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La verdadera historia detrás de la película “Siempre a tu lado, Hachiko”

Ya sea por temor a lo desconocido, o por alguna mala experiencia vivida con anterioridad, no todas las personas están dispuestas a abrir sus corazones con facilidad. Lo mismo puede suceder al momento de adoptar a una mascota, ya que se pueden tener dudas acerca de incorporar a un integrante de cuatro patas en la familia, sin saber que, al atreverse a hacerlo, muy probablemente se llegue a conocer una amistad sincera, capaz de demostrar que el cariño, cuando es verdadero, no tiene fin.

Genial.guru cree que en el valor de la lealtad, y por eso quiere hablarte sobre la historia de Hachiko, un perro que demostró que el tiempo no es un factor determinante cuando se trata de amor, y el cual inspiró la película Siempre a tu lado, Hachiko.

Seguramente, el profesor Ueno nunca pensó que algún día sería conocido por ser el “amo de Hachiko”

Hidesaburō Ueno nació en Japón el 19 de enero de 1872. Trabajaba como docente en una universidad y se encargaba de la formación de expertos en el campo de la agricultura, haciendo grandes aportes en la implementación de técnicas de enseñanza que posteriormente ayudaron a su región. Seguramente se podría seguir hablando de sus logros, los cuales no fueron pocos, pero uno de los factores que lo hicieron conocido a nivel mundial a través de los años no fue su intelecto, sino la amistad que construyó con su mascota.

Antes de conocer a Hachiko, el profesor Ueno había tenido una perra a la que quiso tanto que, cuando la mascota murió, se entristeció al punto de no querer tener otro animal que pudiera ocupar su lugar. Sin embargo, la insistencia por parte de su hija de volver a tener un perro fue tal que aceptó adoptar un perro de raza akita.

Esta historia demuestra que no todas las relaciones tienen que empezar con la “pata derecha” para ser exitosas

Hachiko, un perro de color marrón y dorado, nació el 10 de noviembre de 1923 en Japón. En 1924, el profesor Ueno lo adoptó, pero el primer encuentro entre los protagonistas de esta historia no tuvo nada de conmovedor, ya que el hombre ni siquiera se tomó la molestia de buscar a su mascota, sino que envió a sus sirvientes a que lo hicieran, y Hachiko ni siquiera corrió a su encuentro ya que estaba totalmente dormido.

El cachorro, al llegar a la estación de tren después de un viaje de dos días hasta la región donde vivía su familia adoptiva, estaba tan agotado que, por un momento, los sirvientes del profesor temieron que hubiera pasado a mejor vida. Sin embargo, cuando lo llevaron a casa, Ueno supo qué hacer: le dio un poco de leche y, poco a poco, el fatigado animal fue despertando hasta abrir los ojos. Cuando el cachorro estuvo más animado, el profesor lo colocó en su regazo y, tras observarlo, decidió llamarlo “Hachi”, que significa “ocho” en japonés, debido la similitud que tenía la forma de escritura japonesa de ese número con las patas delanteras del animal, las cuales parecían estar levemente desviadas.

El afecto de Hachiko conmovió el corazón del profesor

Pasaron los días y el profesor, pese a su amabilidad, apenas admitía sentir simpatía por el cachorro, pese a los intentos del animal por conseguir su atención. Cuando su hija se casó y se fue de la casa, el hombre incluso consideró dar al animal en adopción. Fue al contemplar aquella alternativa que se dio cuenta de que no podía hacerlo, porque Hachiko, quien sentía adoración por su dueño desde que lo conoció, con todas sus muestras de cariño efusivo logró conmoverlo y hacerle ver que ya era parte de su familia, y que no había razones para alejarlo de esta.

Poco a poco, ambos fueron estableciendo rutinas, y fue así que Hachiko, con el fin de desprenderse el menor tiempo posible de su amo, empezó a acompañarlo a la estación Shibuya, donde el hombre tomaba al tren para ir a su trabajo. Allí, el animal se despedía del profesor Ueno y, al final del día, volvía al lugar para recibirlo y regresar juntos a casa. Podría parecer una acción sencilla, pero siendo un gesto espontáneo y afectivo del animal para con su dueño, llamó la atención de todos los trabajadores y vendedores que los veían todos los días y se admiraban de la amistad que había entre ellos dos.

Un amigo leal dispuesto a esperar pese a todo

El 21 de mayo de 1925, el profesor Ueno fue a trabajar como todos los días, y Hachiko, como era costumbre, lo acompañó hasta la estación. Pero a diferencia de las veces anteriores, el hombre nunca regresó, ya que murió de una hemorragia cerebral mientras daba clases en la universidad, no pudiendo despedirse ni de su familia ni de Hachiko, quién se quedó toda la noche en la estación, esperando a su amo sin siquiera alejarse para comer. Lejos de desalentarse al no verlo, durante aquella semana, el cachorro regresó a esperarlo, y aun cuando otra familia quiso adoptarlo y llevarlo a otra región, él buscó la manera de regresar al sitio en el que solía esperar a su amo.

Haciendo de la estación Shibuya prácticamente su hogar, regresaba todos los días a esperar a su humano. Las semanas se convirtieron en meses, los meses en años, y aquel animal leal perseveró en la espera del profesor. Las personas que trabajaban allí, que habían conocido a Ueno, alimentaron a Hachiko durante aquel tiempo, y su devoción por su amo se volvió tan conocida que comenzaron a llamarle “el perro fiel”. Con el tiempo, su popularidad comenzó a crecer, captando la atención de personas que ni siquiera concurrían a la estación de tren, a tal punto que, en 1934, se construyó un monumento en honor al animal, quien presenció la inauguración.

Hachiko esperó a su amo hasta el final

Hachiko y el profesor se conocieron por poco más de un año, y, sin embargo, el vínculo fue tan fuerte que aun cuando la muerte los separó, el perro estuvo dispuesto a esperarlo cerca de diez años, un tiempo considerablemente mayor al que compartieron juntos. Y fue así que, el 9 de marzo de 1935, finalmente, Hachiko pudo reunirse otra vez con su amo exhalando su último suspiro frente a la estación de Shibuya a causa de un cáncer terminal.

Pese a su muerte, su historia no quedó en el olvido. En honor a su lealtad se construyó un monolito con su nombre al lado de la tumba de Hidesaburō Ueno, y el 8 de marzo de cada año se conmemora al perro en la plaza frente a la estación de trenes de Shibuya. Su historia demostró no solo la inmensidad del afecto que puede sentir un animal hacia su dueño, sino el hecho de que ni el tiempo ni la distancia son factores que permitan olvidar a un ser amado. Fue el afecto y la lealtad los que mantuvieron unidos a Ueno y Hachiko aún después de la muerte, y los volvieron inolvidables, conmoviendo los corazones de las personas, aunque hayan pasado más de cien años desde que todo sucedió.

¿Has visto esta película? ¿Conocías la historia de estos amigos inseparables? ¿Te conmovió tanto como a nosotros? Cuéntanos en los comentarios, y no olvides compartir fotos y anécdotas de tus mascotas con nosotros.