Genial
Genial

20 Invitados confianzudos a los que solo les faltó echar al anfitrión de su propia casa

Uno espera que las visitas se comporten de la misma manera en que uno lo haría fuera. Sin embargo, esto no siempre sucede, ya que hay muchas reglas sociales no escritas que forman parte del “sentido común”. Pero lo cierto es que tal sentido no es el mismo para todos, y algunos lectores de Genial lo describieron perfectamente.

Navegando entre comentarios de anfitriones sin suerte, en Genial.guru descubrimos que por más paciencia y disposición que tengas, hay invitados que pueden dar vuelta todo tu día. Lo importante es tomarlo con gracia y entender que hay que estar preparados para todo.

  • Una vez hospedamos a un chico, amigo de un amigo. Le ofrecimos el cuarto de huéspedes, el cual tenía baño propio y ducha. Al segundo día de su estadía, llegué a casa después de trabajar y encontré su ropa encima del tocador de mi baño personal (que está dentro del cuarto principal). El muchacho había tenido ganas de tomar un baño en mi tina. Cuando mi novio lo confrontó, solo le dijo que no se había dado cuenta de que dentro de su cuarto había un baño donde podía ducharse. © Veronica Del Carpio Ortiz / Facebook
  • Nosotros tenemos perro. Una vez recibimos huéspedes, todos familiares, para celebrar el cumpleaños de mi marido. Una invitada dijo que el perro le molestaba, que no le gustaba tener canes en casa, y que lo llevara a la galería. Le dije claramente que el animal estaba en su hogar y que si no le gustaba, podía irse. Quizá se enfadó, pero no contestó, y desde entonces nadie me dice nada del perro. © Stela Gomojea / Facebook
  • Una de mis tías siempre ha sido megaquisquillosa. Recuerdo que cerraba todos sus cajones con cinta adhesiva. Por alguna razón, eso hacía que mi prima y yo siempre quisiéramos entrar a su recámara y abrir todo. La verdad es que solo tenía ropa y cosméticos, nada fuera de lo común, pero siempre queríamos ir a su cuarto. Nunca revisábamos los cajones de mis otras tías. Lo más interesante era que, aunque no tocáramos nada, movíamos la cinta y la volvíamos a poner igual, pero la mujer siempre se daba cuenta. Sin duda éramos terribles visitas para ella. © Delia Chavez / Facebook
  • Me visito una persona con su hijo. Resulta que el niño no llegaba a alcanzar la toalla para secarse las manos después de ir al baño, y la muchacha, sin hacerme una sola pregunta, le dijo que se limpiara en los pañitos que pongo de adorno en la cocina. Me disgustó tanto. Y no es la primera vez. Siempre que vienen hacen y deshacen a su antojo, como si la casa fuera de ellos. Cuando yo voy a cualquier hogar, pido permiso para todo. © Gaby González / Facebook
  • Hace mucho, unos familiares se habían acostumbrado a aparecer los domingos “casualmente” a la hora de comer. Nunca traían nada: ni un presente ni algún alimento, ni bebida. Durante mucho tiempo repitieron la costumbre y hacían como que no entendían indirectas. Un domingo me cansé y sugerí comer más temprano. Cuando llegaron, se sentaron a la mesa y, como los minutos pasaban y no había nada, preguntaron si la comida estaba lista. Con una gran sonrisa les dije “nosotros ya comimos”. Fue la última vez que los vimos. © Isabel Nella / Facebook
  • Este año puse mi casa para festejar el cumpleaños de una amiga. Supuestamente no iban a venir niños (excepto el hijo de mi amiga). Al final, llegaron unas muchachas con pequeños. Yo colecciono imanes, y no solo desaparecieron dos pequeños superimanes, sino que una de las niñas masticó uno de la colección. © Misstutti Bella / Facebook
  • Siempre odié las visitas que se pasaban de 5 horas. Cuando era pequeña, odiaba que mis primas me visitaran, porque tocaban todos mis juguetes y los desordenaban. Lo peor fue cuando un primo me visitó: a los 30 minutos dejó plastilina por todo el piso y, unos segundos después, tiró la cajita con mis dientes de leche. No recuperé ni la mitad porque se pegaron en la plastilina y en los zapatos de todos. © Tapia María / Facebook
  • La mamá de un amigo con el que compartíamos departamento se quedó diciendo que estaría solo 1 mes, pero estuvo más de 3 meses. No hacía nada, solo trataba de hablar todo el día sin parar, contaba historias absurdas y no respetaba los espacios. Si cerrabas tu puerta, te la tocaba con cualquier pretexto y no dejaba de hablar. Encima rompió una puerta de vidrio del baño que jamás pagó, no comía nada a menos que le invitaras, y lo peor era que no tenía problemas económicos. Al final noté que tenía intenciones de quedarse a vivir, así que hablamos con ella y le dijimos directamente que debía irse. © Jennifer Changsek Zamora / Facebook
  • Cuando éramos adolescentes, mi hermana y yo fuimos invitadas por una amiga de ella a su fiesta de 15 años. Cómo vivía un poco lejos, nos quedamos a dormir. Al día siguiente, mi hermana y yo nos pusimos a barrer todos los rincones de la casa y sacamos un montón de polvo y basura. La mamá de la muchacha se sintió tan avergonzada que nos dijo “van a pensar que nunca limpiamos”. © Nicole Cervat / Facebook
  • Recuerdo un día que hicimos carne asada para unos familiares, y uno de estos trajo a otros que no conocíamos. Eran 6. Llegaron con aires de grandeza, ni nos dirigieron la palabra. Sus hijos llegaron, se sentaron sobre el descansabrazos de la sala y agarraban cosas como si fuera su casa. Mi esposo tuvo que ir a comprar más carne para que todos comiéramos bien. Cuando estábamos por cenar, ellos se hicieron los dignos y se fueron, ni tocaron la comida. © Katty Gonzalez / Facebook
  • Tengo un amiga que todos los domingos a la mañana, muy temprano, se aparecía en mi casa sin invitación, antes de que yo me despertara. Después de escucharla tocar insistentemente, yo salía por la ventana a decirle que aún estaba acostada en la cama. Ella me pedía que le abriera la puerta de todas formas. Así que entraba y se ponía a abrir mi refrigerador y mi despensa para hacerse de desayunar mientras yo bajaba. Sumado a eso, se llevaba latas de piña en almíbar y atunes de mi despensa, porque decía que yo no los iba a usar. Esto duró como 4 fines de semana hasta que le mentí diciéndole que iba a salir de viaje. Naturalmente me descubrió, y ahora soy la peor amiga del mundo. © Carolina Casanova / Facebook
  • Yo vivía en otro país, y cuando vine de vacaciones a mi nación, conocí a un chico a través de un amigo en común. Una semana después de volver al sitio donde yo vivía, recibí una llamada del muchacho diciéndome que si podía recibirlo por una semana en mi casa, porque pensaba ir a estudiar y necesitaba que le dieran hospedaje por unos días. Le dije que sí. El día en que llegó no lo hizo a la hora esperada, sino cuatro horas después, porque había conocido a alguien en el vuelo y se había ido de fiesta. Estuvo 2 semanas en casa y no puso un peso para comida ni nada. A las 2 semanas le pedí que se fuera porque había oído que hablaba con su novia por teléfono, quien también iba a viajar y pensaba instalarse en mi casa. Hay gente muy descarada, en serio. © Victoria Elena González Mantilla / Facebook
  • Una vez, una amiga de mi tía le habló a mi mamá para preguntar cómo estaba mi tía y tal. De pronto, le dijo que se encontraba en la ciudad visitando a su hermano, y que vendría a vernos. Mi mamá le dijo que estaba haciendo el aseo de la casa, que mejor al día siguiente, pero ella de todas maneras llegó con todo y maleta. Empezó a decir que tenía hambre, así que tuvimos que invitarla a comer, mientras seguía diciendo que su hermano iba a venir por ella. Siguió diciendo lo mismo durante 1 semana, hasta que llegó el día de su vuelo para regresar a su ciudad. Su hermano nunca apareció. Vuelvo a aclarar que era amiga de mi tía, y mi mamá la había visto como mucho 10 veces en toda su vida. © Nicté-há Hernández / Facebook
  • Con mi mamá tejíamos a pedido, ella a máquina y yo a mano. Un día vino a la casa una clienta nueva, recomendada por otra clienta. Trajo a una de sus 5 hijas y a su hijo más pequeño, que era el único varón. Apenas entraron a la casa, el pequeño se trepó a la mesa y comenzó a desparramar la harina con la que mi hermana estaba amasando en ese momento. Ninguna de nosotras sabía cómo reaccionar ante semejante muestra de mala educación. La madre y la hermana del niño, mientras eso ocurría, estaban sentadas en el sofá mirando revistas, eligiendo el diseño de sus futuros suéteres, ignorando por completo el desastre que estaba provocando el pequeño. © Nancy Veronica Miñano / Facebook
  • Mi hijo de 8 años invitó a casa a jugar a una amiguita. Hablé con la mamá y estuvo de acuerdo. Nunca dijo a qué hora llegaría. Bueno, finalmente llegó y la recibimos. La madre llegó con sus otras hijas y el esposo (eran 6 en total) y se instalaron en la sala. Las niñas se pusieron a correr como caballos desquiciados por la casa. Llegó mi esposo, cansado del trabajo, y yo sin poder recibirlo porque estas personas estaban ahí y no hacían esfuerzo por moverse. En fin, tuve que darles de cenar y justo después de comer se fueron. De haber sabido, les habría ofrecido la cena en cuanto llegaron. Cuando se fueron, mis hijos dijeron: “Esas niñas tocan todo y son maleducadas”. Nunca más volvió a invitar a esa niña a jugar. © Abihail Garcia / Facebook

¿Tienes alguna historia de personas cercanas que fueron extremadamente confianzudas? Compártela con todos en los comentarios. ¡Las mejores quizá aparezcan en un próximo artículo!

Compartir este artículo