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Cómo me animé a tener una boda sin invitados, ahorré mucho dinero y me libré de personas tóxicas

Cada chica, al menos una vez en su vida, se imagina caminando hacia el altar con un vestido blanco como la nieve y un ramo entre sus manos. Pero los tiempos están cambiando, y cada vez hay más parejas que desafían las reglas, los estereotipos y a los parientes conservadores, convirtiendo una boda que debería ser celebrada a gran escala en una fiesta solo para dos. Eso es lo que hicimos mi esposo y yo. Y, a pesar de que nuestra boda no tuvo un gran pastel, invitados o siquiera la presencia de nuestros padres, consideramos que, de igual forma, fue día es el más feliz de nuestras vidas.

Les contaré a los lectores de Genial.guru qué tipo de ventajas tiene una boda celebrada con modestia y qué problemas enfrentarán los novios si se atreven a no invitar a nadie a su casamiento.

Cómo empezó todo

El hecho de que no celebraría mi boda fue algo que decidí hace mucho tiempo, aun siendo estudiante. En ese entonces, una de mis amigas se casó, y, para celebrar el evento a gran escala, sus padres y los padres del novio sacaron enormes préstamos. Hubo brindis, cena en un establecimiento de élite y anillos de diamante. Los recién casados ​​vivieron juntos un poco menos de un año y se divorciaron. Y los pagos bancarios se convirtieron en un recordatorio mensual de un matrimonio fallido.

Fui testigo en la boda de otra amiga. Ese matrimonio también fue celebrado a gran escala: un vestido magnífico, un lujoso restaurante y cien invitados. La novia me confesó que, además del dinero, hay muchos más problemas asociados con la organización de una boda. Solo la elección del vestido alcanza para estresar hasta a la persona más calmada. ¿Y cómo decidir a quién invitar y a quién no? ¿Y cómo elegir un lugar, un fotógrafo, un estilista, un baile de boda, un DJ? Resultó que todo eso fue un infierno para los novios. Cuando le pregunté por qué lo había hecho a pesar de todo, en lugar de tener una celebración modesta, ella respondió que los padres y amigos “no lo entenderían”. Pero después de esa conversación, la que entendió algo fui yo. Me di cuenta de que definitivamente nunca celebraría una boda en el sentido tradicional de la palabra.

Cuando mi novio y yo decidimos casarnos, yo tenía 25 años, y él, 27. Antes de eso, habíamos estado viviendo juntos durante varios años, y realmente no pensábamos en formalizar nuestra relación. Muchas mujeres expertas en psicología dicen que, si conviven antes del matrimonio, “un hombre nunca se casará”. Pero no estoy de acuerdo con eso: en el mundo hay muchas parejas que son increíblemente felices sin el sello en sus pasaportes, y parejas que sufren viviendo en un matrimonio fallido. Por lo tanto, no me concentraba en eso, sino que estaba sumergida en mis estudios, en mi carrera y en disfrutar la vida junto a mi amado.

Por lo general, solo hablábamos de la boda en broma. Pero una noche nos dejamos llevar por esas conversaciones y nos dimos cuenta de que queríamos hacerlo. Por la mañana, mi elegido me llevó a la oficina del registro civil. Yo estaba en shock, pero terminamos presentando la solicitud. Y lo hicimos tan rápida y fácilmente, que me costaba creer que todo aquello estuviera sucediendo de verdad.

Al principio queríamos celebrar la boda modestamente, invitando solo a las personas más cercanas. Después de todo, yo, como cualquier otra chica, me sentía incómoda ante la idea de no invitar a los amigos y familiares. Pero cada vez que comenzaba a pensar en las preparaciones y recordaba lo que había visto cuando fui testigo, quedaba aterrorizada. Así que tomé una firme decisión: ¡no! No habría boda en absoluto. Además, después del casamiento, planeábamos irnos de vacaciones.

Afortunadamente, mi novio me apoyó, al igual que mis padres. Cuando le dije a mi madre que me casaría, pero que no habría boda, primero me miró de manera extraña, pero luego me dijo: “¿Sabes qué? Está bien. Tu papá y yo la celebramos, pero ¿qué sentido tiene? Llevamos mucho tiempo sin siquiera hablar con quienes fueron nuestros testigos, al igual que con la mayoría de los familiares. En ese entonces gastamos un montón de dinero y, encima, quedamos absolutamente exhaustos”.

Sobre el gran día

El día de la boda, no estaba para nada nerviosa. Además, dado que solo les dijimos que nos casaríamos a nuestros padres y a algunos de los amigos más cercanos, logramos evitar preguntas innecesarias como “¿quedaste embarazada?” “¿Por fin lo convenciste de que se casara contigo?”, etc. Todo era simple y asumido, como cuando haces algo que se supone que debes hacer. Pensé que los nervios llegarían ni bien entráramos a la oficina del registro civil, pero no sucedió ni siquiera allí.

Antes de la firma del “sí”, una empleada de la oficina del registro civil se acercó a nosotros y nos preguntó si realmente no queríamos una ceremonia solemne. Asentimos con la cabeza. Ella levantó una ceja con incredulidad, nos miró con pesar y luego nos invitó a la oficina. Curiosamente, incluso nos dio un discurso conmovedor e hizo una señal para que intercambiáramos anillos. Fue un momento muy emotivo y, según nos dijeron nuestros conocidos, rara vez se puede esperar un gesto así de los empleados de la oficina del registro civil si no pagas una ceremonia solemne y la marcha de Mendelssohn.

La falta del exuberante vestido blanco que cuesta una suma considerable es otra gran ventaja. De hecho, un vestido de novia usado es muy difícil de vender, y muy pocos se deciden a alquilarlo debido a diferentes supersticiones. Como resultado, el atuendo de princesa termina acumulando polvo en el armario durante años. Elegí mi traje de novia en aproximadamente una hora. Fueron unos pantalones blancos y una blusa blanca por 80 USD. También me hice un peinado en una peluquería. El novio estaba encantado, y el costo fue de alrededor de otros 20 USD. En el futuro, podré usar ese traje tanto para encuentros con amigas en un café como para reuniones de trabajo. En cualquier caso, ciertamente no le espera el destino de quedar guardado hasta el final de los días.

Fuimos solos al registro civil y luego celebramos el nuevo estado civil en un restaurante cercano. Allí, bajo la influencia de las emociones y un par de copas de champaña, decidí compartir el evento en las redes sociales. “¿Por qué ocultarlo?”, pensé, y publiqué una de las memorables fotos. Ni siquiera podría haber imaginado a lo que llevaría eso.

Lo que enfrentamos después de una boda “para dos”

Al final, resultó que nuestra decisión nos ayudó a identificar a los amigos reales de nuestro entorno. Por ejemplo, una pariente con la que llevábamos varios años sin hablar, de repente recordó mi número y me escribió un mensaje con un reclamo, ¿cómo podía no haberla invitado a la boda? Ninguna de mis explicaciones de que no habíamos tenido una fiesta como tal logró tranquilizarla. “¿Cómo es eso? ¿Nada, nada de celebración? ¿Ni siquiera para los parientes más cercanos?”, seguía diciendo indignada. Ni siquiera para los parientes más cercanos. Sí, y hasta tuvimos el atrevimiento de celebrar nuestra boda en un restaurante solo nosotros dos.

Y una amiga íntima directamente decidió ignorar el hecho de que me había casado, aunque ella fue una de las pocas personas a las que les había contado sobre el próximo evento. Más tarde, supe por amigos mutuos que ella no me felicitó intencionalmente y que se sintió terriblemente ofendida por el hecho de que no la hubiera invitado. Y eso que yo le había dicho reiteradas veces que no planeábamos celebrar.

Después de la boda, nos fuimos a unas vacaciones cortas, casi una luna de miel, pero solo duró una semana. Cuando compartí la publicación de la boda, y luego un par de fotos del descanso, varias personas me eliminaron de su lista de amigos sin siquiera decirme nada. No sé cuáles fueron sus motivos, pero ese extraño acto habló más elocuentemente que cualquier palabra.

Pero también hubo algo muy bueno que, literalmente, derritió mi corazón y aún sigue calentando mi alma. Ese día recibí muchos saludos y deseos de felicidad de personas de quienes no esperaba palabras tan amables. Hemos renovado o mejorado la relación con algunos de ellos. Creo que una boda celebrada así ayuda a ver el rostro verdadero de las personas que te rodean, a comprender quién te quiere sinceramente y quién solo quiere que lo creas así.

Y algunas conclusiones

Cómo celebrar una boda es asunto de cada quien. Si siempre has soñado con una magnífica celebración, definitivamente no debes privarte de ese placer. Pero si tus parientes y amigos quieren ir a la boda más que la novia y el novio, vale la pena pensar cien veces antes de decidirse por un placer tan dudoso.

Una boda es una excelente manera de evaluar tus ingresos objetivamente. Las tradiciones nos dicen que los recién casados ​​deben celebrar un nuevo estatus a lo grande, pero las estadísticas indican lo contrario. Los científicos han descubierto que las parejas que gastan en su boda hasta 10 000 USD tienen casi 3,5 veces menos probabilidades de divorciarse que las parejas que gastan más de 20 000 USD. Y aquellas en las que el hombre compra un anillo de compromiso por entre 2 000 USD y 4 000 USD se divorcian 1,3 veces más a menudo que los enamorados que eligen sortijas que valen entre 500 USD y 2 000 USD.

En cualquier caso, el día de la boda debe ser, en primer lugar, de la forma en que lo quieren los novios. Sea rodeados de cientos de invitados o en un círculo estrecho de las personas más cercanas. En un magnífico vestido en el que te sientes como una reina, o en cómodos jeans en los que te sientes como tú. La felicidad familiar definitivamente no se mide por la cantidad de personas presentes en la boda y por la cantidad de regalos recibidos. Y todos tienen derecho a hacer lo que su corazón y alma le manden. Al final, ese día será solo de ustedes, y nadie más tiene derecho a aconsejarlos sobre si debe ser magnífico o tranquilo, y si vale la pena gastar 1 000 000 USD o si será suficiente con las tarifas estatales de la oficina del registro civil.

¿Cómo celebraste o planeas celebrar tu boda? ¿Qué opinas de la iniciativa de esta muchacha? Cuéntanos en los comentarios.