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9 Objetos victorianos que oscilan entre lo maravilloso y lo macabro

Pocas sociedades han llamado tanto la atención por sus excentricidades como la que vivió durante la época victoriana. Desde su obsesión por la muerte hasta su fascinación por los seres más bizarros de la naturaleza, los victorianos tenían prácticas y aficiones que hoy nos resultarían de lo más extrañas. Además, utilizaban objetos que actualmente consideraríamos crueles, inútiles y hasta macabros, y que, de usarse ahora, harían estallar debates en todas las redes sociales.

Genial.guru investigó un poco más sobre objetos de la era victoriana que hoy harían fruncir el ceño a más de uno.

1. Cartas de seres extraños

Palacio del sur de Londres.
Solo por doce noches.
Empieza
el lunes 23 de febrero, 1874.

La Inglaterra victoriana vio surgir nuevos modos de entretenimiento, como lo fueron los espectáculos de “maravillas de la naturaleza”. Impulsados por la fascinación de las masas por las rarezas físicas y el más allá, los espectáculos de “fenómenos”, como la mujer barbuda y hombres gigantes, emprendían giras en ferias y circos para vislumbrar a los asistentes.

Señorita Hércules.
Katie Sandwina.

Detrás de todo el espectáculo, los involucrados trabajaban sin parar para hacerse un nombre para ellos y su negocio, por lo que muchos, entre ellos P. T. Barnum, el más exitoso de su época, apelaron a la venta de mercancía como “cartas de seres extraños”, las cuales eran coleccionables, intercambiables, y poseían imágenes de las celebridades del circo. Una especie de cartas Pokémon de la época.

2. Acuarios

Las personas del siglo XIX vieron cómo el mundo conocido comenzó a cambiar ante sus ojos gracias a las expediciones marinas, viajes científicos y descubrimientos de maestros como Charles Darwin y Alexander von Humboldt. Ello, unido a la fascinación de los victorianos por un océano misterioso que no acababan de comprender, los llevó a querer poseer y presumir de un “océano a escala” en casa. Y no se trataba de simples peceras que no albergaban nada más que un puñado de peces, sino que eran acuarios que acogían todo un ecosistema diminuto de animales y plantas acuáticas.

Normalmente fabricados con una base de hierro y paredes de cristal, los acuarios surgieron como piezas decorativas de lujo que permitían a sus dueños maravillarse y entretenerse con aquella muestra de vida marina, y ya en 1858 se los concebía como un adorno familiar establecido. Tanto los acuarios de agua dulce como de agua salada se convirtieron de la noche a la mañana en decoración y pasatiempo de los hogares británicos más pudientes, por lo que no tardaron en popularizarse un sinfín de libros sobre su construcción, almacenamiento, mantenimiento y filosofía.

3. Paneles de modestia para cubrir los tobillos

“Si levantamos nuestras faldas, ellos dirigirán sus ojos al nivel de nuestros tobillos”.

El pudor era una virtud central en la psique victoriana, por lo que estaba presente en todos los ámbitos del día a día. Se consideraba tabú mostrar partes del cuerpo consideradas sensuales, entre ellas, el tobillo, lo cual era un problema cuando una mujer tomaba asiento en púbico, ya que la basta del vestido naturalmente se recogía al inclinar sus piernas.

Pero como los victorianos eran inventores por naturaleza, se las apañaron para cubrir esa “indecente” parte del cuerpo en un espacio público como lo era el autobús. Los vehículos victorianos contaban con “paneles de modestia”, que no eran más que tablas de madera que se apoyaban o clavaban en el suelo y que aseguraban que los tobillos de las mujeres no fueran visibles cuando estaban sentadas.

4. “Pasta dental” negra

La pasta dental es un “lujo” moderno que no existía en el siglo XIX, pero eso no significa que a la gente de la época le gustara andar sucia u olorosa. Por ello se preparaba una receta casera de pasta de dientes elaborada con miel y carbón para blanquear los dientes y mostrar una mejor sonrisa.

5. Electroterapia

Fuerte y feliz.

En el Reino Unido, la electroterapia se empleaba para tratar numerosos problemas médicos tan disímiles como la gota, el dolor muscular, migrañas, artritis y hasta ansiedad. Fue idea e invención del físico Isaac Pulvermacher, quien bautizó a su invención como “cinturón hidroeléctrico”.

El aparato era básicamente una serie de pequeñas baterías ajustadas a una correa con dos cierres en cada extremo. La sociedad de la época se volcó a probar y adular los resultados del “cinturón mágico”, incluyéndose entre uno de los valientes el escritor Charles Dickens.

6. Botellas de lágrimas

Algunos creen que la tradición empezó en los tiempos del rey David y la Antigua Roma, mucho antes que la reina Victoria tomara el mando de Gran Bretaña. Sin embargo, los victorianos la recuperaron.

Se trataba de recolectar las lágrimas derramadas por la muerte de un ser querido en botellas con tapas especiales que permitían que estas se evaporaran. Cuando desaparecían por completo, eso indicaba que el período de duelo había terminado. Hay quienes dudan que esta costumbre se haya extendido, pero en una época plagada de guerras y enfermedades, esta moda les hubiera quedado como anillo al dedo a las personas.

7. Papelería y tarjetas de memoria

Tuberculosis, la guerra de Crimea, higiene deficiente y partos complicados hicieron de la época un período de muchas pérdidas humanas. La muerte pisaba los talones de los ricos y pobres, por lo que la sociedad estaba familiarizada con las prácticas que rodeaban estos eventos, desde la planificación del funeral hasta la última fotografía del difunto. Entre ellos, un objeto resaltaba por ser muy temido: la papelería y tarjetas de luto.

El fallecimiento de un familiar se comunicaba a sus más cercanos y conocidos por medio de una papelería cuyos membretes de líneas negras indicaban la naturaleza de la triste noticia. Por ello existen pasajes de las obras de Charlotte Bronte que describen escenas donde la papelería de luto se roba el protagonismo.

8. Bolas de cristal

Desde los inicios de la humanidad, el hombre ha intentado conocer su futuro y hablar con sus antepasados fallecidos a través de prácticas consideradas mágicas. También intentó hacerlo en el siglo XIX, solo que, en esa época, la moda espiritista popularizó un objeto muy interesante: la bola de cristal. Su uso era tan común que incluso podemos encontrar libros guía para clarividentes, como uno donde se explica que la bola de cristal debía “magnetizarse sobando su superficie con la mano derecha por unos cinco minutos”.

9. Inodoros explosivos

Las casas victorianas alojaban un mal perenne en sus baños: el inodoro. La fontanería y el sistema de alcantarillado eran relativamente nuevos, por lo que aún tenían muchas deficiencias por resolver. Una de ellas era la explosión, aparentemente sin causa, de los inodoros, que llegaban a infligir quemaduras graves y, en ocasiones, la muerte. Y es que el gas el metano que expedían los desechos humanos se acumulaba en el desagüe, por lo que incluso la inocente llama de una vela era suficiente para provocar una explosión.

¿Qué pieza te pareció más curiosa o extraña? ¿Qué objeto moderno piensas que generará muchas preguntas en el futuro? Cuéntanos en la sección de comentarios. ¡Estamos ansiosos por leerte!