Lo tiraron al fuego apenas nació, pero aún le faltaba mucho más por vivir

Historias
hace 7 meses

La historia de la humanidad nos ha colmado de curiosidades y fenómenos fuera de lo que consideramos normal. Hay veces que la realidad supera la ficción, y nos encuentra con situaciones tan extraordinarias, que bien podrían ser el guion de una película de terror. Un niño de dos cabezas, que convivían entre sí, no es el argumento de una peli de David Lynch, sino un caso real que impresiona e impacta.

La madre naturaleza es una artista inigualable, que ocasionalmente sorprende al mundo con su pincelada de rareza y extravagancia. Los fenómenos extraños que emergen de su vasto lienzo evocan asombro y perplejidad en igual medida.

Entre estos enigmas insondables, destaca uno que ha capturado la atención de la humanidad: el niño de dos cabezas de Bengala. Un prodigio insólito que pone a prueba nuestra comprensión de la genética y la evolución, su mera existencia despierta una serie de interrogantes, y nos impulsa a reflexionar sobre la maravilla y complejidad de la naturaleza.

En 1783, en un pequeño pueblo de Bengala, India, nació un niño con una extraña peculiaridad, tenía una cabeza encima de la otra. La partera que asistió su nacimiento, horrorizada ante tal rareza, intentó deshacerse del bebé tirándolo al fuego. Afortunadamente, el bebé fue rescatado, y logró sobrevivir, terminando con quemaduras en un ojo y una oreja.

Los padres, al ver la deformidad de su hijo, buscaron la oportunidad de hacer dinero y viajaron hacia la aldea de Calcuta, para poder exhibir a su bebé de dos cabezas. Mientras las multitudes se reunían a ver al niño, sus padres comenzaron a cubrirlo en una sabana, y lo mantenían escondido durante horas, a menudo, en la oscuridad.

Como es de esperar, el niño atrajo mucha atención, fama y un éxito económico para la familia que aprovechaba su condición y la morbosidad de la gente.

A pesar de toda la atención que recibió el Niño de Bengala, no tuvo la oportunidad de que su anomalía fuera analizada científicamente en vida, ya que falleció por la mordida de una cobra a los cuatro años de edad. Muchos científicos no profesionales se ofrecieron a analizar su cuerpo, pero sus padres, por temas religiosos, no lo permitieron.

La tumba fue más tarde saqueada por un agente de la Compañía de las Indias Orientales, quien diseccionó el cuerpo putrefacto y le llevó el cráneo al cirujano Everard Home. Ahí pudieron descubrir, que los cerebros estaban separados y diferenciados, cada uno envuelto en su propia cubierta; por lo presuntamente, cada cabeza funcionaba independientemente de la otra.

Lo más extraordinario, es que las cabezas no presentaban el mismo comportamiento. Cuando el niño estaba dormido, la otra cabeza daba vueltas observando el entorno. También se dice que en el momento que el niño era alimentado, su gemelo salivaba desde la cabeza, y algunos testigos afirman que mamaba instintivamente cuando el cuerpo principal era amamantado.

El fenómeno actual fue nombrado Craniopagus parasiticus, el cual es descrito como dos gemelos idénticos cuyos cuerpos están unidos en el útero. Es extremadamente raro, contando con aproximadamente de cuatro a seis en 10 millones de nacimientos. Las causas de tal fenómeno son todavía desconocidas debido a la rareza de los casos y el número limitado de estudios al respecto.

Dicha condición es de una de las tantas pruebas de lo extenso que es del mundo que vivimos, y como hay muchísimo más de lo que parece que podemos ver a simple vista.

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