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Ella podría ser más famosa que Einstein, pero su nombre fue olvidado, y todo debido a los estereotipos de género

En la actualidad, muchos creen que Cecilia Payne-Gaposchkin debería ser tan famosa como Newton o Einstein, ya que esta mujer hizo una contribución invaluable a la ciencia: fue la primera en descubrir en qué consisten las estrellas. Pero este descubrimiento no le trajo felicidad ni fama. En 1976, 3 años antes de su muerte, Payne-Gaposchkin recibió el único reconocimiento en su vida, el Premio Henry Norris Russell, por su contribución a la ciencia. Este acto fue irónico, dramático y perverso, porque justamente fue ese hombre quien se hizo famoso gracias al trabajo que Cecilia había realizado, el cual usurpó.

Genial.guru regresó en el tiempo para descubrir más detalles sobre la vida de esta mujer, quien es llamada “madre de las estrellas”.

Enamorada de las estrellas

Cecilia nació en 1900, en la ciudad británica de Wendover. Su padre, Edward John Payne, fue un talentoso historiador y abogado. Desafortunadamente, murió cuando Cecilia tenía solo 4 años. Esto obligó a su madre, Emma, a criar a los niños sola. Ella les dio a todos una buena educación, y 2 de sus 3 hijos se convirtieron en científicos famosos: Cecilia fue astrofísica, y su hermano, arqueólogo.

Siendo estudiante, Cecilia asistió a una conferencia del famoso astrónomo Arthur Stanley Eddington, quien habló sobre su expedición a la isla de Príncipe, en el Golfo de Guinea. Ella regresó a casa completamente asombrada: se enamoró de las estrellas, y se dio cuenta de que quería estudiarlas toda su vida.

Sin embargo, su familia no la apoyaba: su pasión por las estrellas distantes le parecía, al menos, extraña. Mientras que Cecilia quería una sola cosa: estudiar las estrellas. Tenía la intención de ingresar en Cambridge, y, cuando su familia se negó a pagar sus estudios, ella ganó una beca y se fue de todos modos.

Pero después de graduarse, la chica tuvo la primera decepción cruel de su vida. En 1923, cuando completó su curso brillantemente, descubrió que a las mujeres no les entregaban diplomas. Esa fue la época en que Marie Curie era una autoridad reconocida en el campo de la ciencia, y toda la humanidad estaba preparándose para el primer vuelo al espacio.

El descubrimiento de su vida y una nueva decepción

Pensándolo mejor, Cecilia decidió mudarse a Estados Unidos, en donde creyó habría muchos menos prejuicios. Es por eso que armó las maletas y se mudó a América.

Viaje desde Inglaterra a Estados Unidos.

En Estados Unidos, Payne encontró empleo en el Observatorio de Harvard. Allí creó el trabajo de su vida: un libro en el que demostró que las estrellas están compuestas de helio e hidrógeno (antes de eso, se creía que su composición constaba completamente de hierro). Hoy estudiamos este hecho en la escuela como un axioma, pero en ese momento cambió todas las concepciones existentes sobre las estrellas.

Astrónomos de Harvard en una obra teatral. Cecilia Payne es la primera mujer a la izquierda. 31 de diciembre de 1929.

Pero Cecilia cometió un error: le mostró su trabajo a Henry Norris Russell. Él la convenció de que su descubrimiento no tenía valor, que todos los cálculos eran erróneos y que el mundo científico simplemente se reiría de ella. Russell le aconsejó a Cecilia que se ocupara de otros asuntos más simples, y, después de 4 años, publicó un trabajo en el que afirmaba que las estrellas consistían en helio e hidrógeno. Obtuvo todos los laureles por haber descubierto eso, y su nombre pasó a la historia.

Henry Norris Russell.

Al final, Payne decidió lanzar su libro, pero se imprimieron pocos ejemplares debido a la influencia de Russell. Incluso recibió un doctorado por su trabajo, pero Harvard se negó a darle tales honores a una mujer. Entonces, la gran astrofísica recibió tal reconocimiento de manos del Instituto de Estudios Avanzados Radcliffe.

Incluso con un título académico, a Payne se le negó trabajar como profesora en Harvard debido a su género. Siguió siendo una asistente técnica, aunque, en realidad, hacía el trabajo de una maestra.

La única salvación para Cecilia fue su trabajo. Publicó otro libro, recopilando tantos datos que se convirtió en una enciclopedia de astrofísica.

Vida familiar

Mientras tanto, recibió la ciudadanía estadounidense, y pronto conoció al amor de su vida: Sergei Gaposchkin. El esposo de Cecilia tenía una historia de vida interesante: era hijo de un albañil, sirvió en el ejército e incluso trabajó para una sha iraní, pero encontró su vocación en la astrofísica. Eso fue lo que unió a los futuros cónyuges. Se casaron un año después de conocerse, y su unión fue tan fuerte y fructífera como la de Marie y Pierre Curie.

Formaron una familia feliz, criaron a 3 hijos, y, lo que es más importante, realizaron una gran cantidad de investigaciones conjuntas. Sergei nunca trató de apropiarse del trabajo de su esposa, y sus libros fueron publicados en coautoría. Eran felices, a pesar de los malvados rumores que decían que Gaposchkin simplemente se había casado con Cecilia para obtener una visa estadounidense. Sin embargo, también se sospechaba que ella se había unido a su esposo por conveniencia.

Las investigaciones de la pareja Gaposchkin recibieron muchos premios, en primer lugar, porque no solo pertenecían a una mujer. Un nombre masculino en estas le permitió a Cecilia obtener al menos una parte del reconocimiento que merecía. Y todos a su alrededor sospechaban que usaba a su esposo para cubrirse, aunque, en realidad, se amaban y se apoyaban mutuamente.

Sergei y Cecilia, 1977.

El mundo a su alrededor comenzó a cambiar lentamente. Después de la Segunda Guerra Mundial, quedó claro que las mujeres también eran capaces de realizar trabajos masculinos. En 1948, Cambridge comenzó a entregarles diplomas a las mujeres.

Pero recién en 1956, Payne se convirtió en profesora en Harvard. Entonces, comenzó a recibir un salario normal, y no una beca minúscula de una asistente. Aun así, durante mucho tiempo siguió siendo la única profesora en la universidad.

En 1976, 3 años antes de su muerte, Payne recibió el Premio Henry Norris Russell, el cual lleva el nombre de la persona que se hizo famosa por apropiarse de su trabajo. Si sus colegas querían reírse de Cecilia al hacer eso, entonces tuvieron éxito.

En 1979, una de las más grandes científicas murió, y nunca fue aceptada en la Academia Nacional de Ciencias. Dejó como legado un conocimiento invaluable del universo, y las siguientes palabras: “No hagas ciencia por fama o dinero. Hazlo solo si no quieres nada más”.

¿Crees que el mundo ha cambiado mucho desde entonces? ¿Cuántas cosas podría haber logrado Cecilia si hubiera nacido en nuestra época? Comparte tus pensamientos con nosotros en la sección de comentarios.

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