19 Padres que hicieron hasta lo imposible por sacar adelante a sus hijos

Historias
hace 11 meses

A los ojos de los pequeños, los papás son lo más cercano que existe a un superhéroe, pero lograr ese gran título requiere de muchísimo esfuerzo y sacrificios que pocas personas notan. Después de años, los lectores de Genial recuerdan con orgullo esas adversidades que lograron sobrepasar con tal de darle un mejor futuro a su familia, y nos llenan el corazón de pura admiración.

  • Hace dos años falleció mi esposo, yo me quedé sin trabajo, mis papás me echaron de casa con mis hijos, y tuve que comenzar a pagar la renta y todos los servicios. Los ahorros se agotaban y no había trabajo, así que me puse a vender mis cosas, mi ropa. La situación era bastante difícil, no había para muchas cosas, trataba de darles a mis hijos lo más que podía para que no se dieran cuenta de que estábamos mal económicamente. Por fortuna, aquí sigo, ha sido difícil, pero vamos mejorando. © Ciandh Edlazile / Facebook
  • En una etapa de mi vida, cuando mis hijos eran chicos, pasamos por momentos difíciles. En ese entonces compraba 5 pesos de queso, medio kilo de tortillas y un litro de leche. Les hacía taquitos de queso para almorzar. Tenía cinco hijos y mientras ellos almorzaban yo me salía a la calle, supuestamente a barrer, y me largaba a llorar. Hoy recuerdo y vuelvo a soltar el llanto. Volvería a pasar por lo mismo con tal de tenerlos junto a mí, ahora ya están todos casados y con sus propios hijos. © Alicia Belinda Jardines Sanchez / Facebook
  • Yo guisaba los frijoles con cebolla y todo el caldo, entonces salían muy aguaditos. En el día nos los comíamos con tortillas y para la cena con bolillo. Ahora mis hijos son mayores; una tarde vino mi hija, yo había guisado frijoles como antes, y encantada dijo: “Mami, qué rico, ¿por qué ya no haces frijoles aguados?”. Yo le dije: “Porque ahora no necesito hacerlos rendir”. © May Helena / Facebook
  • Esperaba a cobrar para que mis hijos se dieran el gusto del mes. Soy mamá soltera con tres hijos, una con problemas de salud, pero éramos muy felices. En esa época las mejores piezas de pollo eran para ellos, jugaba con ellos cuando llegaba de trabajar, les revisaba los deberes y robaba horas de mi sueño para hacer trabajos extra en casa para poder estar mejor. No me arrepiento, teníamos todo, hay cosas que van y vienen, pero la felicidad no tiene precio. © Nora Mabel Rodriguez / Facebook
  • Mi mamá tenía muy poca visión desde que era pequeña, pero empeoró cuando yo tenía 3 años, por ello se pensionó por discapacidad cuando estaba en sus treinta. Pero su pensión era de las más bajas. Cuando falleció mi padre, nos quedamos sin sustento, ya que él era el principal proveedor. Yo iniciaba apenas mi segundo año de universidad y, a pesar de que iba a la universidad pública, era difícil costearla por los materiales, libros, copias, etc. Además, tenía un horario horrible y prácticamente pasaba ambos turnos en la escuela, había días en los que solo tenía 20 pesos para todo el día, que se destinaban totalmente al transporte. Pero lo más doloroso era llegar a casa con mucha hambre y ver que solo había un plato de comida, el cual era de mi madre, pero ella no lo comía por dármelo a mí. Ella me mentía y decía que sí había comido cada vez que la confrontaba al respecto. Recuerdo que le decía que dejaría la universidad para trabajar y ya no padecer hambre, pero ella se molestaba tanto, pues creía que el esfuerzo que habían hecho para que yo llegara hasta ese punto no serviría de nada. Como pudimos salimos adelante, pero esos recuerdos los llevo clavados en mi cerebro. © Dania Sevilla Torres / Facebook
  • No tuvimos luz durante 6 meses, el refrigerador no se usó casi 2 años, les servía a mis hijos, que son tres, un vasito de leche y lo que sobraba del litro era para mí. Compraba un paquete de galletas y les tocaban seis a cada uno. Si no había para leche, les daba canela. Fueron dos años horribles. © Josefina Campos Ontiveros / Facebook
  • Recuerdo cuando era niña, éramos tres hermanas y económicamente todo era muy complicado. Para una Navidad, mi mamá nos quería comprar unas chalitas porque las necesitábamos, pero al contar el dinero se dio cuenta de que no le alcanzaba para las tres y se puso a llorar. No las pudo comprar, pero a nosotras no nos importó, porque teníamos lo más importante, que era el amor de nuestros padres. Ahora recuerdo ese día y me da mucha pena la Navidad. © Eliana Martinez Ramirez / Facebook
  • Hace muchos años, cuando vivía con mi hijo mayor en otro país, me alcanzaba solo para pagar una ración de comida en la noche. Nunca imaginé que mi hijo de casi 4 años se daba cuenta. Cuando íbamos a la casa de mis padres, le decía a mi madre: “Abuelita, dele a mi mamá las cáscaras y los huesos, ella come eso, le gustan”. © Dina Pavez Velasquez / Facebook
  • En una ocasión, mi hija quería comer y andábamos por el centro, nada más estábamos viendo. Como tenía hambre, nos fuimos a la taquería y le dije a mi esposa: “Nada más tengo para tres tacos, un refresco y para el pasaje de regreso en el camión”. Entramos a la taquería y se nos acercó el mesero, nos preguntó qué queríamos y la niña con su inocencia dijo: “Nada más tres tacos y una coca, porque mi papá no trae dinero”. Yo me agaché como recogiendo algo, pero me estaba secando las lágrimas. Aun así mi hija nos convidó, pero no quisimos porque aún andábamos “llenos” del café que habíamos tomado a la mañana. © Maco Guerra / Facebook
  • A mí me pasó que solo trabajaba mi esposo y yo llevaba a mi hija al preescolar. A la salida me pedía que le comprara algo, pero no tenía dinero. Otras mamás me decían: “Deja que agarre, yo pago”. Con todo el dolor de mi corazón, tuve que dejar a mis tres hijos para irme a trabajar. No quería porque eran bebés, pero sentía más feo que me pidieran algo y no tuvieran lo necesario. Desde entonces, mi esposo trabaja por la mañana y yo por la tarde para no dejarlos solos. © Mariana Torres / Facebook
  • Hubo un tiempo en que no teníamos nada para comer. Mi esposo fue a pescar y solo sacó tres pescaditos pequeños. Teníamos seis tortillas y como éramos tres, creímos que nos tocaría uno a cada uno. Esperamos a que nuestro hijo comiera para ver si pedía más, y efectivamente pidió más pescado. Le dimos los otros dos pescaditos. Así que nos tocó comer una tortilla con sabor a pescado, pero se siente muy bonito ver que tus hijos no se quedaron con hambre. © Guadalupe Perez / Facebook
  • Cuando era niña, antes de los ocho años, no sabía qué era la Navidad, o los cumpleaños, nunca tuve una muñeca o juguetes. En mi casa se cocinaba una vez al día y era una comida bien pobre. En esa época dormía con mi madre y mis dos hermanas en una sola cama. Solo comíamos carne una vez al mes, era hígado, nunca teníamos ropa nueva, zapatos tampoco. Fue una vida muy difícil, pero agradezco que mis hijos hayan tenido una vida mejor. © Dionisia Franco Blanco / Facebook
  • Una vez tuve que ir al centro de la ciudad por un material y llevaba a mi hija. Me tardé más de lo pensado y terminé solo con lo del pasaje. Mi hija tenía hambre, busqué entre mi bolsa y encontré algo de dinero. Le dije a mi hija que ella comiera taquitos, que yo no tenía hambre. Ella solo se comió una tortilla del taco y a las que dejó yo les puse sal y limón y le dije que me las comía así porque no era lindo desperdiciar tortilla. © Netsai Rodriguez / Facebook
  • Tomaba mucha agua, estaba esquelética y decía: “No me da hambre”, y mejor me dormía para que se me olvidara, porque las tripas no me dejaban en paz. A los niños les ponía el chocolate en un vaso oscuro para que no se dieran cuenta de que rebajaba la leche con agüita. © Stefaniee Michelle / Facebook
  • Hace un año tenía a mi bebé en brazos y tenía problemas con su papá. Yo vivía con una conocida y dos veces me dejó afuera de su casa. Un día yo traía a mi bebé y me tuve que quedar en la casa de un desconocido porque no sabía a quién recurrir, porque mis papás vivían lejos. Desde ese entonces me prometí a mí misma que a mi niña jamás le faltaría nada. Ahora tengo dónde vivir, he comprado muebles y estoy cerca de mi familia, que ama a la pequeña de la casa. © Neima Rodriguez / Facebook

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