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15 Historias de por qué las personas decidieron separarse

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Hasta la relación más complicada es difícil de romper. Todos queremos ser sabios y pacientes para conservar el poco amor que nos queda. Pero a veces la separación es la única decisión correcta.

Genial.guru juntó para ti 15 historias en que las personas contaron los motivos principales que las impulsaron a terminar sus relaciones.

  • Ella hizo nuevos amigos y empezó a leer otro tipo de libros que cambiaron por completo sus valores y objetivos. Quería ver a su lado a personas iguales a ella e intentaba imponer su opinión de forma tal que mis amigos empezaron a faltar a las reuniones si sabían que ella estaría ahí. Ya no era la persona de la que me había enamorado.
  • Cuando apenas nos conocimos, ella estaba muy ocupada con sus estudios y carrera. Yo estaba dispuesto a darle tiempo para que lograra sus objetivos. Gradualmente, ella se fue volviendo más irritable y lo justificaba con su agenda ocupada, intentando convencerme de que esto pasaría. Pero un día entendí que me estaba engañando y que ella jamás tendría tiempo para mí.
  • Me di cuenta de que ya no éramos un equipo. Antes nos apoyábamos en todo tipo de situaciones. Y luego empecé a sentir que estaba compitiendo con ella. Siempre quería hacer algo bueno, pero ella buscaba algo para criticarme. Entendí que el amor ya había pasado y empezamos a tener mala influencia el uno sobre el otro.
  • Quería viajar y tener todo tipo de aventuras, pero él soñaba con la estabilidad. En lo ideal, él quería ahorrar para las necesidades mínimas para el resto de su vida y no volver a salir de la casa. Me prohibía pasar tiempo libre sin él y su deseo de planificarlo todo llegaba a niveles absurdos: "¿Ir al supermercado para comprar un pastelillo? ¿Estás bromeando? ¡No estaba en el plan!". Me acostumbré a la idea de no viajar, empecé a hacer obras en su casa y siempre me decía que me devolvería el dinero que gastaba en eso. Cuando decidimos separarnos, lo único que me dijo fue que no me pagaría nada.
  • Empezó a criticarlo todo, por eso dejé de compartir cosas con ella: para no escuchar sus comentarios nefastos. Cuando me dieron el ascenso en el trabajo, entendí que no tenía con quién celebrarlo, porque mi esposa encontraría algún motivo para criticarme. Entonces me di cuenta de que estaba mejor solo.
  • Me di cuenta de que no quería casarme con ella. Pasamos 3 años juntos y estaba pensando en proponerle matrimonio, pero sabía que no iba a atreverme a hacerlo. En algún momento me di cuenta de que aplazaba esto porque sabía en mi interior que no imaginaba mi vida junto a ella.
  • Un día estábamos hablando mis compañeros del trabajo y yo de qué haría cada uno de nosotros si tuviera mucho dinero. Un chico dijo que dejaría el trabajo, se compraría un yate y viajaría por el mundo con su novia. Y yo entendí que mejor dejaría a mi novia y viajaría solo.
  • Miré el calendario: era viernes. Me di cuenta de que no quería que fuera fin de semana, porque tenía que pasarlo con ella. Lo único que quería era huir, porque la semana anterior nos la pasamos peleando todos los días y ya estaba muy cansado de ella.
  • Cada mañana contaba los minutos para que se terminara de alistarse y se fuera a trabajar.
  • Cada cumpleaños suyo era para nosotros una verdadera fiesta que teníamos que celebrar de manera grandiosa. Pero un día noté que en los últimos años ella no se esforzaba para nada en mi cumpleaños. Íbamos a cenar y yo pagaba la salida. El amor no se desvaneció ese mismo instante, pero empecé a pensar en el divorcio.
  • Él no mostraba ningún interés hacia mis amigos, no sentía compasión por otras personas, despreciaba a los meseros. No le costaba nada decirle alguna grosería a una persona desconocida. Me di cuenta de que era imposible cambiar su forma de ser para que él fuera como yo quería.
  • Cuando apenas nos conocimos, no podíamos vivir ni un día el uno sin el otro: sentíamos mucha pasión. Un tiempo después, empezamos a vivir juntos. Pronto noté que era la primera vez que me quedaba dormido tan temprano. Al despertar la vi dormida abrazándome. Sentí que las caricias que tanto ansiaba antes ya no provocaban ninguna emoción en mí. Me sentía culpable y cada día tenía que fingir que la amaba. Terminé esa relación haciéndome la promesa de no volver a fingir nada jamás.
  • Estábamos casados, pero siempre me sentía sola. Al mismo tiempo, mi marido tenía la costumbre de expresar sus sentimientos para no olvidar que era parte de mi vida. Por ejemplo, siempre estaba dispuesto a llevar las bolsas de la tienda, pero en la caja yo pagaba sola. O le podía comprar un juguete a nuestro hijo, jugar con él media hora y luego salir a divertirse toda la noche.
  • Él tenía una costumbre estúpida: nunca colgaba la toalla en su lugar, la aventaba donde fuera. Al principio esto me parecía incluso tierno: unos defectos pequeños de la persona a la que amaba. Pero un día, colgando la toalla en el baño por enésima vez, me di cuenta de que ya no lo amaba. ¿Te parece absurdo? Puede ser. Tuvimos una relación complicada: nos peleábamos, él se iba, me mentía, me era infiel, luego me iba yo. Pero no podíamos separarnos. Aquel día reuní mis fuerzas y me fui. ¡Gracias a la toalla!
  • Todos alrededor me decían que necesitaba divorciarme, pero yo no me atrevía. Sí, el amor pasó, pero él era un buen marido: no se emborrachaba, no me era infiel, no me trataba mal. Luego leí un libro y al día siguiente empecé a tramitar el divorcio. No te lo vas a creer, ¡pero me impulsó a hacerlo el mismísimo Stephen King y su libro "Misery"!
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