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15 Personas que no iban a tener mascotas, pero los animales decidieron lo contrario

No hace mucho tiempo, los científicos llegaron a la conclusión de que las mascotas prolongan la vida de una persona y también afectan positivamente su calidad. Por supuesto que, generalmente, las personas son las que deciden a quién adoptar: un gato, un perro o alguien más exótico. Sin embargo, hay casos en los que la elección la hace el animal.

Genial.guru quedó conmovido por las historias de las personas que hablaron sobre sus mascotas, quienes se eligieron un hogar y un humano a su gusto. Y parece que ni los animales ni las personas lamentaron esa elección.

1.

Cuando tenía 13 años, vivíamos en un edificio de gran altura en las afueras de la ciudad. Dime, ¿de dónde diablos pudo haber aparecido frente a nuestro departamento un pollito, si no nos eligió? Chillaba tan desgarradoramente que lo llevamos a casa. Recorrimos a los vecinos, preguntando de quién era, pero nadie lo sabía.

Como resultado, nos lo quedamos y lo llamamos Pío. Vivió con nosotros durante mucho tiempo. Se convirtió en un hermoso gallo. Y era inteligente como un perro. Por cierto, no tenía ningún conflicto con nuestro perro en absoluto.

2.

Era invierno. Estábamos en un banco y vimos a un cachorro entrar corriendo a la sala con cajeros automáticos, dar un par de vueltas, luego saltar a la calle y sentarse en un montículo de nieve. Estaba temblando por el frío, la gente pasaba, pero él no le prestaba atención a nadie. En cambio, a nosotros nos examinó con mucha atención y comenzó a mover la cola. Preguntamos en voz alta por si acaso: “¿De quién es el bebé sentado en el montículo de nieve?”. Después de asegurarnos de que nadie lo estaba buscando, lo llevamos a casa.

El cachorro recibió el apodo de Chester. Ya teníamos un perro, por lo que teníamos que encontrar otra familia para el pequeño. Pronto, apareció una familia y se llevó a nuestro Chester. Sin embargo, unos días después, los nuevos dueños llamaron y dijeron: “Vengan y llévense a su cachorro”. Todavía no sabemos qué pasó. Pero todo salió como debería: estábamos muy contentos con el regreso del pequeño y ya no tratamos de ubicarlo, después de todo, ya en esa noche de invierno, sentado en un montículo de nieve, él encontró a sus humanos, solo que no lo entendimos de inmediato. © chelseaandmanchester / pets.mail

3.

Desde la infancia, tenía miedo de no casarme hasta los 30 años y tener un gato. Una especie de una extraña fobia. A los 25 años, después de la boda, suspiré tranquila: tenía esposo, no tenía gato, podía relajarme. Me divorcié a los 29, y entonces, para mi 30° cumpleaños, mi hermana me regaló un gatito rescatado, con las palabras de que el miedo debe superarse hasta el final, de lo contrario no te dejará vivir normalmente. Me negué durante mucho tiempo, porque no quería asumir la responsabilidad, porque no me gustaban mucho los gatos en general y ¿para qué quiero ese cliché? “Una divorciada con un gato”. Pero al final, me quedé con el susodicho.

Han pasado 5 años. No sé cómo habría hecho frente a ese período difícil de mi vida si no hubiera sido por este monstruo peludo. Y, por cierto, fue él quien me presentó a mi nueva pareja.

4.

5.

Una noche, fui a la cocina y de repente vi que debajo de la mesa brillaban los ojos de alguien. Me acerqué para ver cuál de mis 13 gatos estaba sentado solo ahí y por qué. ¿Lo ofendió alguien? ¿Trajo un ratón? Resultó que era un gato desconocido que se había metido. Mullido, gris, muy hermoso, pero con el pelo todo enredado. Tenía el aspecto de haber estado perdido y haber estado vagando por mucho tiempo en busca de su hogar.

Como resultado, el gato se quedó conmigo durante varios años, lo llamé Jack de la sombra, porque había aparecido de la nada y era como una sombra. Luego desapareció de repente. Y ahora, 22 años después, otro gato peludo adulto vino a mí otra vez. Y nuevamente se quedó como si hubiera vivido conmigo desde su nacimiento.

6.

7.

Cuando salí del trabajo, un gatito se me acercó y comenzó a frotarse contra mis piernas. Lo acaricié un par de minutos y fui al auto. El gatito me siguió todo este tiempo. Abrí el auto, y él inmediatamente se metió en él y exigió que lo acariciara. Al final, el gato se acomodó en el asiento del pasajero y se durmió.

En ese momento, ni siquiera había pensado en tener una mascota. Pero ese gatito negro feo, todo desaliñado, y con los ojos un poco bizcos, vino solo, exigió mimos, y se durmió. ¿Qué iba a hacer, echarlo? Llamé a mi esposa. Le pregunté si quería un gatito. Le mandé una foto. “Tráelo”, dijo. Ahora, es un gato negro muy hermoso, que tiene un ligero estrabismo, que no le molesta en absoluto. © axegrin / pikabu

8.

9.

Después de la muerte de nuestro primer gato, pensábamos que nunca tendríamos otro, pero la nueva mascota nos encontró sola. Cuando estábamos en una casa de campo, el gato se subió al auto y se escondió. Cuando regresamos a la ciudad, puse el auto en el garaje y volví a él solo una semana después. Y, de repente, encontré en el automóvil un gatito hambriento, que tuve que rescatar y alimentar. Ya lleva 2 años con nosotros, y se llama Rex, por la habilidad de traer un palo si se lo lanzas. © asada / pikabu

10.

11.

Estábamos eligiendo a un escocés de pura sangre, pero resultó que nuestro gato nos encontró solo. Una tarde, volviendo a casa, escuchamos un chillido lastimoso. Segundos después, este sucio milagro con ojos llenos de lagañas, voz ronca y patas temblorosas salió de los arbustos y caminó hacia nosotros. Comenzó a llorar y a pedir que lo alzáramos.

Sin pensarlo dos veces, decidimos darle refugio para la noche: alimentarlo, hidratarlo, limpiarle los ojos y dejarlo ir. Esa noche el gato durmió 12 horas seguidas en la misma postura: estaba completamente exhausto, pobrecito. Por supuesto que a la mañana siguiente todos los pensamientos de devolverlo a la calle se habían desvanecido. Como resultado, el sucio callejero se convirtió en nuestro gato más amado, feliz y elegante, llamado Benedict. © zubok86 / pikabu

12.

13.

Mi papá una vez caminaba por el parque, y de repente un perro salchicha moteado corrió hacia él. Por alguna razón, de todas las personas, corría deliberadamente hacia él y movía la cola. Papá pensó que se había perdido: el perro estaba limpio y olía agradablemente a perfume. Lo trajo a casa y, después de consultarlo con mi madre, decidieron poner un anuncio sobre el hallazgo. Pero nadie respondió.

Después de 7 días sonó el timbre y una mujer dijo que había perdido a un perro parecido. Mis padres la invitaron a pasar. Sin embargo, cuando entró, el perro salchicha no expresó mucho interés en ella y se apretaba cada vez más a las piernas de mi padre. Resultó que el perro realmente era de esa mujer, pero la exdueña dijo que se lo habían regalado y que, en realidad, no lo quería. Mis padres le preguntaron si podían quedarse con el perro: resultó ser una mascota ideal para ellos. La dueña anterior dijo que solo se alegraría.

14.

Vivíamos en una casa y una vez nos dimos cuenta de que alguien comenzó a robar pepinos de nuestro invernadero. Bueno, no del todo robar: les daba mordiscos y los dejaba tirados allí mismo. No teníamos idea de quién podría ser. Una noche, escuché un crujido, salí corriendo con una linterna, pero no vi a nadie, solo una cola que enseguida desapareció. Pronto comenzó a nevar, salí al patio, y allí vi la misma cola y a su dueña: un gata de tres colores. Estaba acostada, congelándose, cubierta de nieve. La acaricié y se puso a ronronear como un tractor. Al día siguiente vino de nuevo. Y así, comenzó a visitarnos todos los días: venía, me acompañaba hasta el automóvil y se iba a hacer sus cosas.

Cuando llegaron las heladas, no resistimos y llevamos a la gata a la casa para alimentarla. Me puse a cortar una ensalada con pepinos, y ella sintió el olor, inmediatamente se saltó y se comió un pepino entero. Al final, adoptamos a la ladrona y la llamamos Tika. Y luego resultó que estaba embarazada. Los gatitos ahora también viven con nosotros, por lo que tenemos una gran familia gatuna.

15.

La gata Megumi, o Meggie, apareció en nuestra vida por casualidad. Escuchamos un chillido triste en un tubo de ventilación, y con la ayuda de los rescatistas, salió a la luz una criatura absolutamente exhausta y deshidratada. A primera vista, no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir. Los ojos estaban llenos de arena, y al principio creímos que no los tenía en absoluto. La pata trasera colgaba sin vida: una fractura del fémur. El peso de este personaje de dos meses era de solo 600 g. Pero tenía un fuerte deseo de sobrevivir, lo que la ayudó a resistirlo todo y encontrar un hogar.

Unos días después, ya se movía por la habitación y se trepaba a nuestras rodillas. Es difícil de creer, pero la fractura se unió sin la intervención de los médicos de manera absolutamente correcta. Las vitaminas, la buena nutrición, el amor y el cuidado han hecho su trabajo.

Y tú, ¿crees que a veces los animales mismos eligen a sus propios dueños? ¿Quizás tú también tienes historias conmovedoras sobre este tema?