22 Distraídos que te harán agradecer por tener la cabeza en su lugar

Historias
hace 1 año

Lo más seguro es que en más de una ocasión nos hayamos enfrentado a una de esas situaciones en las que nuestra mente nos juega una mala pasada. Tal como si quisiera burlarse de nosotros, terminamos haciendo un oso monumental o dejando una historia para contar sin poder contener la risa. Así como les pasó a algunos de nuestros lectores.

  • Salí a toda prisa de la casa porque ya era muy tarde, y en el camino iba metiendo al bolso todo lo que necesitaba: llaves, gafas, las llaves del auto, mi termo, el celular, etcétera. ¡Ah! También me llevé el teléfono inalámbrico de mi casa. © Edith Sánchez Reynoso / Facebook
  • Un día volví del mercado y guardé lo que había comprado en el refrigerador. Luego busqué mi monedero y me di cuenta de que lo había perdido. Después de un tiempo, descongelé el refrigerador y vi un bulto cubierto de escarcha. Era mi monedero, lo había dejado en el congelador. © Silvia Romero / Facebook
  • Una vez interrumpí una llamada y cuando volví, agarré el teléfono inalámbrico para continuar la conversación. Me lo puse, como siempre, entre la mejilla y el hombro para seguir haciendo cosas mientras terminaba de contar una historia. Yo hablaba sin parar y mi amiga me escuchaba muy atenta y sin interrumpirme. De pronto sonó el inalámbrico, ella me llamaba, y me di cuenta de que estaba hablando con el control remoto. © Inma BM / Facebbok
  • Me sucedió hace pocos días. Estaba viendo televisión y recordé que debía llamar a mi amiga María. Entonces, sin pensar, tomé el teléfono y marqué el número, pero no funcionaba, así que volví a marcar y seguía mudo. Fui a la casa de mi hija, que vive al lado, con el teléfono en la mano, y le dije: “¿Qué le pasará al teléfono que está mudo?”. Entonces, con un ataque de risa, me dijo: “Mamá, mira lo que tienes en la mano”. Miré y me quedé helada. En la mano tenía el control remoto. Empecé a reír por no llorar. © Graciela Rodrìguez / Facebook
  • Cuando estaba lista para dar a luz, me recogió la ambulancia y me llevó a la clínica. Al llegar, empecé a oír que gritaban: “Acá no es, acá no es”. Estábamos en el ascensor cuando nos dimos cuenta de que se habían equivocado de hospital. Volvimos a bajar y otra vez a la ambulancia para que nos llevaran a la clínica correcta. © Patricia R Lopez / Facebook
  • Estoy de vacaciones en una casa. Serví dos tazas de café. Fui por azúcar a la alacena sin prender la luz y tomé el recipiente, supuestamente, de azúcar morena. Pues era arroz integral. De inmediato se empezó a esponjar con el calor del café. © Juliana Castellanos Lugo / Facebook
  • Llegué a casa, me recosté en la sala a ver TV y me quedé dormida. Desperté y aún soñolienta, intenté cambiar de canal, pero el control no servía, probé con el volumen y tampoco. Resulta que lo que tenía en la mano era una botella de refresco. Y yo aferrada a ella. Hasta mi hermano me decía: “A ver, súbele”, y yo: “Que no sirve”. © Dayana Zoto / Facebook
  • Estaba cenando en un restaurante cuando en la mesa de al lado una señora pidió la terminal de punto de pago. Le preguntó al mesero: “¿Y ahora qué hago? La máquina me preguntó si dejo el 15 % de propina”. Obvio que el mesero dijo: “Dígale que sí”. Entonces, ella agachó la cara y, con mucha convicción, le gritó varias veces a la máquina: “¡Sí!”. © Berenice Huerta / Facebook
  • Pues con esta vida ajetreada de trabajo que llevo, un día, en vez de darle al botón del elevador, usé la llave del control del auto para que me abriera las puertas. © Angel L De Jesus / Facebook
  • Me metí en el asiento trasero de un auto, y la señora que conducía me miró horrible y me preguntó qué estaba haciendo y qué quería. Solo entonces me di cuenta de que me había metido en el auto equivocado, y que yo iba en el Uber que estaba al lado. Es que ambos eran de color rojo. © Andrea GI / Facebook
  • Una vez me quedé dormida mientras veía televisión, con el control en la mano, y tuve un sueño en el que mi novio me era infiel. Me desperté muy enojada y lo primero que hice fue llamar a mi novio. Se me hizo raro que la llamada no entrara y cuando me di cuenta, era que estaba marcando desde el control de la tele. Me dio mucha risa y hasta se me pasó el enfado. © Andrea Baltazar / Facebook
  • Un día se me hizo tarde para salir, así que entré corriendo al baño a cepillarme los dientes, tomé mi cepillo, le puse la pasta, según yo, y cuando me empiezo a cepillar, ¡oh, sorpresa! No era pasta dental, era pomada antipañalitis. Ya se imaginarán. © Maria Moreno / Facebook
  • Puse una sartén en la estufa mientras contestaba el celular. Agarré, por equivocación, la botella de Fabuloso en lugar del aceite y seguí hablando; de repente, la sartén se llenó de burbujas y todo olía a Fabuloso morado. © Meluka Celis / Facebook
  • Esta mañana le di un jugo a mi hijo y saqué un popote transparente del cajón, se lo di y me dijo: “Mamá, este popote no sirve”. Le pregunté: “¿Por qué, está roto o agujereado?”. Y me contestó: “No, ni siquiera es un popote”. Resulta que le había pasado un palito de la pistola de silicona. © Vero Navarrete / Facebook
  • Después de comprar una golosina, sacarla del empaque y empezar a comerla, tiré el dinero que me dieron de vuelto en el bote de basura y me guardé la envoltura en el pantalón. © Lety Velàzquez / Facebook
  • Fui al baño de un restaurante y tuve que mandar un WhatsApp para que me ayudaran a salir porque no podía abrir la puerta. Resultó que se abría para el otro lado. © Kathy Martínez / Facebook
  • Yo puse la clave de mi celular en el microondas. © Enma Vizcaino / Facebook

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