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10 Reglas y tradiciones que se deben cumplir cuando nace un bebé real

La llegada de un nuevo miembro de la realeza británica no es un evento que esté en nada librado al azar. Desde el sexo del bebé, el modo en que se anuncia su nacimiento y cómo deberá fotografiarse hasta lo que llevará puesto el día de su bautismo, todo está fríamente calculado. Son tradiciones, reglas, protocolos. Algunas se conservan desde hace siglos y se cumplen a rajatabla. Otras van cambiando, ya sea por el paso del tiempo o por príncipes y princesas rebeldes que se atreven a transgredirlas.

Genial.guru buscó las más llamativas y aquí te las acerca para que te sorprendas al ver cómo hasta lo que parece más espontáneo puede formar parte de un guion real.

1. Baby shower, una costumbre mal vista por la realeza

La realeza británica, muy reacia a las estridencias, considera de muy mal gusto esta celebración en la que los más cercanos a la resplandeciente futura mamá se juntan para celebrar la llegada del bebé y le hacen regalos. Sin embargo, una pareja real que viene dando de qué hablar con sus transgresiones ha roto esta ausencia de festejo. Nos referimos al duque y la duquesa de Sussex: el príncipe Harry, hijo del príncipe Carlos y la princesa Diana; y Meghan Markle, la actriz estadounidense exestrella de la serie La ley de los audaces, feminista y mitad afroamericana. Claramente, para la realeza británica, esta joven está muy lejos de la sangre azul.

Siguiendo el camino de la transgresión, en febrero de 2019, Meghan Markle viajó a Nueva York en un jet privado para celebrar un baby shower que duró cinco días. Muy lejos de la mesura británica, la exactriz se instaló en el penthouse suite del hotel The Mark, en el Upper East Side; según se dice, el más caro de la Gran Manzana. La celebración fue organizada por las dos mejores amigas de la duquesa: la tenista Serena Williams y la abogada Amal Clooney. Además, la bella futura mamá aprovechó para salir de compras y disfrutar de la noche neoyorquina.

El palacio de Buckingham no pareció muy cómodo con la iniciativa. Aunque, por supuesto, no lo manifestó, solo aclaró que “el evento fue financiado de manera privada”.

2. Los bebés reales nacen en el palacio

Históricamente, los bebés de la Corona nacían en sus hogares, es decir, en castillos o casas vacacionales de la realeza. La reina Isabel II nació en casa de su abuelo, en el barrio londinense de Mayfair, en 1926; los príncipes Carlos, Andrés y Eduardo, en el palacio de Buckingham; y la princesa Ana, en la Casa Clarence, otra residencia real londinense donde también nació el conde de Snowdon, hijo de la princesa Margarita. La lista sigue y es extensa.

Fue Lady Diana, por todos conocida como Lady Di, la primera en transgredir la tradición. Su hijo, el príncipe William, fue el primer bebé real en nacer en un hospital. Luego, llegó su hermano Harry, el hoy príncipe azul de la duquesa de Sussex, Meghan Markle, en quien quizás vio el mismo impulso rebelde de su madre. William nació el 21 de junio de 1982 en el ala privada Lindo del Hospital St. Mary’s en Paddington, y su hermano lo hizo en el mismo lugar dos años después.

Los nietos de Lady Di y el príncipe Carlos, hijos de Kate Middleton y William, nacieron en el mismo hospital. Y en la tradicional foto en la escalera del lugar donde muestran al bebé se puede ver a la duquesa de Cambridge posando con un vestido a lunares muy similar al que había usado su suegra para la misma ocasión.

3. Los caballeros no tienen memoria, ni tampoco apellido

Aunque sus nombres suelen ser una lista interminable: el príncipe William fue bautizado con el nombre William Arthur Philip Louis y su padre es Charles Philip Arthur George, los miembros de la realeza británica no tienen un único apellido. Antes de 1917, reyes y reinas no hacían uso de esta designación. En cambio, usaban el nombre de la casa a la que pertenecían o del país que gobernaban. ¿Cómo firmaban? Solo con sus nombres. Fue a principios del siglo XX, durante la Primera Guerra Mundial, que Felipe V adoptó el apellido Windsor, se dice que para reemplazar el origen alemán de la familia, reflejado en el apellido anterior: Sajonia-Coburgo y Gotha.

Años después, la reina y el príncipe Felipe decidieron distinguirse del resto de la familia eligiendo para sus descendientes el apellido Mountbatten-Windsor. En el ejército, William usa el nombre de la casa real, Gales, pero también tiene disponibles los apellidos Windsor y Cambridge, por el título que les dieron a él y Kate Middleton cuando se casaron. Así, William Windsor y Kate Middleton son los duques de Cambridge, y sus tres hijos reales son Louis, Charlotte y George de Cambridge.

4. ¿Será niña o niño? Un verdadero enigma

El sexo del bebé no puede ser revelado sino hasta que nazca; el protocolo dice que la información no debe filtrarse sino hasta el día en que finalmente el o la heredera nace. El embarazo se anuncia desde el palacio, junto con el mes en el que se prevé que llegará el retoño al mundo. Sin embargo, nadie —ni la familia, ni los obstetras que controlan el embarazo— deberá revelar si se trata de un niño o una niña.

Una vez más, aquí aparecen claras diferencias entre los dos hijos de la rebelde Lady Di. Mientras que William y Catherine, los duques de Cambridge, no permitieron que se filtrara de ningún modo el sexo de sus tres hijos sino hasta su nacimiento; Harry y Meghan, los duques de Sussex, si bien aceptaron no difundirlo, lo compartieron con sus más allegados. De hecho, en el tan polémico baby shower, el papel color celeste con el que se veían envueltos algunos de los regalos de los invitados a la lujosa celebración despertó las sospechas de más de un medio dedicado a los miembros de la realeza.

5. Nombres: una lista algo limitada

El bebé real tiene opciones de una lista de nombres que suelen ser históricos y tradicionales dentro de las familias reales, como suelen ser, por ejemplo, George (Jorge) y Charles (Carlos). Cada quien es libre de elegir, siempre y cuando su elección esté aprobada por la familia real. Así es, la reina es quien aprueba el nombre de los bebés de la realeza que están más cerca del trono. Detrás de la elección de un nombre hay una serie de reglas y tradiciones que deben respetarse.

Aquí, algunos de los requisitos:

El nombre elegido no puede ser ni exótico ni extravagante. Debe hacer alusión a la historia, mostrar respeto por los familiares y ser lo suficientemente actual como para que todos puedan identificarse con él. Entre los nombres de niña, Alice y Victoria ocupan los primeros lugares; y para los varones, Albert y Arthur serían los ganadores. Según Carolyn Harris, autora del libro Raising Royalty: 1,000 Years of Royal Parenting, cuanto más abajo de la línea de sucesión se esté, menos tradicional puede ser el nombre. Al parecer, aquí la libertad estaría relacionada con la cercanía (o no) al poder.

Históricamente, los miembros de la realeza se caracterizan por la cantidad de nombres atribuidos a una misma persona. Así, el rey Eduardo VIII tenía siete nombres: Edward Albert Christian George Andrew Patrick David. Aunque sus familiares lo llamaban David. Al parecer, las nuevas generaciones están siendo algo más mesuradas: William y Harry tienen solo cuatro nombres, mientras que los hijos de William y Catherine tienen solo tres. Pero, claro, no se trata de cualquier nombre ni es elegido según la moda o los gustos personales. Así, el nombre completo de la princesa Charlotte —Charlotte Elizabeth Diana— es en honor al padre y a la madre del duque (Carlos y Diana) y a la reina.

6. Partos supervisados: el ojo testigo

Durante cientos de años, la presencia de un testigo en el parto era necesaria para confirmar que había nacido un heredero al trono y, además, cerciorarse de que el futuro rey no fuera cambiado. Hasta 1948, los secretarios del Estado de Asuntos Internos solían estar presentes en los partos reales. En el año 1926, cuando nació la reina Isabel II, el secretario de Asuntos Internos, Sir William Joynson-Hicks, estuvo presente en la sala de partos.

Al parecer, esta costumbre comenzó en 1688 para corroborar el nacimiento del hijo del rey Jacobo II de Inglaterra, cuyo origen real era puesto en duda. Se decía que su esposa, María II de Inglaterra, no estaba verdaderamente embarazada y que, a la hora del parto, una sirvienta iba a hacer entrar a un bebé impostor por una puerta secreta. Este rumor alcanzó para que el parto fuera multitudinario: se dice que 42 personajes públicos fueron llamados a presenciar el evento.

La tradición duró hasta muy avanzado el siglo XX. El último parto de sangre azul presenciado por un ministro fue el de la princesa Alejandra, prima de la reina Isabel II. La costumbre fue oficialmente cancelada en 1948, antes del nacimiento del príncipe Carlos.

7. Si no lo sabe la reina, no lo sabe nadie

La reina tiene que ser la primera persona en ser notificada cuando nace el bebé. Tradicionalmente, la familia designaba a un mensajero con antelación para que fuera a darle la noticia a la reina, pero, hoy en día, las nuevas tecnologías facilitan las cosas: cuando nació el primer hijo del príncipe William, él llamó a su abuela, la reina Isabel II, para darle la buena noticia desde un celular con un número de teléfono encriptado. Le informó antes que al resto de la familia, incluido antes que a su propio padre. Después, llamó a sus suegros, los padres Catherine, y después al príncipe Carlos y a su hermano, el príncipe Harry.

Sin embargo, se dice que, si el bebé real nace de madrugada, cuando la reina descansa, no se la puede despertar para avisarle; entonces, el mundo debe esperar para conocer la noticia de la llegada del nuevo heredero.

8. Nacimiento anunciado

Es tradición que la llegada de un nuevo miembro de la realeza se anuncie en la entrada del palacio de Buckingham sobre un caballete dorado expuesto a la vista del público antes de difundirse por cualquier otro medio. La nota real da los detalles que todos parecen estar ansiosos por saber: sexo del bebé, hora de nacimiento y una frase sobre el estado de salud del niño y la madre. El anuncio, del tamaño de un folio y con el membrete del palacio, está firmado por los principales doctores y queda expuesto por 24 horas. Así lo hace desde 1837 la familia real británica.

Además, hoy, en la época de las nuevas tecnologías, se utilizan las redes sociales para difundir el anuncio tan esperado: la declaración oficial se hace en sitios web como royal.gov.uk y desde allí se envía a los medios de comunicación. Los duques de Sussex anunciaron el nacimiento de su niño en su cuenta de Instagram. Estos avances sin duda no coinciden con la tradición de antes, tan típica de los cuentos de hadas, donde no había ni Facebook, ni Instagram, ni Twitter.

Entonces, la llegada de un nuevo miembro de sangre azul al mundo debe anunciarse cumpliendo, una vez más, con determinados protocolos: primero, la reina; segundo, el caballete; tercero, la redes.

9. Salvas de honor, banderas y colores para celebrar la llegada del bebé

Londres retumba cuando llega un bebé a la realeza. Los cañones lanzan salvas de honor desde la Torre de Londres y desde el Green Park, cerca de Buckingham. Las salvas en el parque son 41: 21 por el saludo real tradicional y 20 más por ser en un parque real. Y en la Torre de Londres, habrá 62 disparos: 21 tradicionales, 20 por tratarse de un castillo real y 21 más en nombre de la ciudad de Londres.

La bandera del Reino Unido es izada en todos los edificios oficiales, en los barcos de la Marina Real y en los establecimientos de Defensa. Repican las campanas de la abadía de Westminster y los monumentos de la ciudad se tiñen de rosa o azul. Al parecer, Londres no está dispuesta a hacer pasar desapercibida la llegada de un nuevo heredero al trono.

10. El bautismo: primera cita oficial en la agenda del bebé

El bautismo es la primera aparición pública oficial del bebé (en realidad, la segunda, porque la primera es cuando abandona el hospital donde nació fotografiado en brazos de sus padres). Y se celebra entre el primer y el tercer mes después del nacimiento. Isabel II fue bautizada en la capilla privada del palacio de Buckingham cuando tenía un mes, mientras que el príncipe William tenía dos meses y el príncipe Harry, tres.

Esta tradición (que también es una regla) se ha mantenido durante los últimos 100 años, y lo mismo ocurre con el atuendo que luce el o la homenajeada: el traje de cristianar. La prenda, confeccionada con encaje Honiton y satín blanco, fue diseñada hace más de 160 años especialmente para el bautismo de la hija mayor de la reina Victoria, la princesa real Victoria Adelaide Mary Louisa. Desde que lo estrenó la hija mayor de la reina Victoria, en 1841, 62 niños lo han lucido, entre ellos, los príncipes William y Harry, el padre de ambos (el príncipe Carlos) y la reina Isabel II. Como se trata de una pieza histórica, se confeccionó una réplica que ha sido usada por los tres hijos de William y Catherine para sus bautismos.

Un dato que suma a las diferencias entre los Sussex y los Cambridge: mientras que los últimos cumplen las tradiciones al pie de la letra, los primeros las esquivan. Harry y Meghan no revelaron dónde nacería el bebé, ni lo expusieron para que lo fotografiara la prensa, ni hicieron la ceremonia del bautismo siguiendo el tradicional protocolo. El bautismo de Archie, el hijo de los Sussex, fue absolutamente privado, sin prensa y sin atuendo heredado.

¿Conoces alguna otra tradición de la realeza británica que no hayamos mencionado aquí y que aún se cumpla? ¿Sabes de alguna otra que haya ido cambiando con el correr del tiempo?