20+ Fotos e historias que nos recuerdan que la felicidad está en los pequeños momentos

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hace 1 hora
20+ Fotos e historias que nos recuerdan que la felicidad está en los pequeños momentos

A veces, para entender qué es la felicidad, basta con mirar a nuestro alrededor. No siempre se asocia con grandes acontecimientos; en ocasiones, una inmensa alegría puede surgir al reencontrarse con un amigo, con el regreso de una mascota perdida o con una simple cena familiar. Decidimos sumergirnos en el mundo de los placeres sencillos que iluminan nuestra vida y descubrimos que la felicidad se esconde en los pequeños detalles. Lo importante es saber apreciarlos.

“Hoy viví uno de los momentos más felices de mi vida: ¡pude abrazar a mi actor favorito, Matthew Lillard! ¡Es maravilloso!”

“¡Mi sueño se hizo realidad: por fin vi una aurora boreal! ¡Y fue justo en el patio de mi casa! ¡Una experiencia increíble!”

Cuando las cosas más simples traen alegría

  • Mi esposa y yo llevamos 20 años juntos. Nos conocimos cuando yo tenía 40 años, ella, 45; ya habíamos estado casados antes y teníamos hijos adultos. Desde entonces he vivido para ella. Por ejemplo, no le gusta limpiar las ventanas, así que, cuando no está en casa, las abro rápido y las dejo relucientes. Ella llega, lo nota y se ilumina de felicidad. Y, al ver su reacción, yo soy doblemente feliz. A sus 65 años, cuando se acuesta, se mete debajo de la almohada como una niña, porque sabe que ahí encontrará una naranja o un plátano. Si discutimos, no dura mucho: pasan 10 minutos, nos miramos, nos reímos, nos abrazamos y todo queda atrás. Ella también me cuida. En 20 años viviendo juntos, jamás he comprado ropa: ella se encarga de todo. Siempre me dice: “Quiero que te veas mejor que nadie, pero que seas solo mío”. Conoce lo que me gusta y, al igual que yo, me sorprende con regalos. Me considero la persona más afortunada del mundo, porque tengo a esta mujer que, siendo ya adulta, sigue siendo una niña que necesita amor y atención. © user10047974 / Pikabu

“Tengo casi 30 años, pero cada año, antes de Navidad, mi mamá saca el mismo calendario de Adviento hecho a mano que usaba en mi infancia y lo vuelve a llenar de golosinas para mí”

“Una hembra de búho, que parecía muy malhumorada, simplemente me abrazó”

“¡Mi mamá y yo nos graduamos de la universidad!”

Incluso un corte de cabello puede hacer feliz a una persona

  • Hasta los 15 años, mi hija llevó el cabello largo, más abajo de la cintura. Lo tiene abundante, ondulado, con reflejos castaños. Cansada, me preguntó: “¿Puedo cortármelo? ¡Lo quiero muy corto!”. Le dije: “No hay problema, el pelo no son los dientes, pero si no te gusta, ¡la culpa será tuya!”. Aceptó y la llevé a la peluquería. Ahora tiene la nuca casi rapada y, en la parte superior, unos 5 o 7 centímetros de rizos. ¡No he visto a alguien más feliz! Se siente libre, cómoda y lo está disfrutando al máximo. © Mukoviszidos / Pikabu

“Le tomé una foto mientras, por primera vez, le leía en voz alta un libro a nuestra hija”

“Mi esposo y yo donamos las flores de nuestra boda a un asilo local. Hoy, el personal las repartirá entre los residentes ¡Espero que le alegren el día a alguien!”

A veces, las cosas más simples, para alguien, son una gran alegría

  • Vivíamos en un pueblo, en una casa vieja y modesta. A mí me encantaba ese estilo de vida, pero mi esposa lo detestaba. Con lágrimas en los ojos, encendía la estufa de leña y lavaba los platos en una tina. Por extraño que parezca, en ese lugar literalmente perdía las ganas de vivir. La llevé a un departamento que alquilé por un año, ¡y mi mujer se alegró muchísimo! En un solo día organizó la mudanza, acomodó todo y dejó el lugar listo. Después de celebrar el cambio de casa, cuando quedó una montaña de platos sucios, los lavó bajo el grifo, llorando de alegría como una niña. La felicidad es diferente para cada persona. © Overheard / VK

“Siempre quise comprar un globo de colores, pero mis padres nunca me dejaron. ¡Hoy, con más de 30 años, por fin lo hice!”

“Nos conocimos por internet hace ya dos años y ocho meses, y desde entonces estamos enamorados. Hace dos semanas nació nuestro hijo. ¡Estoy feliz y emocionada!”

“Me casé con mi mejor amigo”

Algunas cosas son difíciles de explicar. Y no hace falta hacerlo

  • En Año Nuevo, mi papá siempre me regalaba una bolsa de mandarinas y un paquete de dulces. Al principio me molestaba, ¡ya era adulta! Después me hacía reír. Pero un día, papá ya no estaba. El 31 de diciembre, como siempre, estaba picando los ingredientes para la ensalada rusa cuando sonó el timbre. Abrí la puerta y era la vecina, doña María. Me dijo: “¡Feliz Año Nuevo!” y me entregó una bolsa de mandarinas y un chocolate, en agradecimiento por haberle ayudado hace poco a coser unas cortinas y a entender su celular. Sentí una ternura inmensa al recibir esas mandarinas. Sé que fue mi papá quien me las hizo llegar a través de ella.

“Encontré una taza que había estado buscando durante casi 30 años. Mi abuela me regaló una igual cuando era niña, pero se rompió durante un huracán. ¡Por fin he encontrado lo que buscaba!”

“Ahora, oficialmente, puedo tachar ‘abrazar a un corderito’ de mi lista de deseos”

“Al volver a casa después de un turno de 12 horas, descubrí que mi esposo había decorado el árbol de Navidad él solo”

Cuando éramos niños no necesitábamos mucho para ser felices

  • Año 1974. Yo tenía 5 años y era la víspera de Año Nuevo. Caminaba de la mano de mi mamá, de regreso a casa desde el jardín de niños, feliz, apretando en mi mano una pequeña esfera azul de vidrio espumado (de las que se usaban en la construcción de casas). Había soñado con ese adorno durante un mes entero, hasta que logré cambiárselo a un compañero por una caja con una película. Y cada vez que recuerdo ese momento, me doy cuenta de que, probablemente, nunca más en mi vida volví a sentir un nivel de felicidad tan grande. Aquel adorno era mágico! © HisHighness / Pikabu

“Mi esposo encontró a su alma gemela. Se enamoró, y a mí no me queda más que aceptarlo. Él y este gato tienen un vínculo especial; ahora siempre están juntos”

“Siempre soñé con pintar con acuarelas, pero estaba ocupado con el trabajo, la familia y las obligaciones... Y ahora, con casi 50 años, por fin entendí que, si quieres algo, simplemente hazlo y disfrútalo”

“Mi periquito se escapó hace dos meses y hoy por fin ha vuelto a casa. Resulta que unas personas amables lo encontraron, pero no sabían que lo estaban buscando. ¡Estamos juntos de nuevo! Lloro de alegría”

Las madres saben algo importante sobre la felicidad

  • En la víspera de mi boda descubrí que mi prometido tenía una aventura. Ni siquiera lo negó, solo dijo: “¿Y qué? ¡Aún no estamos casados!”. No sabía qué hacer: la boda estaba planeada para 80 invitados, y cancelarla me parecía vergonzoso y costoso. Se lo conté a mi madre. Ella no se compadeció de mí; simplemente me subió a su auto y nos fuimos al mar. Viajamos mil kilómetros hacia el sur. Ella misma se encargó de avisar a los invitados que la boda sería cancelada. Apagamos los celulares y pasamos dos semanas relajándonos en el mar, yendo a masajes, caminando por la orilla y conversando. Entonces comprendí cuánta alegría hay en las cosas simples. Mi madre me dijo que lo vergonzoso no es cancelar una boda, sino casarse con alguien que no te respeta ni te valora. Que lo costoso no es perder el anticipo del salón, sino malgastar años de vida con una persona así, porque el tiempo no se compra con dinero. Y que la felicidad no está en un anillo en el dedo, sino en tener cerca a quienes realmente están contigo y para ti. ¡Cuánta razón tiene!

“Tengo 37 años y, por fin, vi el mar por primera vez. Después de 15 años trabajando sin vacaciones, corrí hacia el agua con lágrimas de alegría en los ojos, como un niño. ¡Tomarse unas vacaciones es algo maravilloso!”

“Este verano, en un evento de la empresa en un hotel campestre, conocí a este chico. Pensé: ‘Lo voy a conquistar, será mío’. ¡Y lo logré! Siempre le digo a mi gato que él es mi alegría”

“Ayer, mi esposo celebró su cumpleaños número 42 en un parque de diversiones junto a su mejor amigo. ¡Me encanta que todavía tenga corazón de niño!”

Cuando ya no hay fuerzas para seguir callando

  • Yo sí puedo presumir: tengo un hombre. Un hombre de verdad, completo. Si hace falta, puede abrir un frasco o alzarme en brazos. Puede arreglar la luz de la casa y encargarse de las ventanas. Puede quedarse dormido por la noche abrazándome fuerte. Puede traerme pastillas si me enfermo. Puede molestarse por la noche y, al día siguiente, andar con aire misterioso, como si nada hubiera pasado (aunque se enoja de forma graciosa y con ternura, y luego no puede ni sostenerme la mirada). Puede ir al supermercado y comprarme inesperadamente mi dulce favorito. Y por la noche, después de una jornada de doce horas, puede llegar cansado, sonreír en silencio, cenar y, como siempre, envolverme entre sus brazos antes de dormir. Puede mantener la casa limpia, con comida preparada y la ropa limpia. Si se me antoja, hasta me da un masaje. Y si él se enferma, yo hago lo mismo: lo cuido con el mismo esmero y lo lleno de besos. Así es como se construye la pequeña y sencilla felicidad. Dicen que la felicidad se vive en silencio, pero no pude evitar contarlo. No se enojen. Ojalá todos la vivan así. © Yalloy / Pikabu

Y si te gusta disfrutar de imágenes conmovedoras, seguramente te encantarán nuestros cómics, con los que cualquier madre podrá sentirse identificada.

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