19 Personas que aprendieron a la mala que andar de fisgones no era lo suyo

Historias
hace 8 meses

A veces un buen chisme es lo que le da el giro interesante a nuestro día, pero andar metiendo la nariz donde nadie nos llama puede tener sus consecuencias. Estos usuarios contaron sus historias y nos demostraron que andar de curiosos no siempre es la mejor idea, sobre todo cuando tenemos un estómago sensible. Eso sí, ahora sus anécdotas son una buena fuente de risas.

  • Una vez fui a la bodega de una casa y vi unos sacos que parecían harina, pero no estaba segura de qué era realmente. Mi curiosidad fue grande, así que metí el dedo para probar y resultó que era veneno. Por suerte no me morí. © Laura Senaida Serrano Torres / Facebook
  • Donde trabajaba, una de las visitas tenía la costumbre de que cuando llegaba abría el refrigerador para ver qué había. Entonces, una vez encontró un plato de leche con cereal. Lo sacó y empezó a comer, luego dijo que sabía raro. Nos dio mucha risa cuando le dijeron que el famoso cereal era en realidad croquetas para el perro, estaban en leche porque aún era un cachorro. Al final la persona nos dijo que no sabían tan mal. © Magdalena Blanco / Facebook
  • Cuando estaba en segundo grado, una maestra practicante nos dio una clase sobre las ovejas. Hasta llevó una oveja de verdad al salón para que tocáramos su pelaje y viviéramos esa hermosa experiencia. Todo iba bien, hasta que sonó el timbre y salimos al recreo. Entonces vi en el corredor muchos manís con chocolate. Yo estaba feliz de que a alguien se le hubieran caído. Tomé un montón y me los comí todos de un solo bocado. Se me hizo una pasta horrible en la boca y no podía escupirlas. Tuvieron que venir varias maestras a ayudarme, me llevaron al baño y me lavaron la boca y los dientes. Aparte me regañaron por comerme la popó de la oveja. Hasta ahora si veo maní con chocolate lo recuerdo y me da asco. © Susana Osella / Facebook
  • Mi papá era gallero y preparaba una comida especial para sus pollos, eran verduras talladas y un alimento especial llamado “crecimiento para aves”. Un día mi hermanita pequeña agarró el tazón y la encontramos bien feliz comiéndose el preparado. © Ana Garcia / Facebook
  • Me levanté para hacer café, pero no traía mis lentes. Sobre la mesa había una bolsa abierta de “chispas” de chocolate para postres. Tomé unas cuantas y me las llevé a la boca. Todavía cuando vi que se me habían caído dos al suelo, las levanté y me las metí a la boca. Resultó que una de las que junté era comida para perro, que resultó ser del mismo tamaño y color. Pero bueno, descubrí que no saben tan mal. © Dario Fiorentini / Facebook
  • Estaba con mis hijos haciendo tareas y pegando unas cosas en una cartulina. De pronto llegó una visita y sin preguntar metió el dedo en un botecito que teníamos sobre la mesa. Así se comió lo que había ahí. Terminó escupiendo y me dijo: “Pero cómo no me avisas que es pegamento, yo pensé que era betún de huevo”. © Gloria Lope de Oliveira / Facebook
  • Cuando era niña, siempre me gustó arrancar las hojas de los árboles, ahora no lo hago porque respeto la naturaleza. Sin embargo, un día me dio curiosidad probar el líquido como blanco que le salía a una hoja y parecía leche. Lo probé y me supo amargoso y después empecé a sentir picazón en la garganta. Tuve que correr rápido a beber leche de verdad, así fue de modo que se me quitó la picazón. © Janeth FüHer / Facebook
  • Un día me estaba comiendo la mitad de un bolillo con leche condensada. Me lo acabé y me iba a comer la otra mitad, pero casi no salía leche de la lata, así que la empecé a abrir con un abrelatas. Entonces me di cuenta de que salía poca porque ya estaba enlamada. © Rosalba Mendez / Facebook
  • Cuando yo era pequeña, mi madre compró una tableta de chocolate y mientras nos la repartía, yo iba y venía para meter el dedo por un huequito que tenía abierto. Así me comía los pedacitos pequeñitos que quedaban. Al ir mi madre a repartir el chocolate se dio cuenta de que eran unos gusanitos, y eran los mismos que yo ya me había estado comiendo. © Juana Bernal / Facebook
  • Compré un champurrado y cuando lo probé sabía rico. Al siguiente sorbo dije: “Qué rico, una pasita”, y luego que truena. Era una mosca grandota, de esas verdes. © Mariquita Aguilar / Facebook
  • Cuando recién llegué a otro país, fui a limpiar una casa. Yo no llevé nada para comer y tenía hambre, como la señora de la casa no estaba, busqué en el refrigerador y solamente encontré una mantequillera con paté. Me preparé un sándwich con eso y estaba rico. Cuando regresó la señora le dije que había tomado un poco de su paté y dijo: “¿Qué? Eso es la comida del perro”. Pero a mí me supo deliciosa. © Msoledad Rionet / Facebook
  • Mi mamá y mi papá hacían la compra semanal. Un día estábamos con mi hermana Ester en la casa cuando papá y mamá trajeron la compra y luego se fueron a comprar verduras y frutas. Ester era seis años más grande que yo, y yo tendría cuatro o cinco años. A ella le encantaba revisar las bolsas, estábamos revisando y ella se apura a desenvolver un paquete rectangular que creyó que era un dulce. Inmediatamente, lo mordió, era un trozo grande que le cabía en toda su boca. Comenzó a masticar y luego veo que lo escupe. No era dulce, era un jabón para lavar la ropa, del mismo color del dulce que le gustaba. © Mirta Molina de Sosa / Facebook
  • Llegué del trabajo cuando aún vivía con mis papás, ese día mi mamá había puesto sobre la mesa aserrín para perros y sobrante de caldo de res. Yo llegué cansada y con hambre del trabajo y creí que eran albóndigas. Todavía las metí al microondas para recalentar, me supo tan rico que cuando llegó mi mamá y preguntó que quién se había comido la comida para perros y le dije que yo. En ese momento mis hermanos y ella se rieron de mí, así que desde ese momento no me gustan las albóndigas y menos con caldo. © Janeth FüHer / Facebook
  • Cuando era pequeña, el chocolate en casa se veía poco. Una noche, me levanté a buscarlo y vi una caja de bombones en la despensa. Probé uno y resultó ser un cubito de caldo envuelto en un papel dorado. © Isabel Maria Ríos Vega / Facebook
  • Mi ex suegra una vez se tomó el agua en la que había hervido mis recolectores de leche y los biberones de mi hijo. © Lizeth Galarza / Facebook
Imagen de portada Ana Lara / Facebook

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