20+ Mascotas de nuestros lectores que, luego de partir de este mundo, les hicieron una visita imprevista

Historias
hace 1 año

Muchos quisiéramos que nuestras mascotas fueran eternas. Poder seguir llenando nuestras vidas con su amor, sus travesuras y su lealtad es una petición que hacemos casi a diario. Sin embargo, debemos estar conscientes de que ellos se irán de este mundo antes que nosotros y que, aunque lo deseemos con todas nuestras fuerzas, no volveremos a verlos. ¿O sí? La verdad es que hay quienes marcaron tanto la vida de sus peludos que han vuelto a sentir su presencia incluso años después de haberles dado un último adiós.

En Genial.guru hemos recopilado varias historias de nuestros lectores, que crearon un vínculo tan fuerte con sus mascotas que sobrepasa el umbral del más allá.

  • Mi perrito se perdió cuando tenía ocho años. Lo busqué sin descanso, pero no lo encontré. Con el tiempo me resigné y rogaba que quien lo tuviera lo quisiera y lo cuidara más que yo. Una noche, mientras estaba en la cama, sentí claramente que algo saltó sobre ella y se sentó, como lo hacía mi mascota. Incluso sentí su aliento en mi cuello y su olor característico. En ese momento supe que mi perro había muerto. Algo que ni yo misma puedo explicarme. © Carmen Reyes / Facebook
  • Mi perrito murió a los 14 años y no pude despedirme de él porque estaba trabajando. Pasé noches llorando en la cama por la pérdida de mi fiel amigo. Una noche tuve un sueño: yo paseaba por una especie de parque muy verde, muy soleado, y comencé a ver muchos perros corriendo de un lado para otro. Había un señor en un banco sentado y me dijo: “Míralo, ahí está”, y era mi perro que venía corriendo hacia mí. Recuerdo que me miró y fue como si me hablara mentalmente. Me hizo entender que estaba muy bien ahí y que no debía llorar más por él. Desde entonces, creo que hay un lugar para ellos en el que son felices. Me acuerdo de que todos correteaban de un lado para otro muy alegres. © Verónica Ruiz Pérez / Facebook
  • Uno de mis gatos, Máximo, se enfermó de los riñones y, una noche, falleció. A las horas de haber muerto, lo sentí subir la escalera corriendo, como lo hacía siempre, saltó a mi cama y lo vi semitransparente. Cayó a mi lado recostado y, luego de un ratito, se desvaneció su imagen. Fue su despedida. Siempre estará en mi corazón© Maritza Neira Carrasco / Facebook
  • El día que murió nuestra perrita, yo estaba llorando en mi cuarto. La puerta del baño estaba abierta y vi una lucecita, como un destello. Estoy segura de que era mi Ellie despidiéndose. A veces nuestro perro adoptado ladra por la ventana y yo estoy casi segura de que él ve a Ellie en el jardín. © Laura Mtz-torres / Facebook
  • Cuando se fue el amor de mi vida, estaba en mi cama llorando por él. No había consuelo para mí. En eso, miré hacia la esquina de la cama, donde él se echaba, y de pronto se hundió. Es como si mi perro estuviera ahí enroscándose. ¡No podía creerlo! Me pregunté si me estaba volviendo loca, porque todo era muy claro. A mi lado estaba otra persona y de inmediato le pregunté si veía lo mismo que yo y me dijo que sí. Era increíble y nos echamos a llorar. © Graciela Dina Romero / Facebook
  • Mi yorkshire, Lola, de seis años, tuvo un accidente en las escaleras de mi casa. Un mes más tarde trajimos a Tina y ella decidió quedarse con uno de los muñecos de Lola. Una noche, mientras grababa con el teléfono cómo jugaba, pude captar una bolita de luz blanca siguiendo la dirección del muñeco. A la noche siguiente, vi la misma bolita por la cámara de vigilancia de la habitación de mi hija. Está claro que era Lola, que seguía con nosotros. Le puse una vela blanca para indicarle el camino. Nunca más volví a verla. © Cintia Arense / Facebook
  • Supe que mi gatito había muerto porque sentí sus patitas subir a la cama y acomodarse a mis pies, como lo hacía cada noche. Me tapé con la cobija y lloré su partida. Cuando falleció mi otra gatita, una noche vino a dormir por última vez en su cojín, que estaba a un lado del mío. Le di las buenas noches, como siempre, y lloré. © Nadia Ramos / Facebook
  • Mi gatita bebé murió cuando mi hijo tenía pocos meses de nacido. Él se reía y pataleaba mirando en diferentes direcciones, como si algo anduviera volando por el cuarto. Un día le mostré un peluchito negro, como mi gatita, y se puso igual de feliz. Además, yo sentía a mi gatita cómo se colgaba de mi ropa, así hacía cuando yo entraba a su cuarto. ¡Tal vez tenía alitas! © Madel RK Rani / Facebook
  • Mi primer gato, Garfield, fue mi compañero de juegos y también fue el único que me acompañó en las pesadillas que tenía cuando era niña. Siempre dormía encima de mí y sentía sus cálidas patitas en mi pecho para acomodarse. El día que murió fue tan inesperado y trágico. Una tía que vivía en mi casa lo envenenó. Me acuerdo de cómo lloramos todos ese día, es como si se murieran un hermano o un familiar. Cuando al fin pude dormir, sentí sus patitas a la noche sobre mi pecho. Solo pude decirle: “Gracias y perdón por no cuidarte más. Perdón por dormirme aquella noche. Perdón por no estar cuando estabas mal y perdón por encontrarte ya muerto en mi sofá”. Solo tenía 5 años y nunca pude olvidarlo, pero después de llorar y de despedirme de él aquella noche, sentí tranquilidad. © Wendolyn Zenteno Mayorca / Facebook
  • Hace dos meses se fue mi gordo y la primera noche sin él, me despertó poniendo su hocico en mi pierna al lado de mi cama. Lo sentí tanto, me visitó. Lloré tanto. Creo que vino a decirme que estaba bien y que ya no sufría. Aún siento sus pasos, sus bostezos ruidosos. Lo amé tanto y lo sigo amando. © Araceli Valeria / Facebook
  • Mi perrito nos estaba esperando para despedirse. Llegamos y él estaba bien contento meneando la colita encima de nosotros. A los cinco minutos murió en los brazos de mi esposo. Tenía trece años. Hoy en día escuchamos en la puerta toques como cuando él tocaba con el rabo para que le abriéramos siempre a la misma hora. Hace apenas un año que murió. © Migdalia Rivera Delfont / Facebook
  • A mi perrito, Yuky, lo dormimos porque ya estaba muy mal. Pasaron meses y la verdad estábamos muy tristes y llorábamos mucho por él. Un día, de la nada, volteé a mirar al suelo y había una huellita de perrito. Le dije a mi mamá que no podía ser, si ese piso ya había sido barrido y trapeado varias veces en esos meses. No tuvimos visitas que trajeran mascotas, pero sí tenemos en casa las cenizas de mi Yuky hermoso. © Almix Ro / Facebook
  • Cuando murió mi Sombra, mi labradora, fui al día siguiente a darle de comer a mi otro perro. Yo, creyendo que aún seguía con nosotros, serví dos platos. Al salir, vi la luz del sol alumbrando su plato de comida, y me quedé ahí llorando. Días después estaba en la lavandería, a donde ella siempre me seguía, y sentí que estaba detrás de mí y hasta escuché sus patitas. Yo pensé que era mi otro perro. Me volteé a ver y mi otro perro no estaba cerca. Muchas noches sentía como cuando me tocaba la mano o el pie con su nariz fría. La lloré por mucho tiempo y creo que por eso seguía conmigo. Este mes hace dos años de su muerte. La extraño mucho. © Julie Diaz / Facebook
  • Mi perro era un bóxer y se llamaba Rocky. Hoy se cumplen doce años de su partida. Un día estaba preparando la comida y sentí que me miraba intensamente desde una esquina de la sala. Cuando miré hacia donde él estaba, un cojín se movió. Lo llamé y sentí su presencia. Hasta hoy no me recupero de su partida; aunque tengo dos perros que amo, yo no puedo olvidarme de mi Rocky. Dejé de correr porque sentía su presencia en los lugares que frecuentábamos juntos. Mi corazón estará con él por siempre. © Irma Elizabeth Lara / Facebook
  • Hace ocho años exactos, mi querida My Lady se me fue y la sufrí como a nadie, porque sentía que como mamá perruna había fallado al no protegerla, pero una enfermedad le atacó el sistema nervioso central. Lloré durante varias noches y a la tercera noche la soñé; la vi salir de la habitación directo hacia mí y me miró moviendo su colita. Sentí que había venido a darme consuelo y a decirme que todo estaría bien. Recuerdo que su pelaje brillaba mucho y no olvido esa experiencia. Los animales son ángeles con colita que Dios nos mandó. © Carrera Evelyn / Facebook
  • Mi chihuahua vivió trece años. El día que se enfermó, lo tenía a un lado de mi cama y se quejaba mucho. Hablé con él, le dije que se fuera, que yo estaría bien. Sus ojitos se llenaron de lágrimas, lo llevé al hospital y murió al día siguiente. Días después, íbamos a otra ciudad y mi esposo me dijo: “Mira al Boly, se formó en una nube”. A veces siento su olor y oigo cómo corre detrás de mí. Lo cremé y tengo sus cenizas. Lo extraño mucho. © Juany Medina Santos / Facebook
  • Después de que murió mi gatita de 17 años, estábamos con mi mamá en la cocina y la escuché maullar en la puerta, como lo hacía siempre que quería entrar. Pensé que estaba alucinando porque la extrañaba mucho, pero mi mamá me dijo: “Extraño a Frida, a veces parece que la escucho” y yo le respondí: “No puede ser, mamá, yo también la escuché”. Pensamos que había venido a despedirse. © Natalia Campos / Facebook
  • Mi perrito murió el 17 de junio a la 1:00 de la mañana de gastroenteritis. Ese mismo día, cuando lo llevé grave al veterinario, ahí convulsionó y lo salvaron. Decidió morir en su casa y a mi lado, lloró antes de morir y al otro día sentí cómo se acostaba en mis pies, cómo me los mordía. Era para decirme que ahora sí se iba y que me amaba mucho. Lloraré por él eternamente. © Yuliet Bueno / Facebook
  • Yo tuve un perrito que murió cuando todavía era cachorro. Siempre corría como loco y se metía debajo de la cama. Murió y en esos días yo estaba acostada, ni siquiera estaba pensando en él en ese momento, cuando lo escuché correr y meterse debajo de la cama rápidamente. Hasta escuché sus patas corriendo por el piso. Me agaché debajo de la cama y no había nada. © Laura De Nicolas / Facebook
  • Hace dos años mi Nina murió de cáncer. A los días de haberse ido, un colibrí entró a mi casa. Nunca se vio uno por mi sector y, de repente, estaba ahí. Era tan lindo, lleno de colores. Dicen que cuando un ser querido se va, regresa de alguna manera a despedirse; pues sin duda era ella. La extraño tanto. © Pamhela Doylet / Facebook

Si has sentido la presencia de una mascota que ya falleció, ¿cómo fue tu experiencia? Si pudieras recibir la visita de alguien que ya no está en este mundo, ¿a quién elegirías y por qué?

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