11 Personas que no tuvieron una crianza normal y comparten su historia

Historias
hace 2 horas
11 Personas que no tuvieron una crianza normal y comparten su historia

Cuando somos chicos tenemos una visión parcial del mundo, y creemos que nuestra normalidad, aquello que vivimos en nuestra casa, es lo normal para todos. Luego crecemos, nos relacionamos con otras personas, y entendemos que hay muchas maneras de criar a un hijo; y a veces, ese hijo no es hijo sino nieto, sobrino, hijastro... nuestros lectores compartieron sus historias de crianza inusual, para mostrar que el amor puede darse de muchas maneras.

  • Mi mamá trabajaba todo el día y lejos de casa, así que debía tomar tren y colectivo a la ida y a la vuelta. Por ese motivo me crio mi abuela: ella me llevaba a la escuela, me preparaba la comida, me cuidaba todo el día hasta que mi mamá regresaba, agotada. No sé qué habría sido sin ellas.
  • Cuando yo era chiquito, a los tres años, mi mamá murió y un par de años después mi papá se enamoró de otra mujer, Sandra, y se casaron. Bueno, mi papá falleció unos años más tarde, y Sandra me crio durante el resto de mi infancia y toda mi adolescencia. Ella ni siquiera me conoció de bebé, y sin embargo nunca me abandonó. No olvido a mi mamá, pero Sandra sigue ocupando un lugar importantísimo en mi vida. Yo estoy grande, ella está más grande aun, y somos familia. Es la abuela de mis hijos.
  • Mis padres me tuvieron siendo muy jóvenes. Vivieron una vida muy dura ambos, y no quiero entrar en detalles, pero quien se encargó de mi crianza y de darme amor y cuidados fue la hermana de mi papá, mi tía. Lo curioso es que ella no era mucho más grande que mi papá, apenas tres años más, y sin embargo, durante mucho tiempo, dejó de lado su juventud y su vida social para criarme como a un hijo.
  • Mi papá era músico y vivía de gira, y mi mamá trabajaba de noche en un hospital. Casi no los veía juntos. Esto puede sonar extraño, pero me crio el vecino del 3B, Ricardo, jubilado, viudo y sin hijos. Me ayudaba con las tareas del colegio, me daba de almorzar y me dejaba ver televisión en su casa hasta que mi mamá se levantaba de dormir, cerca de las dos de la tarde.
  • Nací en el campo, pero mis padres se fueron a la ciudad a estudiar y a buscar “un mejor trabajo”. Me dejaron con mis bisabuelos, que eran muy grandes ya. Crecí entre gallinas y siestas largas. Cuando mis padres volvieron, yo ya era casi adulto. Hoy vivimos cerca, yo tengo mi propia familia, y me llevo bien con mis padres, pero no puedo decir que nuestra relación es muy amorosa. Nos vemos para cumpleaños y Navidad, y nada más. Para algunos, la vida es así.
  • Mi mamá decidió viajar por el mundo. No quería dejarme, así que me llevó con ella, y cambié de país cada año. Viví en Bolivia, Argentina, Costa Rica, México, Italia y Alemania. No tuve amigos fijos ni escuela normal, aprendí idiomas en plazas y aeropuertos, y la imagen de mi infancia fue una valija siempre lista.
  • Fui hijo único hasta los diez, toda la casa era para mí. Era un poco caprichoso y egocéntrico, pero no a extremos insoportables. Ese año mis padres adoptaron a tres hermanos (mis hermanos, a fin de cuentas); tenían 8, 5 y 2 años. ¿La consecuencia para mí? Mi vida se volvió un caos hermoso. Pasé de estar solo a compartir todo, aprendí paciencia y a hablar fuerte. Mi crianza fue una revolución diaria. Siempre les agradezco a mis padres por eso.
  • Mi papá estuvo ausente varios años, y mi mamá no pudo sola. Me crio la mamá de mi mejor amigo. Dormía en su casa y pasaba las fiestas con ellos. Nunca me hicieron sentir invitado. Siempre fui uno más en la mesa.
  • Poco después de que nací, mi mamá enfermó, y mi tía se mudó con nosotros. Tengo recuerdos de ella estando ahí, siempre. Mi mamá también estaba, pero “lejos”: no se levantaba de la cama. Con el tiempo mejoró y volvimos a ser tres. Crecí entendiendo que el amor a veces duele.
  • Me criaron mis dos papás. Era otra época, y en la escuela me hacían preguntas raras. Yo no entendía el problema, realmente. En casa había cariño y reglas claras. Me enseñaron a defenderme hablando. Mi familia era distinta, pero nunca me faltó nada.
  • Mis padres trabajaban en un circo. No es tan divertido como puede parecer. Pasé mi infancia entre carpas y artistas circenses. Me dormía con aplausos de fondo. Los maestros iban y venían. No fue una vida estable, pero sí intensa. Cuando crecí y tuve la oportunidad de tener a mi marido y mi hija, decidí que viviríamos en una casa y yo trabajaría en una oficina. Basta de circos para mí.

¿Conoces historias de crianza inusuales, con final feliz? ¿Cuál de estas historias te conmovió más?

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