Genial
Genial

10 Datos sobre los bailes de gala del pasado que revelan lo que sucedía detrás de bambalinas

En algunos libros, películas y series históricas, no puede faltar la celebración por excelencia de esa época: los bailes. Cuando imaginamos estas fiestas, tendemos a pensar en los vestidos bonitos, danzas elegantes y los salones lujosos. Sin embargo, había mucho trabajo detrás de escena y reglas que se debían seguir en cuanto a comportamiento, vestimenta y baile.

En Genial.guru, averiguamos algunos puntos interesantes sobre ellos para que te hagas una idea de cómo era asistir a un baile en los siglos XVIII y XIX.

1. Había diferentes tipos de bailes

Celebrar un baile podía tener diferentes propósitos, y había varías clases de estos. Por ejemplo, los bailes para debutantes estaban destinados a presentar a las jovencitas en sociedad. También se organizaban bailes para recaudar fondos y otros eran arreglados por asociaciones específicas. Los más populares eran los bailes de disfraces, aunque no eran tan frecuentes.

Asimismo, se organizaban bailes de máscaras; aunque se daban rara vez en Inglaterra. Generalmente, los bailes eran un asunto privado, aunque podía darse de vez en cuando uno público. De esta última clase, podemos encontrar bailes militares, bailes del condado e, incluso, bailes de caza.

2. No en todas las fiestas se bailaba

Durante el periodo de Regencia, asistir a una fiesta se trataba, más que de un baile, de una cena. En estos agasajos no podía faltar la comida en abundancia, ya que una mesa repleta era signo de opulencia y así se podía impresionar a los vecinos. Una familia pudiente podía ofrecer hasta diez platos en la cena.

Luego, damas y caballeros se separaban en diferentes salones para charlar, jugar y tomar té o café. Después se reagrupaban para despedirse y regresar a casa o salir por la noche.

3. Existían guías sobre cómo comportarse en un baile

Los bailes fueron especialmente populares durante la época victoriana, momento en que la sociedad contaba con estrictas normas morales. Por eso no era raro que se publicaran diferentes libros, manuales y artículos sobre la etiqueta adecuada a seguir para los bailes. En ellas podían encontrarse guías sobre cómo vestirse y comportarse adecuadamente o qué decir en una situación específica.

En 1866, se publicó el libro The Ball-Room Guide. Este brindaba consejos sobre cómo organizar un baile privado. En él, por ejemplo, se especificaba que se debía invitar a más personas de las que se pudieran acomodar, ya que era raro que todas se presentaran.

4. Prepararlos no era fácil ni barato

Las invitaciones debían enviarse con tres semanas de anticipación y en papeles de carta pequeños y de la mejor calidad. La señora de la casa tenía que organizar el menú de la cena. Además, eran indispensables los refrigerios, tales como vino, limonada, té y café. También se ofrecían helados, obleas, pasteles y galletas saladas.

Para las damas, se debía proveer un guardarropa especial en donde se prestaba cualquier tipo de ayuda para ellas. Si se necesitaba arreglar el cabello o reparar un vestido roto, se acudía allí. En esta habitación tenían que abundar los espejos, horquillas para el cabello y agujas e hilo.

5. La etiqueta de vestimenta variaba dependiendo del estado civil de una mujer

Para los bailes, los hombres se vestían elegantemente, por supuesto. Sin embargo, estos eran generalmente momentos para que la mujer pudiera destacar con su vestimenta. Aun así, no todas las damas podían vestirse como desearan.

Una mujer casada, por ejemplo, era libre de usar atuendos, accesorios y peinados extravagantes. No obstante, las jóvenes solteras tenían que arreglarse con modestia. Como su objetivo principal era conseguir un esposo, cualidades como la pureza y discreción eran muy valoradas en ellas.

6. Los protocolos de pareja de danza eran estrictos

Para el momento de la danza, el hombre podía elegir a su pareja y reservar un baile con ella con anticipación. Aun así, no estaba bien visto que un caballero bailara más de una vez con la misma dama. Ellos tampoco debían insistir si su invitación era rechazada. Sin embargo, era inaceptable que una joven rechazara una invitación para bailar.

Además, se esperaba que todos los hombres solteros bailaran. Esto era una muestra de cortesía básica hacia el anfitrión. Si una jovencita no contaba con una pareja propia, el anfitrión debía invitar a cualquiera que aún no hubiera bailado para que la acompañara a la pista.

7. Duraban varias horas

Muchas de las danzas que se bailaban en ese entonces eran físicamente exigentes. Además, los eventos duraban unas seis horas o más. Por eso, normalmente, duraban toda la noche y terminaban cuando se asomaba el amanecer.

Según una guía del siglo XIX para ofrecer bailes, organizar de dieciocho a veintiún piezas de baile era un número conveniente. Luego del baile número 12, se ofrecía la cena, y después se continuaba con la lista de bailes. Si se terminaban las piezas, pero el deseo de seguir bailando continuaba, se podía improvisar uno o dos bailes más.

8. Se le debía prestar especial atención a la pareja

Un libro de etiqueta para hombres expresó que un verdadero caballero debía prestarle atención exclusiva a su pareja de baile. Además, se esperaba que entablaran conversación mientras bailaban. Como las piezas de baile eran largas, podían intercambiar comentarios fácilmente y se consideraba un deber del caballero hacerlo.

Al finalizar la pieza de baile, el trabajo del hombre no acababa. Él debía pasear con ella, invitarla a un refrigerio y llevarla a su asiento. Al mismo tiempo, las damas podían pedirles a sus parejas que las condujeran hacia algún lado del salón, y ellos tenían que acceder a hacerlo.

9. Los chaperones eran indispensables para las jóvenes

Durante un baile, una joven siempre estaba bajo la protección de un chaperón. Este papel lo cumplía una dama casada mayor, como su madre, tía u otra conocida. El propósito de un chaperón era salvaguardar la reputación de una dama. Según una guía de etiqueta para damas publicada en 1800, la regla más importante era que ninguna joven debía ser vista en público sin un acompañante.

Cuando se encontraban en un baile, la jovencita tenía que permanecer junto a su chaperona hasta que la invitaran a bailar. Entre las piezas, la joven podía pasearse con su última pareja de baile hasta que comenzara la próxima danza. Si no, debía llevarla de vuelta a su acompañante.

10. No se podía bailar con un hermano o esposo

El propósito principal de bailar era que las damas se lucieran, además de que eran una parte importante del cortejo. Como un hombre no cortejaría a su hermana, bailar con ella en público habría sido inapropiado. En cuanto a las parejas casadas, ellos podían bailar siempre y cuando no lo hicieran juntos.

Diferentes manuales de etiqueta afirmaban que no era costumbre que las personas casadas bailaran juntas en sociedad. Aunque que ellos lo hicieran no era algo escandaloso, al bailar con su esposa, un hombre casado le quitaba la oportunidad de lucirse a otra joven.

¿Te gustaría asistir a un baile de época o prefieres las fiestas modernas? ¿Por qué? ¿Cuál es tu película histórica favorita?

Genial/Fotografías/10 Datos sobre los bailes de gala del pasado que revelan lo que sucedía detrás de bambalinas
Compartir este artículo
Te pueden gustar estos artículos