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7 Cánones de belleza del pasado que hoy nos parecen realmente locos

Cada época tiene sus propias modas no solo para la ropa, sino también para la apariencia. En el pasado, los estándares de belleza llegaban a ser tan inusuales, que, para lograr el resultado perfecto, uno tenía que recurrir a medidas poco ortodoxas. Algunos ejemplos de eso son las tradiciones de vendar los pies o estirar el cuello con anillos de metal. Además, a veces, tales experimentos “de moda” no solo eran dolorosos, sino también peligrosos.

Genial.guru decidió averiguar qué otros “rituales” de belleza existían en las viejas épocas para compartirlos contigo y realizar un viaje de conocimiento a través del tiempo.

Cejas de diferentes colores

Las cejas son, quizás, la parte más sufrida del rostro humano cuando se trata de estándares de belleza. Así, por ejemplo, en la Antigua Grecia estaba de moda la llamada monoceja, y, si una mujer no la poseía por naturaleza, entonces usaba un “implante” especial hecho de pelo de cabra.

Sin embargo, los habitantes de la China medieval fueron aún más lejos: alrededor de los siglos II y III se pusieron de moda las cejas coloridas. Al menos, en la corte de uno de los gobernantes de la época. El emperador les ordenó a sus esposas que “usaran” cejas verde azuladas. Para cumplir con la voluntad de su esposo, las mujeres tenían que afeitarse las cejas existentes y luego dibujarlas nuevamente con una costosa tinta traída del exterior del país. Esto no solo le daba al emperador placer estético, sino que también demostraba prosperidad a los que lo rodeaban, ya que solo las personas muy ricas podían permitirse ese tipo de colores importados.

Sin embargo, esto no duró mucho, y las cejas naturales volvieron a ponerse de moda, aunque su forma podía variar de una extensión larga, “como la cola de una polilla”, hasta una corta y gruesa.

Frentes altas

De acuerdo con algunos historiadores, a finales del siglo XIV, la reina Isabel de Baviera se convirtió en la promotora de un extraño, según la moda moderna, gusto por las frentes altas y los cuellos de cisne. Para cumplir con los estándares de belleza, las mujeres se afeitaban el cabello de la frente y de la nuca y se depilaban las cejas. Las pestañas también padecían: a veces se eliminaban por completo no solo las de la parte superior, sino también las de los párpados inferiores.

Uñas largas

En China, las uñas largas han estado de moda durante varios siglos, y la razón de esto es bastante inusual: este “accesorio” demostraba que su propietario no tenía que hacer nada con sus propias manos ya que podía contratar sirvientes.

En la era de la dinastía Qing, la cual gobernó el país durante casi 300 años (hasta principios del siglo XX), esta moda alcanzó su cénit, y las uñas de algunos representantes de las clases altas podían alcanzar hasta los 25 cm de longitud. Es cierto que usarlas no era muy cómodo, así que muchos se limitaban a dejarse crecer solo las del dedo meñique y del dedo anular. Además, para no romperlas, comenzaron a ponerles unas “fundas” especiales que estaban hechas de metales preciosos y decoradas con piedras.

Piel pálida

La moda de la piel muy blanca llegó a su apogeo en Inglaterra en el siglo XVIII. Para lucir lo más blancas posible, las mujeres recurrían a medios muy exóticos, como estiércol seco de caballo. Sin embargo, lo más peligroso del asunto era el plomo, que se usaba para blanquear la cara. Las mayores concentraciones del metal estaban en la composición de la pintura roja, aplicada a los labios y a las mejillas para crear contraste. Además, la blancura de la piel de las bellezas era enfatizada por líneas que imitaban las venas, las cuales eran dibujadas con un lápiz azul.

Dientes blancos

Las personas de la época georgiana no solo decoloraban su piel, sino que sus dientes también sufrían. Para darles un tono de porcelana noble, usaban un polvo cuyo componente principal era el ácido sulfúrico. Por supuesto, el esmalte y los dientes mismos eran destruidos por esa clase de “cuidado”. Sin embargo, los adinerados clientes de los dentistas de la época podían permitirse unos implantes: se les colocaban los dientes de donantes que, por su propia voluntad, se los vendían a los médicos.

Después de la batalla de Waterloo se pusieron de moda las prótesis hechas con dientes de soldados caídos en el campo de batalla. A pesar del hecho de que los sustitutos de porcelana fueron inventados en la segunda mitad del siglo XIX, algunos dentistas se negaron a cambiar al nuevo tipo de prótesis, prefiriendo colmillos e incisivos “prestados” por los fallecidos.

Cabello claro

Gracias a Petrarca y a su musa, Laura, a quien invocaba en sus poemas como un ejemplo no solo de belleza, sino también de virtud, en el siglo XV nació la moda del cabello rubio. Para lograr un tono dorado, las damas teñían sus rizos. Lo cierto es que este procedimiento era mucho más largo que el de ahora y tomaba varios días. Así, en uno de los tratados del siglo XII, el proceso de teñido del cabello fue descrito en 2 etapas: después de aplicar la primera mezcla de varios componentes, la cabeza se cubría con hojas y se dejaba así durante 2 días. Luego se lavaba la primera mezcla y se aplicaba una segunda, que se quitaba solo al cuarto día

Cintura estrecha

Los antepasados de los corsés, los cuales apretaron los cuerpos femeninos durante varios siglos, eran conocidos desde la Edad del Bronce. Pero en el traje europeo aparecieron, según diferentes versiones, en el siglo XV o XVI. El apogeo de esta moda tuvo lugar durante el reinado de Catalina de Médici: en esa época, este artículo de vestuario podía reducir la cintura a 33 cm (aunque su tarea principal era crear una silueta más plana, sin ninguna clase de redondez), lo que tenía un efecto negativo en los órganos internos.

¿Crees que la belleza realmente requiere de ciertos sacrificios? ¿O piensas que la naturalidad es el mejor estándar a seguir? Comparte tus pensamientos con nosotros en la sección de comentarios.