Bonita historia
Una ardilla bebé fue rescatada por una mujer que ahora es su “mamá”, y nos conmueve conocer el cariño que se tienen

El vínculo entre un animal rescatado y su cuidador puede llegar a ser muy fuerte. Eso es lo que sucedió entre una dulce ardilla y la mujer que la salvó. El animalito no podía volver a su hogar natural, así que Miki Farmer le ofreció el suyo. El cariño entre ambas fue creciendo tanto, que hoy no se separan ni un minuto.
La “mamá” de la ardillita le contó a Genial.guru cómo fue que la encontró y cómo es el día a día a su lado.
Cómo se conocieron
En la casa de un amigo en Florida, Miki Farmer encontró una ardilla abandonada en la base de un árbol. La puso en una caja por seguridad y esperó un par de horas para ver si su madre volvía por ella. La pequeña solo tenía unas pocas semanas de vida.
Como no lo hizo, la acogieron en su casa. La hija de Miki, que estudia para ser especialista en rehabilitación de vida silvestre, fue su cuidadora original y le dio biberón durante todo el día. Se dieron cuenta enseguida de que la ardillita era diferente, porque su pelaje tenía una textura inusual y su cola no tenía pelusa. En esas circunstancias nunca sobreviviría en la naturaleza.
Entonces, Miki decidió tener a la ardilla en su casa y darle todos los cuidados necesarios. La trataron con algunos suplementos con la esperanza de ayudar al crecimiento de su pelaje. Nada funcionó. De hecho, perdió una gran cantidad de piel corporal antes de que finalmente se equilibrara. Con el tiempo, le creció pelo en todas partes, excepto en la cola.
Después de unos meses de cuidados, la ardilla ya era parte de la familia. La bautizaron con el nombre de Sweet Pea (Guisante dulce). Cuando el animalito tenía catorce semanas ya no negaba a quién prefería. Ella mordía a cualquiera que quisiera abrazarla. Excepto a Miki. Y se volvieron inseparables.
Creando lazos de amistad y cariño
Ya hace dos años que Sweet Pea convive con Miki. Ella no quiere ver al animalito todo el día dentro de una jaula, así que hace lo posible por llevarla a su trabajo o a hacer las compras en el auto. El resultado es que cuidadora y ardilla pasan casi todo el día juntas.
Entre ambas nació un vínculo muy fuerte, casi como una amistad. A Sweet Pea le gusta jugar con el cabello de Miki, acomodarse entre los pliegues de su ropa y comer lo que ella esté comiendo. Arándanos, por ejemplo. Esconde nueces en sus zapatos y duerme acurrucada a su lado, mientras Miki le frota la barriga.
Los gustos de una ardilla
En una de esas salidas a la tienda, Miki descubrió que a su ardilla le encanta el té helado con limón sin endulzar. No es de extrañar que ir a comprar té helado se haya convertido en parte de la rutina diaria. Cuando Sweet Pea ve el vaso, corre a destaparlo ella solita y feliz bebe su contenido. También ama las galletas y las batatas.
Un animalito con suerte
Sin lugar a dudas, Sweet Pea es una ardilla afortunada. Tuvo la buena estrella de ser rescatada, rehabilitada y vivir con alguien que la cuida y la mima. Ya no tiene que preocuparse de buscar su alimento y escapar de los depredadores.
Para Miki, quien la encontró y ahora es su cuidadora, ella es la afortunada. Tener a esta dulce ardillita en casa, es una de las mejores cosas que le ha pasado. Tanto, que ya no imagina la vida sin Sweet Pea correteando alrededor. Está muy agradecida por tenerla y ser de alguna forma una “mamá” para la pequeña ardilla.
¿Qué opinas de esta historia? ¿Alguna vez tuviste la oportunidad de rescatar a un animal herido? ¡Nos gustaría conocer esa experiencia!
Comentarios
Nunca pensé que las ardillas fueran tan amorosas
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