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11 Símbolos ocultos en “La persistencia de la memoria” que permiten también entender otras obras de Dalí

“El surrealismo soy yo”, dijo Salvador Dalí. Un rebelde excéntrico y un genio reconocido todavía durante su vida que creó más de mil quinientas obras. Una de las más pequeñas, pero al mismo tiempo, la más copiada, es “La persistencia de la memoria”. Este lienzo que mide solo 24 por 33 centímetros provoca discusiones acaloradas entre los críticos de arte hasta nuestros días.

En Genial.guru nos hemos sumergido en el mundo del surrealismo y desciframos el significado oculto de esta obra maestra de la pintura. Muchos de los objetos de este cuadro son las marcas de “firma” del maestro y deambulan de una obra a otra.

Según los extractos de diferentes entrevistas y las cartas del propio Dalí, la historia de la creación de este cuadro fue la siguiente. A Salvador le empezó a doler la cabeza y su esposa Gala se fue con sus amigos al cine sin él. El artista se quedó solo y comenzó a contemplar vagamente la habitación. El queso camembert, bajo los rayos del sol, se derretía lentamente sobre la mesa. Y fue este queso derritiéndose lo que generó la idea de los relojes blandos. Dalí, olvidándose por completo de su dolor de cabeza, se apresuró a plasmar esto en el taller. Allí, sobre el lienzo, ya estaba terminado por completo el paisaje de los alrededores de Portlligat. El artista agarró los pinceles y ¡listo! Sobre el paisaje aparecieron los relojes. Salvador, luego, se jactó de haber creado los “relojes derretidos” en dos horas. Cuando Gala regresó del cine, sobre el caballete ya estaba concluida una obra maestra.

1. Relojes derretidos. Simbolizan el tiempo no lineal. En pocas palabras, este es el tiempo donde el pasado, el presente y el futuro existen simultáneamente (por ejemplo, esto sucede durante un sueño). Es por esta no linealidad que podemos ver en una composición tres tiempos a la vez. El reloj que cuelga de un árbol sin hojas representa el pasado. Sobre la mesa, fluyendo hacia el abismo, el presente. En un objeto dormido: el futuro. Al descifrar los objetos, puedes leer por qué cada uno de los relojes se coloca en una superficie determinada: esto no es nada casual.

2. Un oval naranja. El objeto que se encuentra en el borde delantero de la mesa también es un reloj. Pero este, a diferencia de los otros tres, es sólido, ya que simboliza el tiempo lineal, donde el pasado y el presente ya no existen simultáneamente. No podemos controlar este reloj: se mueve de manera imparable hacia adelante. El artista se niega a reconocer ese tiempo, por lo que pone el reloj boca abajo y encima coloca hormigas. ¿Qué significan estos insectos? Lo sabrás en el siguiente párrafo.

3. Hormigas. Estos insectos, literalmente, han cubierto el reloj naranja. Las hormigas, en todas las obras de este maestro, significan podredumbre, decadencia y muerte. Esta asociación la contempla el el artista desde su niñez. Una vez, el pequeño Salvador vio hormigas pululando en un murciélago muerto y este hecho le impactó. Aquí, en el cuadro, las hormigas están encima del reloj: un símbolo de la fugacidad de todo lo terrenal.

4. La mosca. Para Dalí, las moscas eran “hadas del Mediterráneo”. En “Diario de un genio”, escribió: “Aportaban inspiración a los filósofos griegos que pasaban la vida bajo el sol, rodeados de moscas”. En la mosca, el autor cifró a su musa: la inspiración que le invadió cuando creaba este cuadro.

5. El objeto que se derrite. Algo se derrite sobre la tierra. Sin embargo, si das rienda suelta a tu imaginación, serán claramente visibles los contornos de un rostro de una persona dormida: una nariz con una inclinación característica, la lengua, pestañas e incluso una ceja rubia. Este es un autorretrato del artista. “Un sueño es la muerte en sí misma, o al menos, es una exclusión de la realidad o, mejor aún, es la muerte de la misma realidad, la cual muere de la misma manera durante el acto de amor”, escribió Dalí. Autorretratos similares pueden encontrarse a menudo en otras obras del maestro. De una manera especialmente grande, en el cuadro “El gran masturbador”.

6. El espejo. Significa cambio e inconstancia: es capaz de reflejar tanto la realidad como el mundo de los sueños.

7. El árbol seco. El árbol del cuadro es un olivo, signo de sabiduría en la antigüedad. El artista creía que en el mundo moderno esa sabiduría “correcta” ya no existe. Por eso, el árbol está muerto y el reloj que se posa sobre él es un símbolo del pasado.

8. Playa desierta. No es casualidad que el paisaje se vea tan abandonado. En sí mismo, es la personificación de la melancolía y el vacío emocional del autor en ese momento. Por lo tanto, se retrató a sí mismo como un pez arrojado a la orilla.

9. El mar. Para Dalí, el mar simbolizaba la eternidad, inmortalidad y un lugar ideal para viajar. Es en el mar donde el flujo del tiempo no es objetivo, sino que está sujeto al ritmo interno de la conciencia del viajero: así pensaba el artista.

10. Las montañas. En la imagen aparece el Cabo de Creus, cerca de la ciudad de Figueres, el lugar donde nació Dalí. Este paisaje es reconocible y se encuentra en muchos lienzos del artista. Salvador trataba con especial cariño sus recuerdos de la infancia y le encantaba dejar huella de ellos en sus obras.

11. El huevo. Uno de los símbolos más reconocibles en las obras de Dalí. También encontramos uno en “La persistencia de la memoria”: un pequeño óvalo en la orilla del mar, cerca de las montañas. El huevo, en todas las pinturas del maestro, simboliza el cambio y el nacimiento de algo nuevo. El artista tomó la imagen de los órficos: místicos de la Antigua Grecia. Según la mitología, del huevo cósmico nació la primera deidad bisexual Fanes, quien creó al ser humano. Y dos mitades de la cáscara del huevo formaron el cielo y la tierra, de ahí la ubicación del huevo en el cuadro.

Si combinamos todos estos componentes en uno solo, podemos concluir que el sentido principal del cuadro viene a decir que el tiempo es relativo, pero constante en su movimiento, mientras que la memoria es de corta duración pero estable. “La persistencia de la memoria” pertenece a la época freudiana de la obra de Dalí. Este cuadro también tiene otro nombre no oficial: “El flujo del tiempo”.

El artista pintó esta obra maestra en 1931, cuando solo tenía 27 años. Y ya en 1934, el Museo de Arte Moderno de Nueva York se convirtió en el “hogar de este cuadro” .

Veinte años después, Salvador Dalí reencarnó este cuadro para crear la “La desintegración de la persistencia de la memoria”. Pero aquí se reflejó un tiempo completamente nuevo: la era del progreso técnico. La visión del mundo del artista ya había cambiado mucho: los relojes se descomponen en moléculas y todo el espacio está inundado de agua.

¿Te gusta buscar símbolos ocultos en los cuadros? ¿Qué interpretaciones extraordinarias de las obras maestras del mundo te sorprendieron especialmente?

Imagen de portada East News
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