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Personas con trastornos mentales contaron sobre sus vidas. Difícilmente te imagines cómo puede comenzar la esquizofrenia

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Existe una hipótesis radical de que, hace tan solo 3 mil años, todas las personas eran esquizofrénicas. Esta afirmación de los científicos se basa en el análisis de los manuscritos de diferentes culturas. Personas de partes del mundo completamente diferentes, sin ninguna relación entre sí, se comportaban de exactamente la misma manera: oían voces y les obedecían, pensando que eran los dioses o las musas que les “hablaban”. Hoy en día, todo tipo de trastornos mentales se han convertido en sinónimo de incapacidad, lo que no le impide a la gente con voces en la cabeza y agujeros en el alma vivir entre las personas relativamente sanas. Probablemente existan ejemplos de este tipo incluso en tu entorno, tú simplemente no te das cuenta...

Genial.guru te propone imaginarte por unos minutos estar literalmente en la cabeza de una persona con diversas discapacidades mentales y entender lo que se siente ser un “elegido” de una enfermedad mental. Si alguna vez notas este tipo de comportamiento en tu entorno, sabrás en qué circunstancias necesitas buscar ayuda inmediatamente y, así, salvar a una persona.

  • Seguramente hayas visto en la calle a un vagabundo que camina por el centro murmurando o gritándose algo a sí mismo. Lo más probable es que tenga una de las formas de esquizofrenia. Esta enfermedad se manifiesta en cualquier estrato social y muchos funcionarios de alto rango, e incluso las personas que se dedican a la ciencia, pueden padecerla. Como yo.

    Se manifestó por primera vez en el primer curso de la Facultad de Derecho de Yale. Estaba en la biblioteca con mis compañeras de clase, Rebel y Wei, preparando un proyecto conjunto. En un momento dado, repentinamente di este discurso: “Las notas son las visitas. Proporcionan la evidencia. Todo está en sus cabezas. Pat dijo eso. ¿Han matado a alguien?”. Rebel y Wei me miraron como si les hubiera echado un balde de agua fría... Entonces, les pregunté si a ellas también les saltaban las palabras de los casos judiciales, como a mí. Porque a mí me parecía que alguien había conseguido una copia de mis casos judiciales, y que era necesario explorar las articulaciones. Yo confiaba en las articulaciones porque gracias a ellas mi cuerpo se mantenía unido.

    Las chicas pensaron que yo había tomado drogas. Fui a casa y pasé toda la noche pensando en los naranjos, en los documentos no escritos y en asesinatos en serie por los que yo tendría que responder. Al mismo tiempo, me daba cuenta de que todo aquello no era anormal y que era aterrador.

    Después, mi vida se llenó de duras hospitalizaciones, largos tratamientos y cientos de criaturas malignas con dagas en las manos que cortaban mi cuerpo en pedazos y me obligaban a tragar brasas calientes. Pero, gracias a mi familia, no terminé mi vida en la cama de un hospital. Hoy soy profesora de psiquiatría en la Facultad de Derecho de la Universidad del Sur de California. Tengo muchos amigos y estoy felizmente casada.

    Todos tienen ángeles y demonios en sus almas, solo que yo tuve la mala suerte de poder verlos. TED

  • Tengo trastorno bipolar. Lo insidioso de la enfermedad es que, incluso siendo médica, no te das cuenta de que algo anda mal contigo. Al menos hasta que tengas la experiencia personal de reconocer “las primeras campanas”, como un aumento de locuacidad, excitación, enamoramiento excesivo, energía desbordante y, lo más importante, una menor necesidad de dormir. Si no tomas medidas a tiempo, la vorágine de la manía (la fase hiperactiva en el trastorno bipolar, que precede a la depresión) te llevará más allá de lo razonable, y es probable que ya no puedas ir en busca de la ayuda por tu cuenta: más bien, te llevarán a recibirla en una ambulancia.

    Yo, justamente, no detecté mi primera manía. Atribuí mi estado de ánimo elevado a un inesperado enamoramiento en un colega. Empecé a escribir poemas. Organicé un concierto para el día del médico, encontré artistas y canté canciones, era mi triunfo. El mismo día, fuimos con todo el equipo a una excursión por la ciudad, y me divertí a lo grande: corrí por las calles, conocí gente nueva (los maníacos tienen facilidad para conocer a las personas y agradarles), fui a una piscina, a un sauna, a un spa, a un gimnasio. No dormí en toda la noche, maté el tiempo hablando con un guardia de seguridad, y por la mañana convencí a todos de hacer una barbacoa. Tuve que pedirles dinero prestado a mis colegas para solventar toda esa diversión, pero en aquel momento no parecía un problema. Solo me estaba divirtiendo a lo grande.

    Al regresar, empecé la reorganización de mi despacho: lo llené de un montón de cosas innecesarias que tenían un valor sentimental para mí, pero que no cumplían las condiciones del régimen sanitario antiepidémico. Fue entonces que mis colegas sospecharon que me estaba pasando algo malo. También me divertí cuando me iba. El diagnóstico, dicho sea de paso, me lo di yo misma, pero ya adentro de la ambulancia. Fue confirmado. The Question

  • Tengo un trastorno obsesivo compulsivo. Y es una maldita tortura. Ninguna de mis acciones puede completarse sin realizar algún ritual, lo que también me hace perder un montón de tiempo. Siempre tengo pensamientos como:

    — “Si no giras este champú con la etiqueta para el otro lado, tu madre morirá dormida esta noche, y será tu culpa”.
    — “Si no enciendes y apagas la luz 10 veces, vomitarás esta noche” (también tengo fobia a las náuseas).
    — “Si no mueves este cuchillo a cierta parte de la mesa, uno de tus familiares se tropieza con él, se lo clavará y morirá, y será tu culpa”.

    Por lo tanto, absolutamente cualquier actividad diaria de repente se convierte en una situación fatal. Y, si realmente quieres sobrevivir, tendrás que tocar ese cargador portátil 80 veces, de lo contrario, si no es la muerte, como mínimo tendrás garantizado un ataque de nervios. Quora

  • Tengo el síndrome de Tourette: o sea que a veces la mano se me mueve bruscamente o grito todo tipo de palabras que una persona en su sano juicio se avergüenza de decir. Y lo más importante es que no controlo este proceso. Pero este no es un impedimento demasiado grave para mí y para mi novio. Solo tienes que tener la suficiente confianza y contar sobre tus trastornos y enfermedades al principio de la relación, para que luego nadie caiga en estupor al ver, por ejemplo, que tu mano se mueve compulsivamente y escuchar una avalancha de malas palabras saliendo de los labios de una dulce mujer.
  • El trastorno bipolar es manía y luego depresión. Durante mi manía, logro hacer un montón de desastres: drogas, insomnio, compras ilimitadas y un millón de cosas a medio empezar. Y luego llega la etapa de la depresión.

    Mi enfermedad comenzó en la escuela, cuando durante varias semanas estuve de muy mal humor, y luego fui al techo y traté de saltar. Luego, en la universidad: al principio me resultó muy difícil ir a clases: no tenía fuerzas, no tenía motivación y no tenía ganas, hasta que fui expulsada.

    La depresión se hacía cada vez más profunda y más larga. Dejaba mi trabajo, no salía de casa, no comía, no respondía las llamadas. Y lo más importante: no entendía lo que me estaba sucediendo y me culpaba por todo a mí misma, a mi pereza y mi desorganización. La depresión y la manía tienen esa característica: una pérdida inmediata de la capacidad de la crítica. Por lo que, sin importar qué tan extraño sea tu comportamiento y tus sensaciones, no te parece que sea una enfermedad. The Question

  • Para mí, lo peor del trastorno bipolar es que tengo miedo de ser demasiado feliz, porque no sé con qué tan profunda depresión tendré que pagarlo. Es como una montaña rusa: cuanto más subas, más bajo caerás. Tal vez sea por eso que la tasa de suicidio de personas que sufren este trastorno es de aproximadamente un 20%. Quora
  • Estudio astrofísica en la Universidad de Pensilvania (EE. UU.) y soy la fundadora del laboratorio universitario del estudio de los púlsares. Pero esta “nerd”, como seguramente habrás pensado sobre mí, durante mucho tiempo mantuvo un secreto aterrador. Tengo esquizofrenia.

    Apareció por primera vez en la escuela secundaria, y en la universidad traté de suicidarme, porque ya no podía soportar esta pesadilla: donde quiera que fuera, me seguía un payaso. Se burlaba de mí, me empujaba e incluso me mordía. También veía arañas, y eso me irritaba aún más, ya que no podía distinguir si eran reales o si se trataba de otra alucinación. Pero lo peor llegó con la aparición de una chica que se parecía al personaje de la película La señal. El problema era que ella podía hablar consigo misma y sabía exactamente cuándo y qué decir para desestabilizarme por completo. Cuando cuento todo esto, la gente comienza a tenerme miedo. Pero, en realidad, todos vemos, oímos y sentimos alucinaciones: solo que a algunos únicamente les pasa en las pesadillas, mientras que a otros también les sucede durante la vigilia.

    La gente que me rodeaba ni siquiera sabía acerca de mi realidad, sobre el hecho de que yo ni siquiera podía tomar nota en clases, porque “ellos” movían mis cuadernos.

    La mejor decisión que tomé, no solo en esta situación sino en mi vida en general, fue recurrir a los médicos. Incluso mi madre me decía: “¿Doctores? ¡Ni se te ocurra! No se lo cuentes a nadie. Esto no tiene que estar en nuestra anamnesis, piensa en tus hermanas, en su futuro. La gente pensará que estás loca y no podrás conseguir trabajo”. Solo diré una cosa: nunca permitas que nadie te convenza de no buscar ayuda médica. Hoy en día hay 51 millones de personas enfermas de esquizofrenia en la Tierra. Y uno de cada diez se suicida. Y, por lo general, son aquellos que no fueron a ver a un médico.

    En un determinado momento tuve que hacer una especie de coming out: escribí una enorme confesión en Facebook. Y me sorprendió el apoyo de los demás. Varios de mis amigos también confesaron que tenían esquizofrenia. Ahora soy fundadora de una organización sin fines de lucro de protección de estudiantes con enfermedades mentales. Sí, estamos enfermos. Pero no somos monstruos. Si tú o alguno de tus amigos se están enfrentando a este problema, recuerda: lo más importante es no guardar silencio y no tener miedo de buscar ayuda. TED

  • Tengo un trastorno obsesivo-compulsivo, y se expresa en el hecho de que absolutamente todo en mi vida tiene que ser simétrico, incluidas mis acciones. Esto lo hace todo más difícil y prolonga cualquier proceso, pero esta simetría es simplemente vital para que pueda tener una vida armoniosa. Lo explicaré con el ejemplo del teclado.

    Ahora mismo estoy escribiendo este texto. Presiono las teclas del lado izquierdo del teclado con mi dedo índice izquierdo. Y las teclas de la derecha, con el dedo índice derecho. Presiono el botón Delete, con el dedo anular de la mano derecha y Shift con el dedo anular de la mano izquierda. Todo es simétrico, todo es perfecto. ¡Pero! La tecla del espacio está en el medio, y para no perturbar el equilibrio, tengo que presionarla con los pulgares de ambas manos simultáneamente o hacer una alternación sucesiva, que siga un determinado esquema: por ejemplo, 2 veces consecutivas con el pulgar izquierdo, 2 veces con el derecho. Y así absolutamente todo el tiempo. Quora

  • ¿Cómo es el trastorno bipolar? Imagina que tomaste anfetaminas y lo olvidaste. La realidad cambiada parece ser la norma. Después de una semana de noches sin dormir, el mundo comienza a funcionar según las leyes que solo yo comprendo: “Soy una elegida desde que nací, todos mis familiares y amigos lo saben, pero lo esconden de mí”, “Mis padres no son mis padres, y por eso quieren que me muera”, " Mis manos tienen propiedades curativas, por lo que debo tocar a todo el mundo“.

    Después del primer episodio, el paciente muchas veces aprende a manipular con bastante éxito a los demás, incluyendo a los médicos, y no dar a conocer sus planes napoleónicos por un tiempo, lo que lo vuelve muy difícil de detener: hoy decidí que debo ir al mayor número de países posible con una “misión”, y mañana ya estoy volando Dios sabe dónde con el último dinero prestado. Las personas cercanas se convierten en enemigas por negarse a reconocer lo obvio (“soy la elegida”). La exaltación es sucedida por la paranoia y por ataques de pánico. Mi último episodio terminó con 7 noches tras las rejas por violación del orden público, posterior deportación de un país europeo y 2 meses en una clínica psiquiátrica. The Question

  • Una mujer sobre el trastorno ansioso-depresivo: “Mi marido se fue a un viaje de negocios por una semana, y comencé a tener miedo. El pensamiento de que algo podía pasarle y de que él iba a morir no me venía una o dos veces al día, lo pensaba constantemente. Y no me sentí mejor cuando él regresó. Caminábamos tomados de la mano por la calle, y me parecía que era todo, que eran los últimos minutos que lo veía con vida. Dejé de comer: ¿para qué, si está a punto de suceder lo más terrible?”.

    Su esposo: “Una persona normal necesita hacer un pequeño esfuerzo, de 0 a 5 en una escala de 10, para salir de su casa, comunicarse con alguien, trabajar. Una persona que vive con un trastorno mental necesita hacer un esfuerzo de 20 puntos solo para salir de la cama. Vivir así requiere mucho valor, y es muy importante para el ser querido recordar eso y elogiar a la persona. Yo elogiaba a Alia por servirse un café, por salir de casa, por volver del trabajo. Me recordaba constantemente que, en realidad, ella es una heroína”. Meduza

  • Hace 5 años comencé a salir con la mujer perfecta. Durante 2 años todo fue maravilloso para nosotros, y decidimos casarnos. Pero un par de meses después de la boda, su comportamiento cambió mucho: comenzó con el hecho de que repentinamente decidió dejar su trabajo (uno que realmente quería conseguir, y solo llevaba trabajando allí una semana), explicándolo por el hecho de que su jefe se le había insinuado. Luego, de repente, comenzó a beber, a fumar mucho y dejó de dormir. Resultado: ambulancia, hospitalización y diagnóstico de trastorno esquizoafectivo. The Question
  • Mientras estudiaba en Oxford, de repente perdí mucho peso, comencé a sentirme deprimida, y a murmurarme cosas en voz baja. No pensé para nada que estuviera enferma. Simplemente me consideraba una persona mala, defectuosa, estúpida y malvada. Pero un intento de suicidio me hizo recurrir a un médico. El diagnóstico fue: etapa inicial de un trastorno esquizofrénico. Psychology Today
  • En la universidad, era una estudiante exitosa y llena de energía. Al mismo tiempo, por dentro era infeliz, era insegura, tenía miedo a los que me rodeaban y al vacío interior. Cuando comenzó el segundo semestre, nadie podía siquiera imaginar lo que estaba a punto de suceder...

    Cuando pasó por primera vez, estaba saliendo de un seminario, tarareaba algo, buscaba alguna cosa en mi bolso y de repente escuché una voz tranquila que dijo: “Ella sale de la clase”. Miré a mi alrededor, pero no había nadie. Y sin embargo, estaba segura de haber escuchado esas palabras. Eso me conmocionó. Tiré los libros en las escaleras y corrí a casa. Allí la voz volvió a sonar: “Ella abre la puerta”.

    Habiendo aparecido una vez, la voz ya no desapareció. Durante todo el día, exponía todo lo que yo hacía en tercera persona. “Ella va a la conferencia. Ella va a la biblioteca”. A veces incluso parecía un buen amigo. Pero una compañera se enteró de ello, y luego, un psicoterapeuta. Mi temor creció a raíz de su pánico y entonces la voz dejó de parecer inofensiva. Es más, se multiplicó y se convirtió en un montón de voces. Me decían que si me ganaba su ayuda, podían volver mi vida normal como antes. Comenzaron a darme “tareas”. Todo empezó con pequeñas cosas, por ejemplo tenía que arrancarme tres pelos de la cabeza. Pero, poco a poco, las “tareas” se volvieron cada vez más extremas. Las voces me ordenaban que me hiciera daño o, por ejemplo, que le tirara un vaso de agua al maestro frente a todos los estudiantes. Y fue lo que hice. Desde entonces comenzó un círculo vicioso de desconfianza, miedo y falta de comprensión de los demás.

    Las voces se pusieron peor, comencé a ver cosas, y a decir incoherencias. Ya no era capaz de hacer que pararan y solo quería perforar un agujero en mi cabeza para hacerlas callar. Los médicos prácticamente se rindieron conmigo, solamente me llenaban de pastillas, y un psiquiatra una vez hasta llegó a decirme: “Eleanor, hubiese sido mejor que tuvieras cáncer. Es más fácil de curar que la esquizofrenia”.

    Pero mis seres queridos me dieron fuerzas para creer en mí misma, confirmando lo que yo siempre había sospechado: mis voces eran una reacción racional a los eventos traumáticos, principalmente de la infancia. No eran mis enemigos, sino una fuente de información de mis problemas emocionales. Antes que nada, me di cuenta de que necesitaba entenderlas metafórica y no literalmente. Por ejemplo, si las voces amenazaban con atacar mi hogar, aprendí a interpretarlo como mi propio miedo e inseguridad, y no como un verdadero peligro para mi hogar. Aprendí a descifrar el significado oculto de sus palabras. Si me decían que no podía salir de mi casa, les agradecía que me recordaran que en ese momento no me sentía segura y por darme la oportunidad de hacer algo para cambiarlo.

    Es más, un tiempo después pude convencerme no solo a mí misma, sino también a ellos, de que estamos a salvo. Establecí una relación con ellos y comencé a controlarlos. Al final, me di cuenta de que cada voz estaba estrechamente relacionada con un aspecto de mi personalidad y conllevaba una fuerte emoción que alguna vez no pude reprimir. Las voces solo es algo que vino a reemplazar mi dolor psicológico, es la parte más afectada de mí, tengo que respetarla, calmarla y compadecerme de ella.

    Después de haber logrado prácticamente rearmarme de a poco, dejé de tomar la medicación y regresé a la psiquiatría, pero ya en otro rol: tengo una magistratura en psicología, soy profesora en una universidad y por fin ayudo a otras personas descubriendo el verdadero significado de las voces en sus cabezas. TED

Ilustrador Daniil Shubin para Genial.guru
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