se está perdiendo un gran talento!
  • Yo trabajaba en una tienda de equipos digitales. Un día llovía a cántaros. Nuestra ya entrada en años empleada de limpieza estaba que se ponía a llorar: el piso era claro, ella había terminado de limpiarlo y cinco minutos después había huellas por todo el salón. Ya era tarde, faltaban 20 minutos para el cierre. La señora limpió el piso por última vez y se desplomó sin fuerzas en una silla, maldiciendo el clima. Y, de pronto, entran a la tienda dos hombres sin paraguas. Mojados de pies a cabeza, con 3 centímetros de tierra en las botas. Miran el piso, susurran algo. Se sacan las botas y... ¡en calcetines van a la vitrina de los teléfonos! Compran uno, regresan a la puerta, se calzan las botas y se van. El personal petrificado los despide con la vista. Telón.
  • Mi amiga siempre quiso ser peluquera. En cuarto grado quisimos hacer un experimento y cortarme el flequillo. Resultó corto y torcido, lloré todo el camino a casa. Entonces recibo un SMS de mi amiga: "Me hice el mismo corte para que no te sintieras mal". Y de verdad se lo había hecho, ¡le quedó incluso peor que a mí! Pasaron muchos años y ahora recordamos esta historia con una sonrisa. Mi amiga se convirtió en una excelente peluquera y hoy en día es la única que me corta el cabello.
  • ¡Hoy se me ha cumplido un sueño! Salté a un taxi y, señalando un automóvil negro con el dedo, grité: "¡Rápido, siga este auto, le pagaré!", como en las películas norteamericanas. Ante la mirada sorprendida del conductor, saqué el dinero y él arrancó. Todo fue porque me había olvidado el teléfono en el auto de la mujer que me había llevado hasta allí.
  • Estoy regresando a casa, es tarde. En la calle está oscuro, camino rápido, palpo en el bolsillo el paralizador eléctrico que me regaló mi novio. De pronto, ¡un desconocido me alcanza y me ataca por atrás! Logro regalarle una buena descarga y corro. Llego a casa, me calmo y media hora más tarde llega mi novio, lleno de polvo y con una expresión de estupor absoluto en el rostro. Me dice que nunca más me abrazará sorpresivamente en la oscuridad.
  • En un foro local apareció un abogado competente que no cobraba ni un centavo por sus consultas. Escribía artículos detallados con referencias a distintas leyes, no ignoraba las peticiones de nadie, advertía sobre las eventuales dificultades y resultados posibles. Su fama se extendió rápidamente por la ciudad. Nuestro jefe nos pidió encontrarlo y ofrecerle trabajo. Lo encontramos. A la entrevista vino un humilde joven sin brazos. Escribía los informes sosteniendo un lápiz entre los dientes. Lo contrataron como consultor a domicilio. Hace mucho que no trabajo allí, pero siempre lo recuerdo con admiración.
  • Volvíamos a casa con unos amigos cuando quedamos estancados en un embotellamiento. Con el auto detenido y las ventanillas bajas decidimos cantar algo para no aburrirnos. Después de una de nuestras interpretaciones, el hombre del auto detenido cerca aplaudió y, ¡nos tiró un fiambre por la ventana! Dijo que esa era su canción favorita. Divertido el hombre. Y rico el fiambre.
  • Estoy yendo a casa en taxi. Veo a mi marido que va caminando desde la parada de autobuses. Le pido al taxista que vaya más despacio, bajo la ventanilla y grito: "¡Ey, guapo, mi marido no está en casa! ¿Vamos a divertirnos un rato?" Mi marido sonríe y sube al automóvil. Viajamos en silencio. El taxista está en shock.
  • Desde hace un tiempo nos volvimos mucho más cercanos con un conocido. Antes no nos pasaba eso. Sé de sus dificultades en el trabajo, de sus créditos, de los problemas de su familia, esposa y padres. Con su papá incluso hablé por teléfono. Converso largamente con su esposa, a veces por el teléfono se escucha el llanto de sus hijos. Incluso sé cuándo le atrasan el pago del salario. Quién lo hubiera dicho... yo solo le presté una gran suma de dinero.
  • En la oficina. Viene un cliente y habla con la secretaria en el despacho de al lado. La puerta está abierta, escuchamos todo. El cliente: "A mí estos documentos me los entregó una joven que trabaja acá, una de cabello negro, la que siempre está comiendo algo". Todos estallan de risa y me miran. Yo me atraganto con la galletita.

"Trabajo de taxista. Fui a buscar a un pasajero. Subió una madre con su hijo de unos 7 años. Pasamos por varios lugares. Durante todo el camino lo único que escuché de ella fue: 'dobla aquí, detente, espera, abre el baúl'. El niño estaba callado, casi me había olvidado de él. Pero casi al final del viaje dijo: '«Por favor», mamá. Hay que decir «por favor»'. Es tan agradable".

  • Cuando yo tenía unos 10 u 11 años, a mí y a mi hermano nos llevaron a la iglesia.

    Antes de confesarme, el padre me preguntó si sabía qué era el sacramento del que era partícipe. Le escuché "participio" y le dije que sí. Y le conté todo sobre el participio, el gerundio, la diferencia entre los dos y hasta le hablé de la construcción gramatical compuesta.

  • El domingo pasado salimos a pasear en familia. Entré a una tienda a comprar un jugo y tardé un poco en salir. Mi esposa me preguntó: "¿Por qué tardaste tanto?". Yo respondí: "Había fila, y después debí esperar a que la vendedora me devolviera el cambio". Mi hijo (4 años) se quedó pensando unos 10 segundos y de pronto dijo: "Papá, ¿por qué le diste algo si querías que te lo devolviera?".
  • Trabajo de vendedora en una tienda de cosméticos. Hoy una mujer me pidió mostrarle las cintas de depilar más baratas y dolorosas. Ante mi mirada sorprendida, sonrió y dijo: "No es para mí, es una venganza".
  • Entro al teatro. Tercera llamada, se apagan las luces, aplausos, suena el aviso de apagar los teléfonos y de la prohibición de filmar. La obra. Y entonces aparece él. El ojo que todo lo ve. El halcón de vista perfecta. El vigilante del teatro. Desde la última fila se ve bien en qué parte de la sala se encienden los smartphones. De inmediato, sobre las manos y las pantallas comienza a bailar la lucecita láser. Dos o tres segundos son suficientes para que el infractor comience a comportarse. Me da miedo fotografiarlo, ya que en el combate cuerpo a cuerpo, en manos de un luchador experimentado, hasta un apuntador láser es un arma.
  • Una vez, mi vecina nos regaló un gran zucchini. En broma, lo envolvimos como un bebé y se lo dimos a mi hermano menor para que jugara con él. Lo llamó Pedro. Todos lo cuidábamos con mucho placer, nos decíamos: "Silencio, Pedro está durmiendo", y tratábamos de no hacer ruido. Y entonces, llegó el momento de cocinarlo. Nadie de nuestra familia grande y numerosa se atrevió a cortar y a freír a nuestro pequeño Pedro. Tuvimos que ir a la casa de la vecina y cambiarlo por otro zucchini, que no nos fuera familiar.
  • Ayer estaba haciendo fila en un supermercado. Una señora que estaba cerca decía, a gritos: "Esto está lleno de burros, atestan los carritos hasta el tope y una tiene que estar acá parada, ¡esperando a estos cerdos!" El hombre que estaba delante de ella se dio vuelta y dijo: "Ni que lo digas, vieja, no hay más que burros por todas partes, solo tú eres la burra". La vieja casi se muere de indignación: "¿Burra? ¿Yo?". Y el hombre, calmado: "Y... burro supongo que no serás, ¿verdad?" "No, burro no", acepta desconcertada la vieja y se calla, pensativa.
  • Mi amiga está estudiando lenguaje de señas, aprende muy rápido. Un día, en el metro, una pareja discutía activamente en lengua de señas frente a nosotros. Eso llamó la atención de mi amiga y se los quedó mirando. La joven se dio cuenta y le preguntó con señas: "¿Estás espiando una conversación ajena?" A mi amiga no se le ocurrió nada mejor que negar con la cabeza.
  • Todo lo que necesitas saber sobre mi suegra: en nuestra casa hay un té-más-o-menos y un esto-sí-que-es-un-té-de-verdad. La diferencia está en que el primero es un té barato y el segundo es el mismo té barato puesto en un contenedor de té caro.
  • Situación en una tienda de un barrio residencial:

La hija, de unos 6 o 7 años: "Mamaaá, ¡cómprame "Schweppes"!

La mamá: "No, no querrás beberlo, es amargo".

La hija: "¡Sí que lo beberé! ¡Con el abuelo hasta bebí cerveza!"

La mamá: *О_О*

El cajero: *О_О*

  • Trabajo como vendedor en una panadería. En nuestro territorio las palomas son gordas y atrevidas. Ayer vi que una de mis amigas plumosas había cruzado descaradamente las fronteras de mi territorio y se disponía a almorzar. Grité: "¡Ey, qué demonios quieres aquí!", y me encaminé hacia ella. Entonces vi que en la puerta estaba nuestro supervisor general, que me dijo: "Yo solo te quería encargar unos baldes..." Desconcertado, le respondí: "Está bien, para el viernes estarán". Aún sigo sin saber si él había visto a la paloma o no.

Bono: a veces, las estrellas de Hollywood se comportan en la vida real como en una película. Aquí, consuelan en línea directa a las víctimas del huracán "Irma".

Imagen de portada Подслушано
Basado en material de Pikabu, Oído por ahí, Palata № 6
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