Puse mi felicidad como prioridad, aunque eso significara no salvar a mi nieta

Una de las comedias románticas más queridas hasta hoy es La boda de mi mejor amigo, con la inigualable Julia Roberts. Su mezcla de romance, humor y un final poco convencional la convirtió en un referente del género. Si viviste en los 90, seguro la viste (o al menos oíste hablar de ella). No solo brilló por su elenco y su historia ligera, sino que también nos dejó algunas lecciones.
A veces, pequeños detalles pueden alterar por completo el rumbo de una historia. ¿Habría sido igual de icónica con algunos cambios? Nunca lo sabremos, pero podemos divertirnos imaginándolo.
Esta escena es una de las más recordadas de la película y la realidad es que no fue actuada ni montada, eso fue un karaoke real, una canción real con las letras apareciendo en los monitores y Cameron Díaz estaba en pánico. El director lo quería así porque entre más nerviosa y mal cantara la actriz, mejor quedaría la escena.
Todos sabemos que al final la protagonista se queda sin novio en la boda, pero no está sola, su otro mejor amigo, George, la acompaña y bailan toda la noche. Sin embargo, ese no iba a ser el final que tenían escrito. Ella, iba a conocer a un hombre guapo en la boda, dando a entender que encontraría el amor y se quedaría con él.
Igualmente, Kimmy perdonaría a la protagonista por hacer que casi se cancelara la boda, sin darle batalla ni reprocharle. Quedó mucho mejor de esta manera, con Kimmy gritándole en los baños, porque empodera un poco al personaje de Kimmy y consigue decirle lo que realmente piensa de la situación. Le da más poder y un mejor mensaje.
La icónica escena en la que toda la familia canta I Say a Little Prayer en el restaurante casi no existe. No estaba en el guion, pero en un arranque de inspiración, el director lo comentó con su esposa y decidieron incluirla. Al final, eligieron esa canción porque era de esas que “todo el mundo conoce” y no puedes evitar cantar. ¡Y vaya que fue un acierto! Se ha convertido en una de las escenas más épicas de la película y de las comedias románticas.
Una de las primeras opciones para personificar el rol del amado novio/mejor amigo en La boda de mi mejor amigo fue Russell Crowe, ya que el director creía que era uno de los mejores actores que jamás había visto. Otro actor que fue considerado para el rol fue Matthew Perry, sin embargo, al final Julia Roberts prefirió compartir escena con Dermot Mulroney.
Hoy no podemos imaginar La boda de mi mejor amigo sin Julia Roberts, pero el papel de Julianne Potter casi fue para otra actriz. La primera opción era nada menos que Sarah Jessica Parker, pero tuvo que rechazarlo porque estaba a punto de comenzar las grabaciones de Sexo en la ciudad. ¡Quién diría cómo habría cambiado la historia con ella en el papel!
Julia Roberts y Cameron Díaz como Julianne y Kimmy fueron la combinación perfecta en La boda de mi mejor amigo. Su química en pantalla se sintió natural, y ambas brillaron en sus roles. Pero este dúo icónico casi no sucede, porque inicialmente tenían a otra actriz en mente para interpretar a Kimmy.
La elegida era nada menos que Drew Barrymore, pero Julia Roberts apostaba por Cameron Díaz. Gracias a su influencia, Díaz terminó llevándose el papel, y el resto es historia.
Julia Roberts era una de las estrellas más grandes de los 90, y su fama hizo que algunas escenas en Chicago fueran todo un desafío. En varias tomas, los fanáticos no dejaban de gritar su nombre, dificultando el rodaje. Un momento particularmente complicado fue la escena del bote, cuando pasaban bajo los puentes y la gente se reunía ahí solo para verla y gritarle.
A pesar de los contratiempos, el equipo logró filmar todo a la perfección, regalándonos una película que sigue siendo de las favoritas de muchos.
Como la icónica escena del karaoke fue completamente real, para Cameron Díaz, fue una auténtica pesadilla. La actriz confesó que estaba aterrada de cantar en público, pero su compañero Dermot Mulroney la ayudó a superar el momento. Durante toda la escena, él no dejó de mirarla y susurrarle palabras de aliento: “Tú puedes, tú puedes hacerlo”.
Aun así, la ansiedad no desapareció por completo, y tuvieron que repetir la escena varias veces. Al final, su nerviosismo hizo que el momento fuera aún más genuino y entrañable, convirtiéndolo en uno de los más memorables de la película.
En algún momento se consideró hacer una secuela de La boda de mi mejor amigo, pero con un giro inesperado: esta vez, Julianne iría tras su otro gran amigo, George, interpretado por Rupert Everett. La historia se repetiría, con ella intentando evitar otra boda.
Sin embargo, la idea nunca pasó de la fase de discusión. Coordinar a todo el elenco resultaba complicado, y al final, el proyecto quedó en el aire.
Esta película fue innovadora en su época, rompiendo esquemas al no darle a la protagonista el típico final romántico. Pero más allá de eso, nos dejó valiosas lecciones sobre el amor, la amistad y las relaciones. Y, por supuesto, nos regaló un himno inolvidable: I Say a Little Prayer. Basta con escucharla para que de inmediato nos venga a la mente La boda de mi mejor amigo y nos saque una sonrisa.
Después de tantos años, sigue siendo una de esas películas reconfortantes que nunca pasan de moda. Tanto es así que Dermot Mulroney confesó en una entrevista: “Pienso en estos chicos todos los días, porque la gente se me acerca y menciona esta película todos los días durante los últimos 22 años”. Y es que cuando una historia y sus personajes son tan buenos, es imposible olvidarlos. Por eso, La boda de mi mejor amigo sigue siendo tan especial.
La boda de mi mejor amigo sigue siendo una de esas películas que podemos ver una y otra vez. ¿Cambiarías algo de la historia? ¿Qué otra película de los 90 se te hace imperdible?