25 Veces en que nuestros papás nos hicieron enojar, pero después entendimos las razones

Historias
hace 1 año

Nuestros padres, en una gran cantidad de casos, buscan con los regaños o con las llamadas de atención nuestro más alto bien. Otras veces, la inexperiencia o su contexto, los pueden llevar a cometer errores, como cualquier persona. Al final, cuando crecemos, tenemos nuestros propios hijos o nuestra vida independiente, entendemos muchas de esas cosas que ellos vivían, y por qué actuaban de determinada manera.

  • La única vez que me enojé con mi mamá siendo adolescente fue en la secundaria, yo estaba en un curso de oratoria y mi mamá me prohibió ir, no era justo para mí porque yo no tenía la culpa de que ella me hubiera inscrito en una escuela tan lejos de la casa, y como el curso lo daban cerca de la escuela, pues por ende estaba lejos de casa y regresaba tarde. Ahora entiendo que tenía miedo de que anduviera sola tan lejos. © Zyanya Nochipa Cid / Facebook
  • Yo me enojaba porque no me dejaban hacer lo que yo quería, pensaba que eran malos conmigo. Ahora que ha pasado el tiempo veo que todo era por mi bien, ahora veo que me querían mucho.
    © Velez Nancy / Facebook
  • Mi padre fue a verme en una presentación de baile que tuve, y cuando vio que los varones me tenían que cargar y toda la cosa, me sacó del baile, no me dejaron ir más. Me molesté muchísimo con mi padre porque esa actividad era mi pasión. © Alina Padilla Clavero / Facebook
  • Prestarle más atención a mi hermano y no ir a mis reconocimientos o alguna actividad relacionada con la escuela. Siempre que veía pasar a los otros niños con sus padres felicitándolos, sentía mucha tristeza. Al final entendí que no soy nadie para juzgarlos y desde entonces vivo mi vida sin fijarme en los demás y siempre procurando estar con mis hijas en cada momento especial.
    © Carlos Mondoño / Facebook
  • Yo trabajaba y estudiaba desde muy joven para colaborar en casa. Mi hermana menor robaba mis mejores prendas de ropa, y cuando hablé con mi mamá no le importó tanto y la justificó diciendo que yo debía de ponerle un seguro con llave a mi closet. © Vivi Vivi / Facebook
  • Me enojé bastante feo con mi mamá porque yo tenía un novio que estaba en Chihuahua y me escribía. Ella abrió una de mis cartas y le dije: “te voy a acusar con la policía”. Tenía 14 añitos. © Isela Dominguez / Facebook
  • Estaba de moda el peinado al estilo cachetada y yo le pedí a mi hermana que me lo hiciera, y no quería. Mi mamita linda me dijo: ven, yo te lo hago. Cuando me acerqué, inocente, ¡zas! Me tiró la cachetada y se rio, yo me resentí. Nunca antes ni después hizo algo parecido. El enojo me duró poco y nunca más se me ocurrió pedir ese peinado. © Ruthy Lucar / Facebook
  • Siempre iba a Tapachula para las vacaciones, yo vivía en Guatemala. Un día antes fuimos al tianguis, en ese año salieron unas blusitas que se abrochaban abajo. El asunto es que le hice berrinche a mi madre porque deseaba que me la comprara, costaba 100 pesos, y ella no tenía suficiente dinero. Me puse enojada con ella y al final terminó cediendo y me la compró. Ahora me da recargo de conciencia por el berrinche y haberme enojado, porque tal vez ella dejó de comer por darme gusto. © De Leon Meli / Facebook
  • Una vez mi prima me invitó a una tocada de rock muy cerca de casa, eran puros amigos los que organizaron y los que irían. Me arreglé, y cuando estuve lista le fui a pedir permiso a mi papá, y simplemente me dijo que no, que porque le pedí permiso hasta que ya estaba lista y que los permisos se piden antes. Lloré mucho de frustración esa vez, se me hizo injusto, ya que yo siempre fui muy seria y nunca salía y esa vez me animé. © Rosa Blanca Sánchez / Facebook
  • Un día estaba jugando con unos amigos y mi madre llegó a buscarme y me dio una cachetada delante de ellos. La odié por eso y me juré que cuando tuviera hijos nunca les iba a pegar. No lo he hecho ni lo haré. © Priscila Añó / Facebook
  • Fue una vez que mi papá pensó que una canción era una carta de un muchacho, yo tenía doce años y lloré mucho porque yo sabía que no era una carta. © Fernandez Mary / Facebook
  • Con mi papá, cada vez que nos mandaba a entregar las galletas que hacía para vender. Ahora comprendo que lo hacía para poder sustentar algunos gastos de la casa. Así como también tener que madrugar para ir hasta Tulancingo para llevarle el pan a mi mamá para que ella también tuviera sustento. © ARy MoOn Black / Facebook
  • Porque no me dejó salir. Iban a ir todos los del vecindario y me tocó solo ver, pues no convencí a mi mamá. No le hablé por 3 días, ni le agarraba comida, y me dijo una frase muy bonita cuando se me fue el capricho: “cuando te enojes, no te enojes con la cocinera”. Me hizo reír mucho, porque fue el hambre lo que me hizo preguntarle qué había de comer. Yo tenía 19 años. © Anna Flores / Facebook
  • Porque a mis 18 años me ofrecían una plaza mejor en mi trabajo y una casa en otro estado de la República. Mis papás no me dejaron ir a vivir sola, cabe mencionar que en esa época, en los 80, los hijos éramos más obedientes a los padres. © Elizabeth Vargas Balcàzar / Facebook
  • Me enfadé cuando supe que mi mamá estaba embarazada de mi hermano el menor, pues ya éramos 4 hermanos y yo la mayor de todos. Recuerdo que estaba en segundo año de secundaria, y mi trauma fue que mi mamá tenía que asistir a la escuela a alguna junta de padres, y ella iba con su ropa de maternidad. Yo me avergonzaba de ella, incluso la amenacé con irme de la casa. Esto llegó a oídos de mi abuela materna y ella me dijo que si de momento no podía aceptar la llegada de otro hermanito, que me fuera a su casa, pues cuando el bebé naciera, ella estaba segura de que yo cambiaría de opinión. Total, nunca me fui, en ese tiempo conocí a un muchacho que me gustaba muchísimo, de nombre Arturo, solo que no fue mi novio porque él era mayor que yo cinco años y yo solo tenía 14, mis padres jamás lo permitirían. No volví a saber de él, pero cuando nació mi hermano le pedí a mi papá que le pusiera de nombre Arturo, y me lo cumplió. Hoy en día mi hermano se llama Jesús Arturo. Cuando él tenía 5 años de edad, yo estudiaba en la universidad y él estaba en preescolar, mi mamá lo dejaba temprano y yo al salir de la universidad llegaba a recogerlo y fue ahí donde volví a hacer coraje, pues la maestra pensaba que yo era la mamá del niño y mi mamá su abuelita. La gente aún comenta que él se parece mucho a mí, a veces le preguntan que si yo soy su mamá y él dice que sí. © Marylu Morales Karloz / Facebook
  • Cuando mi papá me alejó de mi primer novio. Me dijo que solo lo podría ver hasta que terminara mis estudios. Ya de grandes planeamos vernos y todo, pero cuando volé a ver a mis papás que viven donde él vivía, días antes de llegar, falleció. Ya no nos pudimos ver, hasta la segunda vida.
    © Abigail Ibarra / Facebook
  • Me enojé con mamá porque regaló mis muñecas a una sobrina que les cortó el pelo al otro día de recibirlas. Yo las había cuidado tanto y ella las pintó con esmalte de uñas. © Carla Godoy / Facebook
  • No me dejaron llegar a casa con un pichón. El emplumado, por cierto, tenía dañados los ojos. Como sea, yo llegué decidido a hacer mis maletas e irme, tendría quizás 9 años. © Gilberto Aguiar Acosta / Facebook
  • Más que enojo fue el no entender su decisión. Estaba en el colegio y la profesora habló con ella para que decidiera si repetía curso o no, fue porque saqué un aprobado raspado y según la profe recomendó que sería mejor repetir, porque el curso que entraba era fuerte y yo estaba flojita. Mi mamá decidió que repitiera, lo cual no entendí, pues si había aprobado por qué repetía. Después entendí que de no haber sido así hubiera sido peor, lo hicieron por mí bien y yo me lo tomé a mal.
    © Mercedes Lopez / Facebook
  • Fue un mes de septiembre, que no me dejaron ir a un cumple de 15, entonces me enojé y quemé las carpetas del colegio. Después de un rato me dijeron que sí podía ir. Me fui con los ojos rojos de tanto llorar y llorar. Lo peor de todo es que al otro día tuve que hacer de nuevo todas las carpetas de 11 materias. © Marisa Aragon / Facebook
  • Una vez que mi papá me pidió lavarle uno de sus uniformes porque trabajaba de noche y dormía casi todo el día. Me enojé tanto que le dije groserías y que me trataban mal. Después entendí que a veces, no siempre, mi papá me pedía favores porque confiaba en mí. © Erika Martínez / Facebook

Los papás son un tesoro en la vida, como podemos leer aquí. Aunque no lo saben todo y el fallar es normal, buscan el bien de los suyos haciendo cosas fantásticas. A veces, incluso, haciendo lo imposible para sacar adelante a sus hijos.

Imagen de portada Anna Flores / Facebook

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