15 Médicos con tanto humor como talento, que siempre tienen la respuesta perfecta

Historias
hace 16 horas

¡Durante una consulta médica puede pasar de todo! Y qué alivio cuando el doctor tiene buen humor y sabe salir con elegancia de las situaciones más incómodas. Aunque, a decir verdad, hay pacientes que logran hacer reír a carcajadas hasta al médico más serio. Justamente así les pasó a los protagonistas de estas historias.

  • Cuando mi esposa estaba dando a luz, el doctor le decía: “¡Puje, puje, querida!”. Luego agregó: “Ahora voy a apretar un botón y vas a dar a luz”. Mi esposa respondió: “¡Ay!”... y dio a luz. Resultó que el “botón” era su ombligo. Llevábamos ya 23 años recordando aquella escena. © Aleksandr / Dzen
  • Estaba en la última consulta con la terapeuta tras un tratamiento en un centro médico. Me preguntó:
    —¿Siente alguna molestia?
    —Sí. Cuando levanto el brazo, me duele el hombro.
    Y ella, tan tranquila, me respondió:
    —Pues no lo levante.
    Fin de la consulta. © Andrey Vodnitskiy / ADME
  • Durante un chequeo médico de rutina en la clínica del trabajo, entré al consultorio del urólogo. Revisó mis resultados de ultrasonido y me dijo:
    —Tiene que ver a un urólogo de su zona, vaya a tal clínica.
    —¿Sabe quién atiende ahí? —le pregunté.
    —Sí. Yo —me respondió. © Angelina G. / Dzen
  • Fui al ginecólogo. Me dijo: “Anda, súbete rápido a la camilla”. Lo hice, empezó con una revisión algo complicada, todo parecía normal. Pero de repente me miró y exclamó:
    —¡Vaya! ¡Hoy sí traes calcetines iguales!
    En esa época tenía muchos calcetines con estampados y no me preocupaba por combinarlos. Esa fue la primera vez que usé un par igual... ¡y justo la doctora lo notó en el momento más incómodo! © rahyveshachr / Reddit
  • Estaba en el quirófano y el doctor me acomodaba una vez, otra vez... “Más abajo, ahora más arriba”. Le dije:
    —Doctor, si me mueve una vez más, la piedra del riñón se va a salir sola.
    Él se rio:
    —¿Está bromeando? Genial. Pero recuerde, el que ríe al último...
    Me colocó la mascarilla y con voz dulce dijo:
    —¿Y bien? ¿A dormir? © Ekaterina / ADME
  • La primera vez que fui con mi dentista actual, tuvimos este diálogo:
    —¡Wow! Todavía tienes las cuatro muelas del juicio.
    —Sí, nunca me las han quitado.
    —Ni falta hace. Tienes espacio de sobra ahí atrás. ¡Qué mandíbula tan ancha! No te asustes, es normal, solo que también tienes la cabeza muy grande. © AquaticOwl64 / Reddit
  • El terapeuta me había mandado con el neurólogo. La enfermera me llevó al consultorio, pero no estaba el doctor, solo otra enfermera. Me dijeron que esperara, que ya venía. De rato entró un tipo con bata.
    —¿Usted es el doctor? —le pregunté.
    Y él, sonriendo, respondió:
    —¿Y quién más entra con bata blanca al consultorio?
    Le seguí la broma:
    —El laboratorista. La puerta de enfrente es del laboratorio.
    Luego leyó mi historial, me rodeó, me miró y comentó:
    —Tienes la parte superior estrecha y las caderas anchas, ahí...
    Se quedó callado. Le ayudé:
    —Ahí, con el cambio de altura, se produjo el lumbago. Doctor, escriba eso en el informe que ya me tengo que ir.
    Y así lo hizo. Pasó hace 15 años y aún lo recuerdo. © Svetlana S. / Dzen
  • Tenía una bronquitis tremenda. El tratamiento era largo y aburrido. Le dije al médico:
    —¿No se puede hacer como con los gatos en la veterinaria? Un piquete y se curan.
    Y él, sin inmutarse, respondió:
    —Pero usted no es un gato. © scipio79 / Reddit
  • Desperté de la anestesia. Entró el doctor a la habitación y yo, viendo doble, le pregunté:
    —¿Son médicos gemelos?
    Él, sin perder la calma, dijo:
    —Entendido. Luego regreso. © user9413676 / Pikabu
  • Una mañana nos levantamos y... mi abuela tenía la presión alta, mi papá estaba con un cálculo renal queriendo salir, y yo con anginas, fiebre y un moco kilométrico. El doctor que vino a casa dijo:
    —Parece que aquí dan enfermos al por mayor.
    Y al irse, preguntó:
    —¿Van al hospital todos juntos o por separado?
    Un verdadero comediante. © Oído por ahí / Ideer
  • Fui al médico. Me revisó la garganta y dijo:
    —¡Puaj! ¡Qué asco!
    —¿Ese es su diagnóstico profesional? —pregunté.
    —¡Ajá! ¡No había visto algo tan feo en semanas!
    Aun así, era un doctor simpático y yo sabía que bromeaba. Luego me recetó lo necesario y me mandó a casa. © wanderingstorm / Reddit
  • Mi papá era médico. Cuando yo tenía 13 años, me dijo que si respiraba por la nariz entraba oxígeno al cuerpo, pero si lo hacía por la boca, no. Y yo, de los 13 a los 23, traté de no respirar por la boca jamás. Fue ridículo. En esa época no había internet. A los 28 finalmente le pregunté por qué me había dicho eso, y respondió:
    —¿Qué? ¡Era una broma! © Oído por ahí / Ideer
  • Tenía una amiga muy tímida. A los 22 fue por primera vez al ginecólogo. Le hicieron las preguntas de rutina y luego la mandaron detrás del biombo para prepararse. Pasaron varios minutos escuchando ruidos y resoplidos detrás del biombo, hasta que el doctor, ya desesperado, le pidió que saliera. Ella salió de lado, y el doctor empezó a temblar y a contener la risa. Resultó que se había puesto la bata y el gorro que estaban colgados ahí. Pensó que era parte del procedimiento. Pero el doctor fue todo un caballero y solo dijo:
    —Adelante, colega, tome asiento. © alex1977 / Pikabu
  • Trabajé 16 años como trabajadora social. Me hacían chequeos médicos una o dos veces al año. Un día fui al ginecólogo. Me hizo las preguntas básicas y luego dijo:
    —¿Ha estado antes con un ginecólogo?
    ¡Por favor! ¡Tuve dos partos y trabajo con personas! Le dije:
    —¿Usted qué cree?
    Y ella:
    —¿Y quién le dijo que tenía sospechas de esta enfermedad?
    —¡Usted misma lo escribió!
    —¿De verad? © Yulia Seredenina / Dzen
  • Estaba con la terapeuta contándole mis malestares.
    —¿Ya ha ido con el gastroenterólogo? —preguntó.
    —No, pero si me recomienda a alguien, voy.
    —Vaya con la doctora tal.
    Me estiré para tomar una pluma que estaba en la mesa y anotar el nombre. La doctora me miró y dijo:
    —Solo tenemos una.
    Me sorprendí y le respondí:
    —La pluma, se la regreso.
    En ese momento, la que se sorprendió fue ella:
    —Me refería a la gastroenteróloga. Solo hay una. No hace falta que anote su nombre. Solo diga en recepción que quiere cita con la gastroenteróloga. Y plumas tenemos muchas.
    Nos reímos y cada quien siguió su camino.© MedeyaLara / Pikabu

Por cierto, ¿ya leíste nuestra nota sobre las historias más curiosas de salones de belleza? ¡Sin duda, te la recomendamos!

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