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Una madre cuenta cómo es en realidad adoptar a un niño de un orfanato

¿Quién adopta a los niños de los orfanatos? ¿Personas que no pueden tener hijos? ¿Millonarios generosos? ¿Celebridades y extranjeros? En realidad, no es así. Frecuentemente, los niños son adoptados por familias comunes y corrientes, como tú y cómo nosotros. Simplemente, estas personas entienden que los niños no deben crecer en casas hogares para infantes y por eso están dispuestos a sacrificar su comodidad personal para darle a un huérfano la posibilidad de tener una vida normal.

Una de estas personas es Daria Moguchaya. Ella tomó bajo custodia a Vasilisa cuando tenía tan solo 2 años. Daria no se cree una heroína, un mago o un superhumano. No exagera, ni menoscaba sus méritos, ella simplemente habla con sinceridad sobre cómo su familia vive después de este intrépido paso. Además, ayuda a superar las dificultades de madres que se encuentran en una situación difícil sin que estas abandonen a sus hijos. Genial.guru simplemente no podía pasar de largo ante una historia tan conmovedora como esta.

En mi diario tengo notas desde el 2008 sobre mi deseo de adoptar a un niño

Tenía tan solo 21 años. De dónde surgió esta idea, es algo que ni yo sé. Tal vez porque mis abuelos trabajaron en una escuela especial para huérfanos y fui muy apegada a ellos.

Los hechos comenzaron cerca de los 25 años, cuando ya estaba casada. En un principio, empecé con voluntariado, en un sitio llamado Invisible Children. Ahí amadriné a una niña, le escribía cartas y le enviaba paquetes.

Posteriormente, leí historias de adopción en Google, pero todas eran tan dulces que me hicieron desconfiar. Y así fue como entré a un foro de mamás, niños e historias reales. Leía, aprendía cosas, insistí en ir de visita y fui con mi esposo a estos lugares.

Veía las bases de datos de niños en adopción, películas documentales e incluso me volví voluntaria de un orfanato. Luego, asistí a la escuela de padres adoptivos y mi esposo iba conmigo para hacerme compañía (aunque esto no era obligatorio).

Después de esto, nació nuestro primer hijo, Luka, y los pensamientos sobre la “adopción” se fueron.

Más tarde, le empezaron a salir los dientes a mi hijo, y pensé: ¿quién apapachará a los niños en los orfanatos cuando tienen un dolor insoportable? Luka se despertó en medio de la noche, tenía miedo y gritaba porque no me encontraba. ¿Qué miedos sufren esos niños? Después de todo, ellos también gritan. Pero Luka sabe que vendré a verlo, que yo estoy ahí. Los niños saben por instinto que alguien debe acudir a ellos (mamá), pero no lo pueden reconocer porque mamá no va a verlos.

En general, otra vez regresaron estos pensamientos.

Cuando quedé embarazada, vi una foto de una niña. Ella tenía 8 años y estaba escrito que no escuchaba

Llamé al orfanato y me dijeron los diagnósticos. Al parecer, ella tenía un aparato auditivo en una oreja, lo que significaba que tenía poca audición, pero al menos escuchaba un poco.

Fui a la casa hogar para niños. Era verano y tenía 7 meses de embarazo. Me dieron una negativa. diciendo, “¿Estás loca? Ve a dar a luz y no sufras por tonterías”.

Después, me hablaron del orfanato y me ofrecieron un niño de 8 meses junto con su hermana de 10 años. Conocimos a la niña y respondimos con una negativa: las edades no encajaban y no tuvimos esa chispa en el alma, además, ¿qué iba a hacer con otro niño que aún no sabía caminar, como Luka? Y es poco probable que hubiéramos podido lidiar con la hermana. En nuestra ciudad no hay psicólogos que pudieran ayudarla con su trauma psicológico.

Después de esa visita, mi esposo me dijo que aún no estaba listo. Yo también me desanimé, aunque aun así llame al orfanato de otra ciudad y averigüé más.

Por cierto, mi esposo mantuvo una cálida neutralidad todo el tiempo

Él dijo que algún día le gustaría adoptar niños, pero después de tener los suyos y no en ese momento. Además, veía las cosas con más claridad: departamento de una habitación, un niño lactante y yo no tenía trabajo.

Como resultado, nos mudamos a un departamento de dos recámaras (en un departamento de una sola habitación, nos hubiéramos vuelto locos). Y empecé a trabajar a distancia.

Nos enteramos de Vasilisa cuando una amiga del foro me envió su formulario

Ella me dijo, “Mira a esta pequeña, pero, al parecer, la dan en adopción en pareja junto con su hermano”.

Y realmente era así, en la base federal de datos estaba escrito que tenían un niño y una niña. Llamé al orfanato de su ciudad y me dijeron que el niño había sido adoptado. Frecuentemente, a los niños no los separan, pero cuando uno de ellos es discapacitado, al otro le dan la oportunidad de conseguir una familia. Este era el caso de la niña: tenía parálisis cerebral y un montón de otros diagnósticos. Hablé solo para aclarar: “¿Al menos puede apoyarse de un soporte para caminar?”, respuesta: “No, no puede ni levantarse”.

Pero no en vano había pasado navegando tanto tiempo por los foros; de acuerdo con la experiencia de otras mamás, sabía que tenía que ir y ver a todos los niños. Si no la adoptо, por lo menos compartiré sus datos. Convencí a mi esposo de ir a verla, solo eso y es todo, prometí dejarlo en paz un año. Bueno medio año, para ser exactos.

Y bueno, ahí estábamos. Mi esposo y Luka me esperaban en el pasillo, mientras tanto, el médico jefe me bombardeaba con diagnósticos y pronósticos decepcionantes en su despacho. Yo solo escuchaba y afirmaba todo lo que me decían, mi rostro no reflejaba ninguna emoción.

Me daba miedo voltear a verla, así que no me apresure a hacerlo. La miré y me di cuenta de que se parecía a Luka. Le hablé a mi esposo para que la viéramos juntos y le conté sobre las semejanzas que había notado. Íbamos de camino a la sala de juegos, una educadora la llevaba de la mano.

⁠— ¡Oh! ¿Puede caminar por sí sola?

⁠— Sí, hace poco comenzó a hacerlo.

Mi esposo solo la vio ese día del primer encuentro, después, únicamente por videos que yo le grababa y cuando la recogimos. Yo fui a verla 5 veces. Tampoco hubo una chispa inmediata, pero solo consideramos la idea de convertirnos en sus padres. Y así fue.

Por supuesto, al principio quería salvar a una huérfana. ¡Ellos la pasan tan mal! ¡Tienen que ser adoptados lo antes posible y ser alegrados con una familia!

Yo sabía toda la teoría. Al parecer, tenía tareas poco complicadas, simplemente tenía que quererla y listo.

En la base de datos, únicamente veía niños sin problemas cuya madre carecía de la patria potestad. Me ponía triste cuando me enteraba de que los niños a los que les estaba siguiendo la pista ya habían sido adoptados. Y eso incluso sin tener los documentos a la mano y sin haber pasado por la escuela de padres adoptivos.

No es que juzgara a las personas, simplemente no comprendía a aquellas mamás adoptivas que no querían a esos niños, pero aun así seguían educándolos y viviendo con ellos. Ahora pienso: “¿Y qué esperabas? Que vivieran un mes con un niño y después dijeran ’Bueno, no hubo chispa familiar, hay que devolverlo, ¿tal vez pueda querer a otro?’”.

Creía que el amor se adquiría de manera predeterminada. Pero, después, tranquilamente veía a los niños que no tenían un buen comportamiento y me daba cuenta de que sus padres rara vez les llamaban la atención, pero los niños crecen tan rápido. Después, comencé a prestar atención a otro tipo niños y así fue cómo dejé de temerles a los niños con alguna discapacidad.

Alguien tiene que adoptar a los niños discapacitados. ¿Por qué no hacerlo nosotros?

Además, antes pensaba que, al adoptar a un niño, le enseñaría todo y, por supuesto, él aprendería con gusto

Llenaría ese hueco con abrazos y besos, y él lo aceptaría con agradecimiento. Lo querría y él respondería de manera recíproca.

En general, no reflexionaba mucho al respecto, pero ¿cuándo llegaría ese amor? En mis sueños, se suponía que sentiría las emociones al ver a mi hijo, o por lo menos ese era el sueño profético. Qué tonta fui.

Todo fue mucho más sencillo, normal, sin romanticismo ni señales desde el cielo. Vi el formulario, llamé, la visité 5 veces, firmé el acuerdo y la llevamos a casa. Ahora le doy de comer, de tomar, la baño, le digo cosas bonitas, la regaño, la consiento, le enseño, la educó, le enseño a socializar y me dedico completamente a ella.

Así es como vivimos.

Aun así, Vasilisa y yo tuvimos tan solo 5 encuentros y no tuve tiempo para llorar

Necesitaba extraer la mayor cantidad de información posible. ¿Tiene autismo? ¿Se podrá educar? ¿Podremos hacerlo nosotros mismos?

Hoy en día, antes de casarte, te tomas dos o tres años para conocer a tu futuro esposo, convives con él y después tomas la decisión de contraer matrimonio. Un hijo adoptivo es como si fuera un esposo de los viejos tiempos: te lo llevas a casa y ya tienes que vivir con él. Debes aprender a comprenderlo, conocer su carácter y quererlo.

Y si con un esposo sientes pasión y química, en este caso, no hay hormonas. Bueno, al menos yo no las tuve. Tal vez con un bebé en lactancia hubiera funcionado, no lo sé. La compasión existe, pero se disuelve rápidamente.

Mira la realidad de la vida. Sí, el amor tiene un sentido, un objetivo, pero amar es un verbo. Es el hacer. Amar es un trabajo de todos los días.

Ama y ya.

Entre más impacto tenga, será más fácil moralmente para mí.

Pero todos están de acuerdo en que es difícil continuar, ya sea mamá, esposo o hijo, cuando solo obtienes un silencio como respuesta.

Después de bañarla, la envuelvo en una toalla y la arrullo en mis brazos. O simplemente se acerca diciendo: “vamos a abrazarnos”, “vamos a besarnos”. No solo lo repite de manera mecánica, realmente muestra su deseo. Y obligatoriamente tiene que ser en ambas mejillas porque en una no es suficiente.

Tisha, nuestro hijo pequeño, también acaricia y besa. Y, con raros impulsos, se da abrazos con Luka. Y con mi esposo es la misma cosa.

Así que nuestra familia es muy cariñosa.

En general, los niños de los orfanatos son diferentes a aquellos que crecen en familias

Y, en relación con esto, a menudo escucho y veo estas palabras: “¿Qué hacen en el orfanato para que los niños sean así?”.

No hablamos de casos extremadamente terribles, sino que nos referimos a un orfanato promedio. Pero el problema no se encuentra en las casas para niños, sino que hay que cavar más profundo.

Imagina lo siguiente: te llevo lejos de tu esposo e hijos y te pongo a vivir bajo algún tipo de condiciones. Allí, de alguna manera, te alimentan, te visten y se ocupan de ti, pero, por alguna razón, todo dentro de ti comienza a marchitarse. Sería correcto decir: “¡Qué institución tan horrible! ¿Qué tipo de personas trabajan allí?”. Pero no. El problema no está en quién te rodea, sino en que nadie está a tu lado. Es imposible que el personal, incluso el más cualificado, pueda reemplazar a una madre, incluso a una que no es muy buena.

Vasilisa se desarrolló normalmente hasta los cuatro meses. Cuando la separaron de su mamá, ella, aparentemente, se estancó. A los dos años, la niña no hablaba ni participaba en diálogos con otros.

Muchos niños encienden el modo “no hay mamá, no hay razón para vivir”, y piensan que no hay nadie para quién crecer, ni por quién intentar hacerlo.

La madre biológica de Vasilisa era casi de mi edad. Tuvo cuatro hijos. Perdió la patria potestad debido a su adicción al alcohol

Para mí es fácil no sentir resentimiento ni enojo hacia ella, porque hasta donde yo sé, no dañó a Vasilisa intencionalmente. Pero ya no tengo 21 ni 25 años, la vida me ha enseñado bastante y me ha involucrado en aquello que juzgué. El no juzgar es una destreza muy útil que se puede mejorar. Y, por supuesto, complicada.

En cuanto a mi media “santidad”, es fácil ser generosa cuando tienes un esposo. Cuando tienes un apoyo, un ingreso y bienestar. ¿Podría intentar buscar a su madre y ayudarla? ¿Hablar con ella, animarla, enviarla a rehabilitación? Podría. Pero no es mi trabajo. Y tampoco quiero que se lleve a Vasilisa. Y sí, a lo mejor tendré celos y experimentaré desagradables sentimientos porque yo (golpeo mi pecho con mi puño) la crie, y si mi hija quiere pasar tiempo con esa persona que no participó de ninguna manera en su vida...

Pero es mía. En realidad, no importa lo que sienta. Lo más importante es cómo actúe Vasilisa. Si ella misma la quiere conocer, comunicarse con ella, cuidarla en la vejez, entonces eso significará que criamos a una buena persona. Capaz de perdonar, cuidar y querer.

No tengas miedo de adoptar hijos

¿Mientras vivimos, tal vez vale la pena pensar menos y hacer un poco más? Lo digo en particular para mí.

El perfil de Daria tiene más de medio millón de seguidores. Muchos de ellos precisamente se atrevieron a adoptar gracias a su apoyo. ¿Alguna vez has pensado en convertirte en un padre adoptivo? ¿Conoces a personas que ya se atrevieron a dar este paso?

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