Me pasó algo muy similar cuando iba a hacer mi examen de ingreso a la universidad. Ese día estaba súper nerviosa. Me pasé toda la noche repasando el temario y había dormido apenas 2 horas, así que decidí (no sé por qué) que era buena idea tomarme el primer café de mi vida. Cuando iba de camino en el autobús, comencé a sentirme muy mal, mareada, me temblaban las manos… Al llegar a la universidad en la que tenía que hacer mi prueba, el tembleque era tal que una profesora me ayudó a tumbarme en uno de los bancos del pasillo y mandó a un compañero a comprarme algo de comer. Esperaron hasta que se me pasó para iniciar el examen y que no perdiera mi oportunidad 😢♥️
10 Historias de bondad que transformaron vidas y tocaron corazones

En medio del caos y el ajetreo de la vida diaria, podríamos creer que los actos de bondad son escasos; sin embargo, no son pocos y consiguen cambiar lo que tocan.
Actúan de forma desinteresada, no esperan nada a cambio y no llevan capa, pero estas personas que dan aliento y esperanza a otros son los héroes de a pie que todos necesitamos en algún momento.
- Hace unos años, mientras estaba en la lavandería automática, me puse a contar mis últimas monedas para poder secar la ropa de mis niños. Después de contarlas en varias ocasiones y revisar todos mis bolsillos, me di cuenta de que no me iba a alcanzar y que mis hijos no tendrían ropa seca que ponerse al día siguiente. Desesperada y agotada, me senté a llorar en una esquina. Segundos después, una mujer mayor que estaba doblando su ropa en silencio se acercó y, sin decirme nada, insertó varias monedas en dos de las secadoras. Con los ojos llenos de lágrimas, traté de darle las gracias, pero me miró fijamente, me dio un abrazo y me dijo: “Hoy por ti y mañana por mí. Sé lo que es no tener nada en los bolsillos”. Esa noche mis hijos disfrutaron de sus sábanas calientes y, al día siguiente, tuvieron ropa limpia y seca para ir a la escuela.
- El día de mi examen final en la universidad, mi coche se averió, no tenía dinero para un taxi y llegué tarde a clase. Entré llorando, porque sabía de buena tinta que el reglamento de la universidad prohibía el ingreso al aula después del horario previsto. Mi profesor, ampliamente conocido por tener mucho carácter y ser uno de los más estrictos, me miró, se levantó, cerró la puerta y anunció: “Me voy cinco minutos a tomar un café. Si en ese tiempo alguien llega tarde, que se siente en silencio y empiece su examen”. Hizo como que no me veía y me dio la oportunidad de mi vida. Gracias a eso aprobé, me licencié y ahora soy una profesional.
No te pierdas otros actos de bondad: “10 Personas que eligieron la bondad cuando era más fácil mirar hacia otro lado”.
- Acababa de empezar a trabajar como repartidor y mi abrigo se empapó bajo una tormenta eléctrica. Cuando llamé a la puerta para entregar mi siguiente pedido, el cliente se dio cuenta de que estaba empapado y de que temblaba violentamente a causa del frío. Me pidió que le esperara un segundo y regresó con un abrigo térmico de marca y un termo de café caliente. “Quédatelo, yo tengo otro y tú lo necesitas para trabajar”, me dijo. Ese abrigo me acompañó y me protegió muchos inviernos, pero lo que realmente me alegró el día fue saber que alguien me veía como un ser humano y no solo como un servicio.
- Estuve trabajando como camarera para poder costear mis estudios. Una noche, una pareja vino a cenar al restaurante y cuando se fueron me dejaron una nota en una servilleta junto con 100 €.
La nota decía: “Nos dimos cuenta de que estabas estudiando matemáticas entre servicios. No te rindas, el mundo necesita gente tan dedicada y trabajadora como tú”.
Esos 100 € eran justo la cantidad que me faltaba para poder comprarme el libro de texto que necesitaba. Nunca olvidaré sus caras.

Tampoco es que con 100 euros se va a pagar todos los estudiso
- Cuando me quedé sin trabajo, iba a la frutería y pedía lo más barato. El dueño del negocio era un señor mayor que parecía “equivocarse” siempre al pesar los productos. Él me cobraba un kilo, pero en realidad en la bolsa había dos. Un día se lo dije, me guiñó un ojo y me dijo: “Es que la báscula está vieja, como yo”. Ese señor sabía que pasaba hambre y salvó mi dignidad y mi estómago con su supuesta “torpeza”.
- En el autobús escolar un grupo de chicos siempre se burlaba de mis zapatos rotos. Un compañero mayor que siempre se sentaba solo y al que todos parecían temerle, se levantó, se sentó conmigo y sacó un par de deportivas de su mochila. “Me quedan pequeñas, pruébatelas”, dijo en voz alta. En ese instante, todos se callaron. No solo me dio un par de zapatos, me regaló un escudo contra aquellos chicos. Años más tarde me enteré de que las había comprado el mismo día con sus ahorros.
- Hace un tiempo me mudé a una casa pequeña que tenía un jardín bastante descuidado porque no podía pagar nada mejor. Cada mañana, mientras yo trabajaba, mi vecino jubilado comenzó a saltar la valla para podar el césped y plantar algunas flores. El día que me atreví a preguntarle por qué lo hacía, me respondió. “Las flores solo saben de alegría. Y tu ventana necesitaba alegría”. Convirtió mi jardín desolado y mi soledad en un paisaje hermoso lleno de colores, sin pedir nada a cambio.

Que mala que es la depresión y las trsitezas. Por lo menos el chico se dio cuent y la ayudo a snar de alguna manera
- Durante un tiempo viví en un pequeño apartamento y mi vecino tocaba el piano de forma muy hermosa. En aquel momento, yo estaba atravesando una profunda depresión y el silencio me dolía, así que un día le dejé una nota: “Tú música es lo único que me ayuda a mantenerme cuerda”. Desde entonces, cada vez que yo llegaba a casa del trabajo y escuchaba que cerraba la puerta, comenzaba a tocar mi pieza favorita. Nunca pudimos hablar, pero las notas que tocaba fueron mi mejor terapia.
- Me quedé tirada en el aeropuerto cuando mi vuelo para ir a ver a mi madre enferma se canceló. No tenía dinero para pagar un hotel ni para comprar un nuevo billete. El hombre que estaba detrás de mí en la fila escuchó mi situación mientras me atendían en el mostrador, se acercó y me pagó un billete en primera clase con los puntos que había acumulado. Solo me dijo: “Vuela a casa, ella te necesita”. Nunca supe su nombre, pero me acuerdo de él cada día.
- Estaba solo y aterrado en el hospital, mientras esperaba una cirugía de riesgo. No tenía a nadie a quien llamar. Un chico que esperaba a su madre se dio cuenta de que estaba solo y que mis manos temblaban. Se sentó junto a mí, me tomó de la mano y comenzó a hablarme de fútbol y del tiempo durante algo más de una hora. Cuando los médicos vinieron a llamarme, me abrazó y me susurró: “Aquí voy a estar cuando salgas”. Cuando desperté, él ya se había ido, pero me había dejado una revista junto con una nota que decía: “Lo lograste. Descansa”. Ese joven me dio las fuerzas y el apoyo que nadie me había dado.
Comentarios
Pues yo hay veces que creo que la bondad se acabó. pero bueno dspues de leer esto supongo que todavía queda un poquito de buena fé en este mundo no?
Yo también quiero que me pasen cosas como esas. Qué bonisss
Una vez ayudé a un chico canadiense en las urgencias, no hablaba español y no tenía batería en su móvil.
Qué bueno ver que todavía pasan cosas como estas...
Qué bonito es cuando la gente se ayuda.
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