12 Compradores tan peculiares que ni los vendedores más expertos supieron cómo reaccionar

Historias
hace 16 horas

Los empleados de tiendas, cafeterías, clínicas y otros lugares públicos son verdaderos afortunados: tienen la suerte de convertirse en recolectores de anécdotas. Historias curiosas sobre lo peculiares que pueden llegar a ser algunos clientes.

  • En la tienda donde trabajaba teníamos un cliente habitual: un anciano malhumorado que estaba convencido de que siempre lo engañábamos o le dábamos menos producto. Cada una de sus visitas terminaba provocando una crisis nerviosa en al menos un tercio del equipo. A mí me comenzaba a dar un tic solo con verlo. Pero todo ese odio desapareció después de un episodio. Por primera vez vino acompañado de su esposa, y la obligó a pagar sus compras con su tarjeta, delante de toda la fila. La pobre mujer casi lloraba, pero pagó. Nunca lo vi tan patético y ridículo como en ese momento. © Oído por ahí / Ideer
  • Hace unos 25 años trabajé como taxista. Tenía una clienta usual que pedía viajes desde el último edificio de nueve pisos hasta el primero de cinco pisos... que estaba literalmente a la vuelta, en el mismo conjunto habitacional. La tarifa urbana era fija, y siempre pagaba completa. Cada vez le preguntaba: “¿Quiere el camino bonito o el rápido?” Y ella respondía: “Como tú quieras”. Así que a veces la llevaba por todo el centro “bonito” hasta el edificio vecino. Me decía que los otros taxistas se molestaban, por eso siempre pedía el viaje conmigo. ¿Pero por qué molestarse? Por una tarifa completa, llevaba a una mujer simpática a la vuelta de la esquina. Hasta hoy sigo sin entender por qué tomaba taxi.
  • Una vez llegó una clienta y pidió dos porciones grandes de papas fritas. La atendí, pagó, le di su recibo... y de pronto dijo: “¡Ay, quería cuatro porciones!”. Le propuse agregar las otras dos, pero me respondió: “No, mejor devuélveme el dinero y vuelvo a hacer el pedido con las cuatro porciones desde el principio”. © OniiKaps / Reddit
  • Una clienta venía de vez en cuando a recoger comida para llevar. Un día le entregué su pedido y me pidió una taza llena del jarabe de durazno que usábamos para el té helado. Ese jarabe costaba 12 dólares la botella. Pero ella lo quería gratis, y no una gota: ¡una taza entera! Le dije amablemente que no podíamos hacer eso. Se molestó muchísimo. Insistió en que siempre se lo daban y exigió hablar con el gerente. La gerente le explicó lo mismo que yo... y quedó impactada al saber que otros empleados accedían. © Unknown author / Reddit
  • Trabajaba en un restaurante pequeño. Recibimos un pedido online y lo procesamos como siempre. De rato llamó la chica que lo había hecho. Resultó que quería pedir comida en un local cercano, pero se equivocó y lo hizo con nosotros, que estábamos a dos horas de distancia. Me preguntó si podía llevarle personalmente su pedido. Le expliqué que no hacíamos envíos. Ella chasqueó la lengua con desaprobación y colgó. Bueno, comida gratis para nosotros. © ChamberK-1 / Reddit
  • Trabajaba en una clínica. Una mujer vino a registrarse para un chequeo general. A simple vista, parecía tener unos 60 años: bien vestida, con maquillaje impecable y las uñas arregladas. Mientras llenaba su ficha, vi que tenía ¡90 años! Nos pusimos a conversar. Me contó que solo venía al médico para hacerse chequeos y que en toda su vida solo había estado hospitalizada tres veces... cuando dio a luz. © Oído por ahí / Ideer
  • Durante un tiempo, una pareja de agentes inmobiliarios venía todos los domingos, quince minutos antes del cierre. Eran clientes VIP y habituales. Un día, él pidió espaguetis con albóndigas... pero solo una albóndiga en lugar de tres, y también una sola pechuga de pollo frita con salsa. Pedidos así de específicos y extraños eran su pan de cada día. © DimitriTheMad / Reddit
  • Trabajaba en un gimnasio. Siempre me habían divertido las preguntas de los clientes, pero una chica rompió todos los récords: me preguntó si la temperatura del agua era la misma en todos los carriles de la piscina. Con toda calma, fingí hacer una llamada y dije en voz alta: “Buenas tardes, ¿podrías subir la temperatura en el carril siete?” © Oído por ahí / Ideer
  • Fui repartidor en una florería. Una vez, una clienta pidió un ramo con una tarjeta... y de paso me pidió que le comprara un paquete de chicles porque le daba flojera salir. Lo hice. Cuando llegué a su casa, me dio un billete grande. Como no tenía cambio, me pidió que fuera al súper, le comprara algunas cosas y así le devolviera el resto. Sacó el máximo provecho de mí como repartidor. © Oído por ahí  / Ideer
  • Una clienta entró a nuestra tienda de muebles con un sombrero ridículo y ropa igual de extraña. Empujaba un cochecito de bebé y murmuraba sonidos extraños, más parecidos a los chillidos de una ardilla que a un “cuchi-cuchi”. Me acerqué, preocupado... y de pronto, ¡saltó un gato del cochecito! Me llevé un susto tremendo. La mujer lo volvió a meter con toda calma. Dentro había otro gato... ¡y un conejo! © BlackbeltJones / Reddit
  • Había una pareja que venía todos los sábados, más o menos una hora antes de que terminara mi turno. La chica llevaba tanto perfume que me daba dolor de cabeza. Siempre pedían cosas por las que no se debía cobrar, como dos ramitas de apio. No me habría molestado si al menos dejaran buena propina, pero ni eso. La próxima vez que vinieran, tenía pensado decirles que debía empezar a cobrarles, o el dueño del local me iba a regañar. © Jo6045 / Reddit
  • Trabajaba en un club deportivo. Una mujer llegaba y, sin siquiera cambiarse, iba directamente a la piscina con su abrigo de piel puesto. Se acostaba en una hamaca, se cubría con el mismo abrigo y se quedaba dormida. Dos horas después, se marchaba. Seguridad le preguntó qué pasaba. Resultó que su esposo le había regalado la membresía del club y la obligaba a asistir. La despertaba por la mañana y la llevaba. Dos horas después la recogía. Ella simplemente fingía que hacía ejercicio.

Sin duda, hubo clientes capaces de dejar desconcertados hasta a los empleados más pacientes. Estas historias compartidas en redes son la mejor prueba de ello.

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