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11 Autores a los que les bastó escribir un solo libro para volverse mundialmente famosos

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No es tan fácil encontrar entre los muchos escritores de fama mundial a aquellos que hayan acertado con su primer y, más de una vez, único libro. Pero lo logramos y, de paso, aumentamos nuestra erudición. Porque ni siquiera sospechábamos que el manuscrito de la novela Shantaram fue hecho trizas dos veces, y que, hace 150 años, Anna Sewell se había centrado en el problema de la crueldad hacia los animales.

Genial.guru cree que muchas de estas historias pueden inspirar a alguien que ha soñado durante mucho tiempo con publicar su propio libro; pero, por distintas razones, todavía no lo ha hecho. Pero, como se dice, ¿por qué no?

1. Margaret Mitchell y Lo que el viento se llevó

Margaret Mitchell decidió escribir la novela Lo que el viento se llevó por casualidad. Una lesión en el tobillo la encadenó a la cama y no tuvo más remedio que leer un libro tras otro. Quien iba a buscar las novelas a la biblioteca más cercana era su esposo, John. Cuando se cansó de cargar montañas de literatura de un lado a otro, John le sugirió a su esposa que escribiera su propio libro en lugar de leer de a miles los de los demás.

Margaret se preguntó si valía la pena escribir una novela. Según una de las versiones, quien la motivó a publicar el manuscrito fue cierta escritora joven. La invitaron de visita a la casa de los Mitchell, y en el transcurso de la conversación le dijo burlonamente a la anfitriona de la casa que ella nunca podría escribir un libro que valiera la pena. Como resultado, la novela se convirtió en un bestseller al segundo día después de su publicación, y en 1937, la escritora ganó por él el premio Pulitzer.

2. Mary Shelley y Frankenstein, o el moderno Prometeo

El año 1816 se llamó el año sin verano. Mary Shelley y su ya famoso esposo (el poeta Percy Shelley) aceptaron la invitación de Lord George Byron para quedarse en la villa que él había alquilado.

“El verano fue húmedo y frío”, recordaría Mary más tarde, “la lluvia incesante no nos dejó salir de la casa durante días enteros”.

Los rehenes involuntarios del clima pasaban el día leyendo en voz alta, y luego discutían lo que habían leído. Un día, la conversación se centró en los experimentos de Luigi Galvani, quien había aplicado la corriente eléctrica sobre los organismos muertos, obligándolos a “revivir”. Lord Byron le propuso a cada uno de sus invitados escribir por diversión una “historia sobrenatural” y luego leérsela a todos. Mary comenzó a pensar en la trama y soñó con la idea de Frankenstein.

3. Gregory Roberts y Shantaram

En 1978, todavía estando lejos de ser escritor, Gregory Roberts estaba en prisión por cometer una serie de robos. Después de 2 años de estar encarcelado, huyó a Bombay, donde vivió durante 10 años. Fue arrestado nuevamente durante un aterrizaje en Frankfurt. Y entonces, Roberts decidió empezar la vida con una hoja en blanco.

En la cárcel, comenzó a escribir Shantaram, pero su manuscrito fue destruido por los carceleros dos veces. La segunda vez, Gregory decidió que lo único que había por hacer era perdonar a la persona que había destruido el trabajo de su vida.

En 1997, Roberts fue liberado, y unos años más tarde se publicó el libro. Hoy se traduce a casi 40 idiomas de todo el mundo. A pesar de la fama y del reconocimiento, el escritor no quiere tratar con los periodistas, explicándolo con el hecho de que ya dijo más que suficiente con su novela.

4. Arthur Golden y Memorias de una geisha

El escritor estadounidense publicó su novela en 1997. En el prefacio había palabras de gratitud: “Soy deudor de una persona más que de otras. Mineko Iwasaki corrigió mis ideas erróneas con respecto a la vida de las geishas. Gracias por todo”.

Cuando Memorias de una geisha se tradujo al japonés, Mineko Iwasaki demandó a Golden. Según la declaración, el escritor había violado el acuerdo de confidencialidad mencionando su nombre y causando daños a su reputación. Resultó que la Sra. Iwasaki era una geisha en Kioto, y en 1992 le había dado a Arthur Golden una larga entrevista.

Mineko exigió que su nombre fuera eliminado del prefacio y escribió a modo de refutación su autobiografía llamada Vida de una geisha.

5. Zelda Fitzgerald y Resérvame el vals

En 1932, Zelda estuvo en la clínica Phipps en Baltimore y allí, en un estallido creativo, durante las primeras 6 semanas escribió una novela completa. Cuando Francis Scott Fitzgerald descubrió que su esposa había enviado el manuscrito al editor, se enfureció.

Resultó que el libro estaba basado en unas anotaciones del diario personal de Zelda, que el propio escritor planeaba usar pronto en su nueva novela, Suave es la noche. Había hecho eso más de una vez anteriormente, solo que cambiaba los nombres de las personas mencionadas allí por nombres imaginarios. Después de la publicación de Resérvame el vals, llamó al libro plagio y a su esposa, una escritora de tercera categoría.

6. Anna Sewell y Azabache

Cuando Anna todavía era una colegiala, se resbaló y se lesionó gravemente los tobillos. Durante el resto de su vida no pudo pararse y caminar sin una muleta. Para agregarle comodidad a su vida, la joven usaba un carruaje tirado por caballos. Fue desde entonces que había comenzado su amor por estos animales.

Cuando tenía 50 años, Anna comenzó la novela Azabache. En este momento, su salud se deterioró tanto que la mujer no podía escribir, por lo que le dictaba el texto a su madre. Gracias a la publicación de la novela, el público centró su atención sobre el problema de la crueldad hacia los caballos.

7. François Rabelais y Gargantúa y Pantagruel

En 1532, François Rabelais, de 39 años de edad, publicó un libro sobre el bondadoso glotón gigante Pantagruel y sus “terroríficas e impresionantes” acciones y hazañas. Pronto llegó la continuación sobre otro gigante: Gargantúa.

Los representantes de la Iglesia Católica condenaron las novelas por su contenido satírico y prohibieron su impresión, distribución y lectura. Rabelais, quien había publicado ambas partes bajo el seudónimo de Alcofribas Nasier (un anagrama del nombre François Rabelais), comenzó a escribir abiertamente la tercera parte (y luego las dos restantes). Al parecer, se guio por el principio de “la mejor publicidad es la antipublicidad”.

8. Harper Lee y Matar un ruiseñor

Harper Lee viajó a Nueva York soñando con convertirse en una escritora profesional. Y en diciembre de 1956, recibió una carta de sus amigos en la que había un regalo: el salario de todo el año. Había una nota en el sobre: ​​"Tienes 1 año de vacaciones pagadas para escribir todo lo que quieras. Feliz Navidad“. En la fecha acordada, el borrador del manuscrito estaba listo.

El reconocimiento de la novela fue una sorpresa para la autora: “Nunca esperé ningún éxito de Matar un ruiseñor”. Esperaba su muerte rápida y misericordiosa en manos de los críticos, pero al mismo tiempo, pensaba: tal vez el libro le guste lo suficiente a alguien como para darme el coraje de seguir escribiendo".

9. Mariam Petrosian y La casa de los otros

Encuentro con Mariam Petrosian en San Petersburgo, julio de 2016.

La escritora armenia comenzó la novela en 1991, pero la idea y las primeras imágenes aparecieron en papel a finales de los 80, cuando Mariam tenía la misma edad que los personajes de la novela.

Mariam confesó a los periodistas que había estado escribiendo la novela para ella misma durante casi 20 años y que se sorprendió mucho cuando aparecieron tantos admiradores del libro: “Recuerdo que cuando entregaba mi libro a los conocidos que eran mayores que yo, tenía mucho miedo de escuchar sus opiniones. Y me sorprendía si les gustaba. Fue una sorpresa aún mayor que el libro se ganara el premio de la simpatía de los lectores. Leí las opiniones, hubo un par de críticas entre ellas, y eso no me sorprendía. Pero el flujo de entusiasmo sí me asombraba”.

10. Shota Rustaveli y El caballero en la piel de tigre

Según una de las versiones más populares del nacimiento del poema, se basa en la historia de la relación entre Shota Rustaveli y la reina Tamar. Los historiadores todavía discuten sobre la clase de relación que realmente tenían. Si no creemos en los rumores, sino en los hechos, la reina vivió en paz y armonía con su segundo marido, y Rustaveli era el tesorero de la corte (su firma se encontró en un acta de 1190).

Él, como todos los demás cortesanos, amaba a su gobernante, gracias a quien en la historia de Georgia comenzó la edad de oro. Además de su actividad principal, Rustaveli disfrutaba estudiar literatura. Inspirado por las buenas obras de su reina, le dedicó el poema El caballero en la piel de tigre.

11. Kathryn Stockett y Criadas y señoras

La sensacional novela sobre los afroamericanos que trabajaban para las personas de raza blanca a principios de la década de 1960 tardó mucho tiempo en encontrar a su editor. Stockett tardó 5 años en escribirla, y luego durante otros 3 años recibió rechazos de los editores (un total de 60 veces). Pero, según la propia Katherine, como confesó en una entrevista de The Guardian, es una persona increíblemente terca y, cuando escucha un no, simplemente insiste más.

Mientras Katherine vivía en Misisipi, una afroamericana llamada Demetria, fue contratada para criarla. Esto ayudó a la escritora a crear posteriormente el tono y el estado de ánimo necesarios en las páginas de su libro, así como a transmitir el estilo apropiado del discurso a las heroínas de la novela.

Por supuesto que es imposible saberlo todo, incluso llamando a Google al rescate. Por lo tanto, si después de leer nuestra lista aún conoces a alguien que podría complementarla, estaremos encantados de agregar este conocimiento a nuestro banco educativo. Y, ya que estamos, confiesa: ¿tienes algún libro inédito en tu poder? ¿Sueñas con resonar con él en todo el mundo?

Imagen de portada East News
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