20 Usuarios de Genial cuyas experiencias dejarían a los de “El sexto sentido” sin palabras

Historias
hace 1 año

En ocasiones, la vida real puede superar a la película más espeluznante. Nunca falta la persona que asegura haber tenido un encuentro con lo paranormal, y algunas de sus historias rebasan tanto las leyes de la lógica que a veces hasta el más escéptico se detiene a dudar por un momento. Y los seguidores de Genial han demostrado no estar exentos de vivir experiencias que ponen la piel de gallina.

  • Cuando mi abuelo estaba en su lecho de enfermo, estaba tomado de mi mano y me dijo: “Mira” y señaló hacia los pies de su cama. Yo volteé y no vi nada, volví a mirar a mi abuelo y me dijo: “Mamá”, como si mostrara a su madre. © Blanca Elena Rodriguez Marin / Facebook
  • Yo no lo recuerdo, pero mi mamá me comenta que cuando yo tenía un año, o un poco más, en la temporada de Día de Muertos, le decía que no cerrara la puerta que daba al patio para que salieran y entrarán los nenes que estaban en la ofrenda. Tiempo después, a la edad de 9 años, a la semana de casi morir ahogado, comencé a tener sueños extraños, uno o dos por semana, y a ver sombras y personas pasando. © Ívan HA / Facebook
  • Nunca he visto fantasmas, pero tenemos un juego de comedor que le compramos a un señor cuando su hijo falleció. Lo vendió porque le recordaba a él. En la primera noche que tuvimos ese comedor, se escuchó que se movían las sillas y sonaban cadenas. Asustados, los tres que lo escuchamos fuimos a ver, pensamos que se había metido alguien a casa y no, las sillas estaban acomodadas. Desde entonces, cada vez que se va a morir alguien cercano a la familia, se escucha una silla moverse. © Floribeth Bonilla / Facebook
  • Mi hijo, a los 3 años, jugaba con un “amiguito imaginario”. Yo nunca le presté atención a eso, hasta que un día me dijo que el niño quería tomar agua, y yo le dije que no había nadie, me respondió: “Sí, está jugando conmigo”. Le dije: “¿Ah, sí? Bueno, dile que si quiere agua me tire de regreso la pelota”. Pues así fue, mi hijo lanzó la pelota, y el balón se paró a la mitad del pasillo y la tiraron de vuelta, casi me infarto. Luego de eso, ya con calma, le enseñé a que le dijera al niño que tenía que irse, pues tenía que seguir su camino al cielo. Unos días después, noté que mi hijo ya no jugaba con nada porque se sentía muy solo. © Laura Duque / Facebook
  • Recuerdo que, a los seis años, todas las noches, mientras estaba acostada, veía subir a la cama a personitas pequeñas o animales, aunque no sé con seguridad lo que eran. Pasaba sobre mí y se escondía del otro lado de la cama, que daba a la pared. Nunca dije nada, nunca me hizo nada, pero me aterraba saber que todas las noches lo vería. Además, veía caras horribles en los pliegues de la cortina. Se veía muy real y siempre fue antes de dormir. © Maria Laura Alvarez / Facebook
  • Mi primera experiencia al respecto fue a los 13 años; estaba con mamá en la cocina y ella me estaba encargando pan. En eso, escuchamos una voz como de una anciana diciendo: “Tengo hambre, quiero pan”, mi mamá solo preguntó: “¿Escuchaste?”. Y yo asentí despavorida, a lo cual ella me dijo: “No tengas miedo, en las paredes se queda el eco de las voces”. Fue horrible, pues tuve que salir a comprarlo y en todo el trayecto de regreso sentía que me pediría un pan.
    Años más tarde, ya casada, vi a un niño como de dos años sentado en la sala, era tal cual y lo recuerdo perfectamente. Lo miré incrédula y desapareció, no me dio miedo. © Lydia Oramas / Facebook
  • Cuando tenía cuatro años, soñaba con las pirámides, pero tenían mucha vegetación. Yo siempre me veía danzando, como una persona más grande, les entendía lo que decían y siempre mi sueño terminaba cuando me caía por las escaleras de la pirámide. Despertaba con un dolor horrible de cabeza y, a veces, me sangraba la nariz. Les platicaba a mis papás sobre mi sueño y mi papá se sorprendía, pues yo nací en el año 1991; no había tanta tecnología y no conocía nada sobre las culturas maya, azteca o mexica; desde entonces, veo cosas que van a pasar en el futuro. © Guadalupe Avila / Facebook
  • Recuerdo que siempre veía salir y entrar de casa de mis padrinos a un hombre. Lo veía en el baño y en todos los rincones. No me creían, pero una noche le comenté a la dueña de la casa y le dije que el señor de la silla era quien me cuidaba. Ella me preguntó: “¿Cuál señor?”. Y yo respondí que el de la silla. Ella me dijo: “¿Cómo es posible, si él murió antes de que tú nacieras?”, y le dije: “Bueno, ese señor es quien me cuida desde que yo era un bebé”. © Rey Rivas / Facebook
  • Les cuento que el día que mi hermana falleció, mi mamá se levantó muy temprano, junto conmigo. Yo me iba a trabajar y me comentó que había visto a mi hermana en un sueño con un vestido muy vaporoso y con el dobladillo lleno de globos. Entonces empezó a sonreírle y a decirle adiós con las manos, hasta que desapareció en el cielo. Después, alrededor de las 11 de la mañana, supimos lo de su muerte. Parece que vino a despedirse de mi madre y ella nunca lo olvidó. © Silvia Deschamps / Facebook
  • Estaba en la casa de una amiga y, mientras ella subió a arreglarse, me senté junto a su piano y toqué algunas teclas. En ese momento, una niña de vestido blanco se asomó por la escalera, estaba sonriendo y me saludó a la distancia, yo también hice lo propio. Miré al teclado para tocar una canción infantil y, al ver la escalera ya no estaba, supuse que se había ido con mi amiga. Cuando bajó, le pregunté con quién iba a dejar a la niña; ella me preguntó cuál niña. Subimos a buscarla y nunca la encontramos. Solo me dijo que el piano era una herencia de su madre fallecida. © Dulce María Rivera Contreras / Facebook
  • Yo tenía unos cinco años la primera vez que vi a mi tatarabuela mirándome en la cama y me tapé con las sábanas. A los pocos días, jugando con mi perrita, la vi paseando por el patio y no volvió nunca más. Era la primera vez que veía a un espíritu. He visto muchas sombras, y he vivido cosas paranormales que los sorprenderían. © Aloa Ruiz / Facebook
  • Yo quiero pensar que la gente que veo alrededor de mi cama son parte de mis sueños y no otra cosa. Un tiempo, veía niños; ahora, adultos, siempre observándome. Por eso rezo antes de dormir. Sin embargo, una vez me pasó algo horrible en un hotel. Mientras dormía, sentí que alguien se acercaba a mí, sonriendo, para tocarme, y lo hizo. Sentí su dedo helado tocándome la nariz. Eso fue horrible por el frío que sentí de esa mano. Era verano, estábamos a 26 grados. Desde entonces, duermo en hoteles con alguna luz encendida, nunca a oscuras. © Evelyn Stahl / Facebook
  • Cuando era chica, dormía en el cuarto de mi mamá con mi hermana. Una noche, yo tenía ganas de hacer del baño y estaba esperando un ratito más para no despertar a mi madre. En ese momento, me habló un hombre y empezó a platicarme de política. Me quedé muda y, como no le respondía, se sintió como si se hubiera roto el espejo que estaba atrás de mi cama. Y, después de 15 años, me vengo a enterar de que a mi hermana le pasó exactamente lo mismo. © Melina Barbiera / Facebook
  • Una noche, hace años, estaba mirando fijamente al patio por la ventana de la cocina mientras lavaba los platos. Vi pasar un perfil luminoso como de un hombre adulto desde la cabeza hasta la cintura; después de eso, creía ver forma de rostros como sombras sobre los anaqueles laqueados de esa cocina. © Lilibeth Llm / Facebook
  • Cuando tenía cuatro años, no me llevaron el día que enterraron a mi papá por ser muy chica. Mi hermano más grande quería ir al baño y tenía miedo, me dijo: “Acompáñame”, y fuimos. Él entró al baño y yo me quedé afuera, parada en la puerta; vi a mi papá con su pantalón de mezclilla y su chaleco rojo de siempre, y le dije a mi hermano: “Oye, ¿qué no mi papá está muerto?”. Él me contestó: “Sí”. Le respondí: “No es cierto, está parado en la puerta”. Mi hermano salió del baño y me jaló hacia el cuarto. Se lo conté a mi mamá y dijo que tal vez él se fue a despedir de mí, pues yo no lo vi al final. © Alba Zaragoza / Facebook
  • A los 9 años, estaba en un lugar que se llama La Estancita. Se nos hizo tarde para regresar a casa y tuve mi primer encuentro con lo extraño. Era pasada la medianoche mientras cabalgábamos y apareció una luz en una curva, alumbrando el camino. Los caballos comenzaron a bufar y los perros a llorar. A medida que nos acercábamos, la luz se metía al campo hasta que quedó en el piso. Mis tíos y yo dejamos de verla y seguimos la marcha. © David Rafael Velasquez / Facebook

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