14 Momentos en los que una sola frase amable cambió vidas para siempre


A menudo imaginamos que la gente del pasado pensaba igual que nosotros: que lo importante era que el calzado fuera cómodo. Sin embargo, no todo era tan sencillo. El calzado reflejaba el estatus social, las tradiciones culturales e incluso la edad de quien lo usaba. Por eso, no siempre se destacaba por su comodidad, sino más bien por su aspecto inusual, a veces con detalles tan inesperados como sorprendentes.
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En China, durante siglos, existió la tradición de vendar los pies de las mujeres y colocarles pequeños zapatos para que sus pies parecieran más pequeños. Eran tan diminutos que fácilmente cabían en la palma de una mano. El proceso de deformación, que a menudo comenzaba en la infancia, podía durar años y estaba acompañado de un dolor intenso. Los daños eran irreversibles y limitaban gravemente la movilidad de las mujeres durante toda su vida.
Como parte de su dote, las mujeres confeccionaban varios pares de zapatos, demostrando así su habilidad en el bordado y el reducido tamaño de sus pies. Después de la boda, la novia obsequiaba un par de zapatos a cada una de las parientes más cercanas de su esposo durante una ceremonia especial. Esta tradición se conocía como “la división de los zapatos”.

Estos peculiares zapatos surgieron en Francia, en la región de Ariège. Los hombres del pueblo los fabricaban para sus futuras esposas. Se creía que, cuanto más alto era el pico del zapato, más profundo era su amor por ella.
Las paduka son muy similares a nuestras sandalias modernas. Sin embargo, en la India, estos zapatos tienen un estatus mucho más elevado. Su nombre proviene del sánscrito y significa “pequeño pie”. Su diseño variaba según el estatus social de quien los usaba. Los paduka de madera simple eran utilizados por la gente común, mientras que las versiones más elaboradas o decorativas se destinaban a bodas, formaban parte del ajuar de la novia o pertenecían a personas de alto rango.
Pero los paduka también tenían otro propósito: eran utilizados como parte de la práctica de la ahimsa (no violencia), al minimizar el daño a todos los seres vivos, incluidas las plantas e insectos bajo los pies.


El nombre de este calzado proviene del sonido que produce al caminar sobre un suelo de mármol. En sus orígenes, los kabakab eran una solución práctica para proteger a las mujeres de Oriente Medio del barro en las calles mojadas y sucias, así como del calor y la humedad de los baños. Los modelos, pertenecientes a mujeres adineradas, solían estar elegantemente decorados con incrustaciones de nácar. La parte superior se adornaba con bordados realizados con hilos de plata, oro o estaño.
Para ocasiones especiales, como las bodas, los kabakab de madera se recubrían por completo con elaborados acabados de plata o pequeños adornos. A menudo, las novias eran mujeres muy jóvenes y de baja estatura. Para compensarlo, los kabakab nupciales, a veces, alcanzaban una altura de hasta 60 centímetros.
Este tipo de calzado era comúnmente utilizado por las aprendices de geisha, conocidas como maiko. Su formación comenzaba a los 10 años de edad. La altura de la plataforma podía variar entre 10 y 15 centímetros. A menudo, se les colocaba un cascabel, ya que, al ser aún muy pequeñas, podían extraviarse con facilidad. El sonido permitía a los demás identificar que cerca se encontraba una joven aprendiz de geisha. Con el tiempo, ese tintineo característico al caminar se convirtió en un símbolo de inocencia y juventud.
El color del okobo también tenía un significado: las maiko principiantes usaban calzado con detalles en rojo, mientras que aquellas que estaban cerca de completar su formación optaban por modelos con adornos amarillos.

Los chopines eran populares en Europa en el siglo XV. La altura de sus plataformas podía alcanzar hasta 50 centímetros. En un principio, este calzado inusual era utilizado por mujeres frívolas o cortesanas, pero con el tiempo comenzó a atraer la atención de las mujeres de la alta sociedad. A pesar de que su uso generaba opiniones divididas, eso no detenía a las damas nobles. Incluso se promulgó una ley que limitaba la altura de los chopines. Quienes la infringían debían pagar una multa.
Además de resaltar un alto estatus social, los chopines alargaban visualmente las piernas y otorgaban al perfil femenino un aspecto majestuoso. Sin embargo, debido a su considerable altura, caminar con ellos resultaba extremadamente difícil, por lo que las damas aristocráticas solían necesitar la ayuda de sirvientas para caminar.
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