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Por qué se habla del “monstruo debajo de la cama” y cómo dejar de sentir incomodidad en la oscuridad

Todos hemos experimentado alguna vez ese inexplicable miedo a la oscuridad. Desde niños hasta personas más grandes han sentido temor a que algo extraño y desconocido (“el Coco” o algún “monstruo”) se pueda esconder bajo la cama o en el ropero. Pero, aunque no lo creas, se trata de un miedo muy razonable, que incluso tiene bases científicas.

Por ello, en Genial.guru te compartimos datos curiosos y explicaciones reales para que dejes de tener miedo a apagar la luz de tu recámara a la hora de dormir.

Se trata de un miedo universal

Aunque parezca extraño, este es un miedo que comparte casi cualquier persona alrededor del mundo. Con algunos matices que varían dependiendo de la región y su cultura, el miedo a la oscuridad es curiosamente universal. Todos en el mundo lo experimentan o lo han experimentado. Puede que no le teman precisamente a un monstruo o al Coco, pero el temor a la oscuridad es algo que nos ha acompañado desde muchas generaciones atrás.

La idea de “monstruo” variará dependiendo de dónde nos encontremos. Para algunos será el Coco, para otros las brujas o algún animal místico. En cualquier caso, esas ideas guardan relación con la cultura del lugar. Pero es solo una de las formas en que se manifiesta este temor. A lo que en realidad tememos es a la oscuridad. Vamos a descubrir por qué.

Tiene raíces en la evolución humana

Según Peter Gray, profesor de Psicología del Boston College, quien ha estudiado a profundidad el tema de los miedos innatos, “a lo largo de nuestra historia evolutiva, la oscuridad ha sido peligrosa”. Esta explicación se relaciona con el hecho de que, como especie humana, solemos confiar en el sentido de la vista mucho más que en cualquier otro, por lo cual somos vulnerables en el momento en que no podemos ver lo que tenemos frente a nosotros. O sea que para nuestros antepasados, que no contaban con linternas o bombillas, la oscuridad significaba un grave peligro.

La hipótesis del profesor Gray es que para nuestros ancestros, la oscuridad podría significar la presencia de depredadores. Por lo tanto, el miedo a estar a oscuras podría formar parte de una serie de miedos innatos, como el temor a las alturas o a los ruidos fuertes, que son bastante razonables si consideramos que estos instintos de supervivencia permitieron nuestra evolución como especie humana.

Variaciones en las culturas

Pero no todo responde a una cuestión evolutiva. El temor a la oscuridad varía dependiendo de la cultura. Esto quiere decir que, aunque el miedo sea el mismo aquí o en China, las formas en que se manifiesta este temor son distintas en cada región. Algunos le temen al ulular de los búhos, pues creen que se trata de una bruja, mientras que otros creen que el Coco se esconde debajo de sus camas.

Esto quiere decir que, aunque el miedo a la oscuridad nos acompaña desde pequeños, lo cierto es que también se mezcla con la cultura popular del lugar donde nacemos. Así que le tendremos miedo a una bruja, al Coco o a algún monstruo según hayamos nacido en un país o en otro.

El miedo a la oscuridad es el temor a lo desconocido

Como ya dijimos, al confiar demasiado en nuestra vista, mucho más que en cualquier otro sentido, dependemos mucho de ella. De modo que es entendible temerle a aquello que no podemos ver. Si para nuestros antepasados la oscuridad podía esconder peligrosos depredadores, como leones, tigres o serpientes, la versión moderna podría ser que esos posibles agresores se esconden bajo la cama o dentro de un guardarropa.

Es también otra forma de decir que aquello que no podemos ver esconde algo desconocido. Puede ser peligroso o no. No lo sabemos hasta que no enfrentamos ese temor.

Enfrentar los miedos desde la niñez

En su libro Sobrevivir para prosperar: 27 prácticas de emprendedores, innovadores y líderes resilientes, Faisal Hoque y Lydia Dishman sugieren que el miedo a los monstruos debajo de la cama es similar a la versión adulta del temor al fracaso, y dan a entender que aunque la humillación existe, y todos la experimentamos alguna vez, ello no nos define como personas. Sugieren enfrentar estos miedos para poder dejar de temerles a los monstruos que se esconden en el armario. Pero ¿qué ocurre con un niño?

Quizá convenga empatizar con nuestros pequeños. Nosotros también sentimos ese miedo alguna vez, o incluso lo seguimos sintiendo todavía. En todo caso, lo mejor es validar las emociones de nuestros hijos y acompañarlos en su temor. Podríamos, por ejemplo, asomarnos juntos bajo la cama para descubrir que allí no hay nada, o hacer juegos a oscuras, para que los pequeños comiencen a relacionar la oscuridad con algo divertido y no con algo tenebroso.

También se sugiere dejar alguna linterna encendida, mientras les preguntamos a nuestros hijos cómo hacen para sentirse más valientes, además de darles el control de su propio temor, compartiéndoles la seguridad que necesitan.

¿Qué otros miedos crees que podrían tener una explicación lógica y te gustaría que investigáramos?

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